Del dicho al hecho



Por María Jaraquemada, oficial de programa para Chile y el Cono Sur de IDEA Internacional

Uno de los avances que se ha realizado en materias de rendición de cuentas en campañas electorales es la obligación de presentar programas de gobierno. Su objetivo es fomentar el voto informado, así como campañas más programáticas y no tan basadas en eslóganes o marketing electoral. Hoy, cualquier persona interesada puede acceder a la web del Servel y revisar con detalle las distintas propuestas de quienes inscribieron sus candidaturas. Los debates también han sido útiles para contrarrestar estas propuestas e incluso para que en ocasiones se señale que, dadas las críticas o conversaciones con otros sectores, se realizarán cambios en algunas propuestas o directamente desecharlas.

Ahora, con miras a la segunda vuelta, los dos candidatos que compiten han declarado que incorporarán propuestas de las otras candidaturas en pos de convocar a quienes no los apoyaron en la votación del 21 de noviembre. Así, hemos visto una serie de guiños hacia el famoso centro político con el cual supuestamente se identifican la mayoría de las y los chilenos y, como suele ocurrir en las segundas vueltas, a una mayor moderación.

Sin embargo, ¿es creíble ese giro? ¿Permanecerá en el tiempo o solo serán promesas de campañas? En redes sociales y en distintas conversaciones se denota la duda, que no es de extrañar en un momento de una aguda crisis de confianza en las instituciones, principalmente en los partidos políticos y en nuestros representantes.

Por eso, es clave que esta segunda vuelta no se trate solo de gestos, sino que haya convicción en aquello que se adapta y adopta. Las personas recibimos cada vez más información por redes sociales y la sociedad civil, junto con los medios, fomentan una rendición de cuentas sobre aquello prometido y lo cumplido, como el proyecto “Del Dicho al Hecho” de Ciudadanía Inteligente.

Incluso, en la Convención Constitucional se han oído propuestas de referéndums revocatorios o voto programático para incentivar el compromiso con los programas y las propuestas realizadas.

Parte importante del desprestigio de la política pasa por una percepción de constantes promesas incumplidas, particularmente nacidas en épocas de campaña. El hacer guiños que no se pretenden cumplir en un posible mandato solo puede implicar que quienes apoyen votando en segunda vuelta se desapeguen del gobierno rápidamente, con las dificultades que esto implica para la gobernabilidad y continuidad de los conglomerados de gobierno, como hemos visto en los últimos años. En palabras sencillas: sería pan para hoy y hambre para mañana.

Ante una ciudadanía cada día más crítica y escéptica, es clave que los candidatos que hoy compiten por liderar nuestro país sean honestos respecto de sus compromisos. Es comprensible e incluso deseable que haya una apertura a otras propuestas e incorporar más sectores, pero la crisis de confianza actual es muy grave como para hacer promesas livianas que quedarán pronto en el olvido.

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