En menos de un mes, Chile será nuevamente protagonista de uno de los eventos astronómicos más populares para científicos y aficionados a la astronomía: un eclipse total de sol, fenómeno que seguirá al espectáculo de julio de 2019 ocurrido en el norte del país.

Este nuevo eclipse tendrá su inicio en el Océano Pacífico a las 10.41 hora de Chile, arribando parcialmente al país a las 11:40 para alcanzar su punto máximo a las 13 horas, con oscuridad total. Si bien el evento tiene una duración total de tres horas, el oscurecimiento total será de sólo dos a tres minutos.

Y será en estos tres minutos, donde un grupo de científicos chilenos buscará analizar los efectos del eclipse en los ecosistemas acuáticos cercanos, en distintos puntos dentro de la franja de oscuridad total que abarcará 100 kilómetros de ancho.

“Durante un eclipse, la temperatura del agua puede llegar a disminuir drásticamente en 5° C, provocando cambios de comportamiento en la fauna acuática que son importantes de analizar”, explica el Dr. Francisco Correa, doctor en Ciencias Ambientales e investigador de la Universidad Autónoma de Chile.

“El estudio analizará los efectos del eclipse total de sol en la zona de la Araucanía, específicamente en la zona precordillerana y costera, en la zona de Catripuye cerca de Curarrehue y el lago Budi en la zona costera. Elegimos esa zona porque dentro de esa franja existen ecosistemas poco intervenidos, y tan diversos como humedales, ríos y lagos. Haremos análisis en el lago Villarrica, y algunos humedales de Toltén y Gorbea”, añade.

Correa afirma que se harán tres tipos de análisis principales: buscar los cambios en el medio ambiente mediante la medición de la temperatura, presión atmosférica, intensidad lumínica, así como la temperatura del agua, su presión y la penetración de la luz en el ecosistema acuático; cómo este fenómeno afecta a las comunidades de invertebrados acuáticos estudiando los cambios en su comportamiento natural; y finalmente, la forma en que el eclipse afecta a las tasas fotosintéticas de microalgas que se desarrollan en humedales y otros, a través de un espectoradiómetro que mide cómo estas células irradian energía, registrando los cambios en la radiación desde el sistema acuático.

Pionero

El experto señala que a pesar de la gran cantidad de eclipses registrados en la historia, sus efectos sobre los ecosistemas no son tan conocidos, por lo que el estudio es inédito en el país, y uno de los pocos en el mundo.

“Hay estudios de la década de los ’80 donde se han reportado malformaciones genéticas a nivel de cromosoma en algunos organismos, cambios conductuales en las aves en períodos de reproducción, y mayor o menor actividad dependiendo del organismo. En la agricultura hay animales utilizados para la producción de carne que cambian su metabolismo, antes, durante y después del eclipse”, cuenta Correa.

“Muchos de los organismos silvestres o domésticos tienen una percepción previa al fenómeno, pudiendo captar cambios que nosotros no necesariamente notamos. Tiene que ver mucho con la actividad gravitacional que generan los cuerpos fuera de la Tierra, como la Luna y el Sol, y su atracción sobre el planeta. Esto puede ser percibido por estos organismos”, dice.

¿Y estos cambios no pueden ser producidos artificialmente o en laboratorio, sólo privando de luz a estos organismos? El experto señala que si bien hay algunos aspectos que pueden replicarse, no son todos: “Uno puede ocultar la luz solar, pero eso no implica que haya un cambio en la temperatura o presión atmosféricas. Hay algunas variables simulables en laboratorio, pero otras no”, explica el investigador.

Los primeros resultados de la investigación podrían ser dados a conocer a principios del próximo año, mientras que el análisis completo podría estar disponible en el mes de abril de 2021. El científico afirma que la idea es dejar la puerta abierta a que investigadores de otros países repliquen o mejoren el estudio, dependiendo de los eclipses que vengan en el futuro. Los más inmediatos serán el 4 de diciembre de 2021 en la Antártica, 2023 en Australia y 2024 en América del Norte. A Chile, el fenómeno volverá el 12 de agosto de 2064.

El estudio, financiado por la Universidad Autónoma de Chile, involucra un equipo conformado por 10 investigadores pertenecientes a la propia U. Autónoma, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Universidad de Concepción y Universidad Católica de Temuco.