Peligros en la frontera norte



Por Juan Ignacio Brito, periodista

En Chile solemos no preocuparnos mucho por las fronteras. La Cordillera de los Andes constituye un biombo que aísla al país y dificulta el contacto con el exterior. No ocurre lo mismo en la frontera norte. Allí, aunque la altitud, la falta de agua y las bruscas variaciones de las temperaturas extremas representan barreras naturales, diversos grupos y personas son capaces de cruzar con éxito desde el extranjero. Un conjunto de acontecimientos recientes tiende a ratificar esa apreciación.

El flujo hormiga de inmigrantes ha hecho evidente que Chile ofrece un acceso relativamente sencillo para quien tenga determinación. Aunque la llegada de extranjeros pasa por altos y bajos, los episodios críticos se repiten (este año al menos van dos), dejando en evidencia una fragilidad que es aprovechada por muchas personas de manera individual y también por mafias de “coyotes” que lucran con la desesperación de quienes están dispuestos a arriesgarlo todo con tal de buscar un mejor destino.

Lo mismo ocurre con los carteles internacionales del narcotráfico, que están invadiendo cárceles y puertos, y también usan la frontera norte como punto de entrada, según un informe de la Fiscalía Nacional.

Por último, el arresto de tres militares bolivianos involucrados en un incidente en el sector fronterizo de Pisiga Choque da cuenta de la continuidad de un mercado de contrabando de camionetas y SUVs robadas que se viene registrando desde hace años en la zona.

Una serie de razones se combinan y refuerzan entre sí para explicar la complejidad de la situación en la frontera norte. En primer lugar, la existencia de algunas indefiniciones internas, como ocurre con el tema de la inmigración, un asunto que despierta sensibilidades profundas y para cuyo tratamiento hay aproximaciones opuestas. Asimismo, la creciente precariedad institucional de Chile representa una invitación para el crimen organizado, que ve en la confusión y falta de autoridad un terreno fértil para operar. Por último, el consumo en aumento de algunas drogas hace que Chile ya no sea solo una vía de paso para el narcotráfico, sino también un lugar donde los carteles aspiran a instalarse.

Tradicionalmente, en Chile la preocupación por los límites con nuestros vecinos se ha reducido a definirlos en el mapa, incluso a través de la intervención de tribunales internacionales. Sin embargo, la combinación de los factores mencionados más arriba debería forzar a nuestras autoridades a contemplar asimismo otras realidades que pueden generar conflictos. La cooperación con los países vecinos, el fortalecimiento institucional, una adecuada dotación de personal y equipamiento, la voluntad política y la definición de una postura de Estado son mínimos necesarios para evitar peligros que se están haciendo cada vez más recurrentes.

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