La columna de Rodrigo Wagner: ¿Qué haremos para que no suban tanto los precios en salud?

"Si bien desde el prisma de la contabilidad fiscal, invertir en la expansión de la oferta médica parece contablemente gasto, en realidad, desde el punto de vista económico, esto constituirá una verdadera inversión pública".


Ayer se aprobó la ley corta para las aseguradoras de salud privadas (isapres) y probablemente surjan muchas preguntas. También surgirá una mayor atención sobre cómo controlar las alzas de precios que puedan venir. Porque con el cambio legal ahora los usuarios podrían tener mayor traspaso de las alzas de costos que enfrentan los aseguradores.

Aclaro que el manejo inteligente de costos de salud no se trata de bajar aspectos de calidad de la salud, sino de obtener más salud con los recursos que vayamos dedicándole como país. Parte de la ecuación vendrá de evitar márgenes futuros excesivos. Pero más allá de los márgenes sabemos que los costos de los aseguradores vienen tanto con las cantidades de servicios consumidas, por ejemplo, con las licencias médicas al alza, así como la subida de los costos unitarios de las prestaciones.

Quiero concentrarme en esa alza de costos unitarios, digamos de lo que vale una hora médica de especialidad, lo que vale una operación de vesícula o un examen especial. Y es que varios de esos servicios suben de precio más rápido que la UF. Esto es porque tanto las isapres como el Fisco enfrentan servicios escasos y de oferta inelástica, dado por los limitados factores de producción en salud. En concreto, una parte relevante del alza se origina por escasez de especialistas y profesionales de la salud, así como la escasez de equipamiento médico listo para funcionar. En jerga económica, es esencial que como país aumentemos y aplanemos la curva de costos unitarios de salud. Si no lo hacemos, las alzas de desembolsos se nos irían a más gasto en vez de una mejor salud.

Esto nos recuerda también la creciente relevancia fiscal del problema. No hay ministro de Hacienda o director de Presupuesto de las últimas décadas que no haya mencionado las alzas de costos de salud como un riesgo fiscal a contener. ¿Cómo hacemos para contener las alzas de costos unitarios, pero al mismo tiempo mejorando la salud? Si tenemos muy pocos profesionales efectivos en ciertas áreas, entonces habrá una pelea por las pocas horas médicas, lo que se traduce en muy poca salud extra, pero una creciente cuenta médica que pagamos colectivamente, aumentando la presión fiscal. Como decía, la solución es extender y aplanar la oferta. Parte del tema no solo es por precios al alza, sino por acceso denegado.

Mirando la OECD, en su reciente reporte Health at a Glance, vemos que, para llegar a la media de ese grupo de países, Chile necesitaría aumentar el número de médicos per cápita en un 25 a 30%, así como la cantidad de enfermeras en alrededor de un 150%. En ciertas especialidades médicas y en ciertas regiones de Chile los déficits son mucho mayores a lo mencionado. Por eso creo que es el momento de abordarlo como un tema país, tal como lo hemos hecho con las autopistas o las líneas de metro. No es algo de un solo gobierno.

Tener más profesionales en varias especialidades de salud toma tiempo. Son varios años desde que se expanden matrículas o se aumenta masivamente el número de los egresados de becas de especialidad. Si fuera rápido de hacer, quizás el problema ya se habría solucionado en los ciclos políticos normales. Pero no es rápido y por eso debe ser prioridad de izquierdas y derechas. Desde el prisma de la contabilidad fiscal tampoco nos debemos confundir. Invertir en la expansión de la oferta médica puede parecer contablemente como si fuera un gasto. Pero en realidad, desde el punto de vista económico y de toma de decisiones, formar especialistas constituirá una verdadera inversión pública.

*El autor de la columna es PhD Harvard y profesor de finanzas en la Escuela de Negocios UAI

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