¿Estamos realmente en una nueva normalidad?

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En esta nueva realidad, quizá la diferencia más grande entre el “antiguo normal” y el “nuevo normal”, no es el cambio que se está generando.



Mucho se habla de un “nuevo normal” y de la necesidad de predecir los cambios que están ocurriendo en el comportamiento del consumidor o la evolución de la economía. En este nuevo normal muchos ya están construyendo escenarios y revisando los presupuestos. Sin embargo, algunos dicen que nunca existió un “antiguo normal” ya que el mundo siempre estuvo en constante cambio, por esto en este artículo me voy a referir a una nueva realidad que se está construyendo a partir de esta contingencia sanitaria que todo el mundo está pasando.

En esta nueva realidad, quizá la diferencia más grande entre el “antiguo normal” y el “nuevo normal”, no es el cambio que se está generando, porque realmente el cambio siempre existió, sin embargo, es la velocidad del cambio lo más crítico de esta nueva realidad. Esta velocidad pone en duda nuestra capacidad de hacer planes de largo plazo y pronóstico futuros, tomar decisiones y responder y enfrentar la crisis. Por esto las organizaciones deben construir capacidades nuevas para adaptarse rápidamente a estos cambios de una manera ágil e innovadora.

Hoy día más que nunca en los tiempos de nuestra sociedad, somos llamados a innovar nuestros modelos de negocio, innovar en nuestras estructuras organizacionales, colocando las personas en el centro de nuestra estrategia y fomentar una cultura que sea capaz de ser resiliente frente la adversidad, pero que al mismo tiempo logre enfrentar los desafíos de manera innovadora y con foco en generar valor a las personas, la empresa y a la sociedad.

En este mundo cambiante, necesitamos enfocarnos en tres cosas:

Abrazar la vulnerabilidad: en tiempos inciertos, volátiles y exponenciales, no son buenas opciones tener una organización demasiado frágil o demasiado rígida. Estos desafíos requieren flexibilidad para permitir que algunas unidades de negocios se reestructuren para fortalecer el sistema en su conjunto, exponiendo las partes débiles y también abriendo espacio para fomentar la transformación hacia nuevos escenarios. Abrazar estos cambios, ser flexible y permitir la transformación de las unidades más frágiles de la organización es una oportunidad para mantener el negocio relevante y exitoso.

No intente predecir el futuro basado en el pasado: predecir el futuro basado en experiencias pasadas, generalmente funciona, sin embargo, estamos viviendo una situación completamente nueva y, por ende, no funcionará esta vez. Para enfrentar nuevos mundos posibles, debemos combinar el contexto, las tendencias y las incertidumbres y explotar una perspectiva completamente nueva. El peor de los casos puede no ser el que ya ha enfrentado, por lo que prepararse para los extremos y la incertidumbre “domesticada” es clave para abordar una respuesta rápida.

No te aprietes. Maximice opciones: las cadenas de valor interconectadas hacen que los negocios sean más vulnerables en cualquier organización que tenga dificultades. Al comprender el panorama general y los posibles escenarios futuros, todos los riesgos identificados deben gestionarse para proteger las unidades de negocio más importantes y permitir que otras aprovechen el “riesgo de la transformación”, que debería haberse explorado para desarrollar un plan “a prueba de balas” más resistente en todos los escenarios.

Creo que nunca rompimos tantos paradigmas en estos últimos meses y por esto me gustaría terminar dejando algunas preguntas para que pensemos en un nuevo futuro sin basarnos en el pasado y quizá crear un nuevo paradigma: ¿seguiremos importando casi todo lo que consumimos, o crearemos más industrias locales?, ¿seguiremos teniendo una estructura organizacional jerarquizada o trabajaremos en equipo de manera colaborativa? y ¿volveremos a trabajar en las oficinas?

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