Paz, desarrollo e igualdad de oportunidades

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El acuerdo por la paz y la nueva Constitución, aprobado por casi todos los parlamentarios la madrugada del viernes 15 de noviembre parecía ser la luz al final del túnel que los chilenos de buena voluntad esperábamos. Desafortunadamente, las manifestaciones de descontento, acompañadas de sus inevitables desmanes, no cesaron y su futuro curso es incierto. Es la hora de pasar de la protesta a la propuesta. Esto por dos motivos. El principal es que las causas justas que se han manifestado durante estas largas y dolorosas semanas ya han sido asumidas por el sistema político. La segunda es que, desafortunadamente, toda manifestación masiva es aprovechada por delincuentes de distinto talante para saquear, incendiar y amedrentar a la población. Y en ese ambiente, no podemos pensar en el futuro. Con su acuerdo, los parlamentarios nos invitan a pensar al Chile del futuro, el que le vamos a heredar a nuestros hijos y nietos. Y la violencia es un impedimento para ello. Debemos escoger entre un mejor futuro o la ley de la selva.

Tampoco debemos ignorar los grandes logros de los últimos 30 años. Recuperamos nuestra democracia de manera ejemplar. Disminuimos la pobreza de casi 50% de los hogares a menos del 10%. Incluso la desigualdad ha ido cayendo. Y todo esto lo hemos hecho democráticamente. Nuestra expectativa de vida al nacer es más elevada que en varios países desarrollados. Durante los noventa, crecimos a tasas asiáticas y más que duplicamos el PIB per cápita, con aumentos significativos en los empleos de calidad y en los salarios reales.

Muchos de los enclaves autoritarios han sido relegados al basurero de la historia. Falta mucho, no cabe duda. Ahora tenemos la oportunidad de hacer lo que no se hizo. No podemos fallar.

Una nueva Constitución no va a solucionar todos los problemas que tenemos: las malas remuneraciones, las pensiones insuficientes, las eternas listas de espera en hospitales, los medicamentos caros, la pésima educación de nuestros niños pobres. La Constitución no es la varita del hada madrina. Pensar que podemos hacer todo mañana es una quimera que, en otras partes del mundo, ha costado sangre, sudor y lágrimas.

Es indispensable reanimar nuestra alicaída economía y empujarla hacia el siglo XXI, con la participación cooperativa de los empresarios, trabajadores y el estado. El espíritu de encuentro del acuerdo por la paz y la nueva Constitución, y el proceso de elaborar la Nueva Constitución que se viene, nos dan la esperanza que podremos trabajar juntos, escucharnos y avanzar hacia el horizonte de una nueva sociedad. No vaya a ser que desperdiciemos este momento y volvamos a nuestras rencillas que, al agrandarse en abismos, sólo conducen a la destrucción de nuestro país. No perdamos la democracia que recuperamos con tanto esfuerzo, y astucia, hace 30 años.

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