Jorge Gómez

Jorge Gómez

Director de Contenidos de la Fundación para el Progreso

Opinión

La verdadera solidaridad democrática

El ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva tras llegar el sábado a Curitiba.

La izquierda a nivel internacional ha dejado el grito en el cielo frente a la condena de cárcel de Lula Da Silva. Cual programa de Salfate, la izquierda latinoamericana ha acusado un complot en contra del ex líder sindical cuya fortuna se estima en varios millones de dólares. Y entonces, haciendo una mezcolanza de aquellas, algunos de sus principales líderes han expresado que este proceso atenta contra la democracia, la soberanía popular y la justicia. Incluso Maduro, el mismo que no respeta la separación de poderes en Venezuela, ha acusado que Lula es víctima de la inquisición judicial brasileña. Así, desde Podemos en España hasta el Frente Amplio chileno, varios han expresado su solidaridad, aparentemente democrática, con el líder caído, víctima de un supuesto complot neoliberal.

La verdad sea dicha. Con esos apoyos, la izquierda latinoamericana  muestra que no entiende ni un ápice qué es la democracia y manifiesta su recurrente culto a la personalidad con el que, cual feligresía religiosa fanática, santifica a sus líderes y los presume como incorruptibles. Además, los confunde con la soberanía popular en sí, con lo que expresan su desprecio utilitario por las diversas instituciones de una democracia. Esa clase de solidaridad democrática es torcida, hipócrita y fraudulenta. Quien mejor demuestra esto es Pepe Mujica, quien habló de un estado de derecho mal trecho en Brasil, no por la eventual corrupción de Lula sino porque está siendo condenado por ello.

La izquierda de la región es lapidaria con la corrupción ajena pero es condescendiente con la que emana entre sus propias filas. Mientras semanas atrás aplaudían el triunfo de las instituciones frente a la caída de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) por sus nexos con Odebrecht, ahora acusan un complot y le bajan el perfil al caso OAS donde Lula habría recibido dineros a cambio de favores contractuales con Petrobras.

En el fondo, la solidaridad democrática de la izquierda latinoamericana no es con la democracia y sus instituciones, sino con la corruptela de sus líderes, marcada por los desvíos de fondos públicos, el pago de sobornos y el lavado de dinero. Por eso resulta un chiste que Dilma, quien dirigió Petrobras entre 2003 y 2010,  período con más irregularidades, sea la que acuse una maquinación. Resulta un chiste que los gobernantes corruptos de Venezuela clamen contra la condena a Lula mientras aplaudieron la caída de PPK. Ahí está también el humorístico encuentro entre el Frente Amplio chileno con Cristina Fernández, la potencial presidiaria señora K.

Contrario a lo que proclama la izquierda, la verdadera solidaridad democrática en Latinoamérica debería estar centrada en combatir el flagelo de la corrupción que afecta a la región. Debería apoyar instituciones que favorecen la probidad, la transparencia y el buen uso de los recursos públicos, como la separación de poderes, la independencia de los tribunales de justicia, la no injerencia de las fuerzas armadas, las elecciones transparentes y competitivas, el pluralismo y el respeto a las libertades civiles, políticas y económicas.

Todo lo anterior, es lo que busca el proyecto Solidaridad Democrática, cuyo objetivo es  promover la democracia y sus valores para su consolidación en Latinoamérica. La Fundación Forum 2000 y la Fundación para el Progreso han organizado este encuentro que se realizará el viernes 4 de mayo en la Universidad Católica, donde participarán los premios nobel Mario Vargas Llosa y Oscar Arias, entre otros. Es de esperar que uno de los temas a abordar sea la corrupción. En ese sentido, una transición democrática pendiente en nuestro continente tiene relación con eliminar el caudillismo de los líderes políticos y el apoyo fervoroso e irracional de las masas, que favorece la prominencia de dinámicas corruptas en desmedro de las instituciones. Esa es la principal traba que nos mantiene en el atraso.

Porque la solidaridad democrática no se expresa apoyando a unos u otros líderes que incurren en irregularidades o caen en desgracia, sino promoviendo y respetando los debidos procesos para resguardar un fundamento esencial del estado de derecho democrático, la independencia de los tribunales de Justicia y la igualdad ante la ley.

 

 

 

 

 

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