No perdamos el centro



Por Luis Fuentes, director Instituto de Estudios Urbanos UC; investigador CEDEUS

Esta no es una columna sobre partidos políticos, pero sí sobre política. Y lo es, porque la ciudad también es política, como ha quedado demostrado con la polémica en torno al monumento del general Baquedano. Tradicionalmente, este lugar fue un espacio de frontera de la ciudad, posteriormente también de celebración. Pero después del 25 de octubre de 2019, con la manifestación más grande que ha existido en Chile en contra de la desigualdad, comenzó a adquirir un sentido cada vez más político. Lamentablemente la violencia ha ido reemplazando las consignas, lo cual ha generado un deterioro generalizado, con todas las consecuencias que esto tiene para la ciudad. Y el deterioro urbano no es algo particular del entorno de Plaza Baquedano, sino de una parte importante del centro histórico de nuestro Santiago, de ahí lo peligroso que el monumento concentre toda la discusión.

Caminar por el centro histórico de Santiago en estos días es dramático y triste. Los otrora vibrantes barrios se ven grafiteados, sucios y descuidados. Muchísimos y tradicionales locales hoy se encuentran clausurados, víctimas de la violencia y rematados por la pandemia. El deterioro se vuelve la tendencia predominante, lejos de lo que pasaba hace años, cuando la comuna estaba siendo repoblada no solo por miles de nuevos habitantes, sino también por muchas otras actividades que acompañaban este renacimiento.

Los centros urbanos son fundamentales para las ciudades y sus habitantes, no solo funcionalmente, sino también simbólicamente. Son espacios de diversidad social por excelencia. El centro de Santiago es una muestra de ello. Diversa de día, por los miles de visitantes y trabajadores que recibe de todos los estratos sociales. Y de noche, con sus residentes que también son diversos, en términos de ingresos, educación, cultura, e incluso de nacionalidad. Además, nuestro centro concentra una parte importante del patrimonio e historia, y es el corazón del poder político, judicial y administrativo. Hace varias décadas, también era el núcleo comercial, empresarial y financiero de este país..., pero estas actividades fueron las primeras en comenzar a abandonarlo. Y esto es lo peligroso, porque hoy cada vez más actividades se están yendo del centro para migrar, sobre todo, hacia el sector oriente de la ciudad, dejando una estela que no hace mas que aumentar la desigualdad urbana, una pandemia que está presente en nuestras ciudades y que venimos denunciando hace décadas, y para la cual, desgraciadamente, aún no encontramos vacuna.

Es importante no encandilarse solo con lo ocurrido con el monumento a Baquedano y con la plaza que lleva el mismo nombre. Es necesario que hagamos un zoom out y veamos el centro en su conjunto o, al menos, el eje Alameda - Providencia en su conjunto, dejando de lado la idea de que con acupuntura urbana vamos a rescatar la ciudad. Las obras son necesarias, por supuesto, el diseño urbano es fundamental, pero también es necesario un plan de incentivos focalizado para que el comercio, las oficinas profesionales, los restaurantes, y hoteles, entre otras actividades, no abandonen el centro.

Es necesaria una estrategia integral que pueda darle valor a uno de los lugares con mayor peso simbólico de nuestra ciudad, donde nos sentimos parte de una sociedad. Hoy el centro no invita, sino ahuyenta. Como diría Carlos Franz, la ciudadela central de Santiago, sede de nuestro poder y alma de nuestras debilidades, prefigura y proyecta lo que somos como habitantes. Por eso, el centro es importante y la ciudad es política.

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