¿Chistes Prohibidos? El humor también cambió

Arriba: Dino Gordillo y Paloma Salas Abajo: Óscar Gangas y Felipe Avello

Cada cierto tiempo, el debate regresa: ¿Tiene límites el humor? Las rutinas siempre se sostuvieron en la delgada línea de lo políticamente correcto. Hoy, con los cambios sociales, se trata de un terreno difícil: los propios comediantes tienen visiones encontradas.


Tradición

—¿Habías sido antes trending topic? El otro día fuiste…

Dino Guzmán, de 58 años y más conocido como Dino Gordillo, abre bien los ojos y ensaya un ademán de sorpresa. Rápidamente dirá que no se lleva bien con las redes sociales, que no concibe las críticas desde perfiles que cree falsos, sin fotos o con algún nombre inventado. Pero le llama la atención.

Fue el miércoles 12 de diciembre, pocos minutos después de que la alcaldesa Virginia Reginato lo confirmara como uno de los rostros del humor en Viña 2019: su nombre se repetía una y otra vez. Algunos usuarios aplaudían la decisión. Otros, asumían que ya estaba retirado. Un último puñado, incluso, lo acusó de machista y de repetir las rutinas. Que ya no es su tiempo.

Pero a Dino poco le importa.

—No ha cambiado el humor. Cada uno tiene su público: yo tengo un público, el Coco Legrand lo tiene, el Álvaro Salas, el Bombo y el stand-up también, explica. El stand-up está dirigido a un público más joven, rebelde, que tiene la ventaja de llegar y hablar. Antes no podíamos hablar, porque éramos censurados, criticados.

—Pero hay temas que quizás hoy, con otras sensibilidades, sean más difíciles de tocar.
—La sociedad está exagerando mucho. Hay mucha gente grave. Nunca me han reclamado por un chiste en persona. Nadie. Las opiniones de las redes sociales me las meto en el culo. Si no te gusta Dino Gordillo, Yerko Puchento o quien sea, y tenís 800 canales de televisión, hay que ser hueón… Si no me gusta Dino Gordillo, la cambio y chao. No tengo para qué pescar el teléfono y criticar. Vivimos con un resentimiento gigante.

Dino, dice, no se complica con el material de sus rutinas, no tiene problemas para hablar de su suegra o de los homosexuales, algunas de las temáticas que hoy entran en el debate cuando se delimita el humor. “Se puede hacer chistes de todo, siempre y cuando no denigres a alguien. Si mañana la Federación Mundial de Guatones pone ‘la ley del guatón’, ¿por eso no podís contar chistes de guatones? El límite es no transgredir al otro. No voy a cambiar por un par de críticas”, asegura.

Ese miércoles, tras la presentación oficial de la que será su séptima vez sobre la Quinta Vergara, igualando a Coco Legrand y Firulete, Dino recuerda que se acercó la coordinadora de prensa para preguntarle si podía hablar “con un canal gay”. Se lo propuso con miedo, como esperando una negativa, recuerda. Pero la conversación se dio sin ningún problema. Incluso, hubo abrazos y, dice, le reconocieron que lo querían, que les gustaban sus chistes, que los graves eran unos pocos.

Dino acaba de terminar su primer espresso en una cafetería de La Reina. Pide otro y, cuando llega la mesera, aprovecha el momento:

—¿Qué opinái del humor, de lo que hay ahora? ¿Cómo lo hallái? La verdad…
—Muy ordinario…
—Muchas gracias, mamita. Después te paso la plata, pa’ callao —cierra, riéndose.

El comediante vuelve a la carga:

—¿Viste? Yo no te he dicho nada, le preguntaste a una persona en la calle.

Reinvención

Óscar Gangas redebutó en la Quinta Vergara el martes 22 de febrero de 2011: fue durante la segunda jornada, justo después de Américo y antes de Aventura, grupo de Romeo Santos, una noche que se asumía complicada para el comediante, pero que se transformó en una revancha. Con una rutina que bordeó los 25 minutos, consiguió las antorchas de plata y de oro.

Durante la presentación, sin embargo, realizó una serie de parodias sobre los homosexuales: el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) respondió multando a Chilevisión con 400 UTM. Argumentaron que su rutina y la de Mauricio Flores afectaron la dignidad de las personas. El comediante, ocho años después, se defiende: dice que demostró que el gay era divertido, un sketch en que el personaje siempre remataba el chiste.

—La gente se dio cuenta de que no me burlaba de la condición de homosexual, sino que me burlaba de las situaciones en las cuales él hacía lucir la simpatía, la gracia, rescataba lo picarescos que son —explica.

Gangas, entonces, habló con su asesor para aclarar el escenario. Pero desistió: se dio cuenta de que no sacaba nada, que la respuesta sería negativa y que, incluso, podía perder oportunidades de trabajo. Lo vincula con lo que le pasó hace un par de semanas a Stefan Kramer con su imitación al Presidente Piñera. “Uno les teme a los poderes, y si pasa con Kramer…, uno nota los tentáculos. Los límites del humor son el poder: límites empresariales”, dice.

—¿Has tenido que cambiar tus rutinas?
—Si Eddie Murphy hace chistes de negros, nos cagamos de la risa, pero si los dice un blanco, es ofensivo. La Botota Fox puede hacer chistes de gays, pero si lo hago yo, se ve feo. Así que dejé de hacer esos chistes, porque no me convenía pública ni económicamente. Ahora me autoinfiero heridas, que es lo mejor que están haciendo los humoristas. Si ves lo que hacen en el stand-up, una mujer puede hablar incluso contra la mujer y dejarse como tonta: que se depila todos los días, que no le resulta nada con el sexo opuesto, sin límite. En mi caso, me dejo como tonto, como torpe. Los humoristas estamos sacándoles trote a estas limitaciones de los textos. Transformamos los antiguos chistes en autoinferirse.

Deconstrucción

—No me gusta hablar de mi humor. Le quita un poquito la magia —advertirá.

Antes fue Edo Caroe, su compañero en Pongámonos serios, o Pedro Ruminot, su dupla en Tierra 2. Pero muchos se preguntaban cuándo sería su turno: año tras año, llegado el minuto de anunciar la parrilla festivalera, a los rostros del humor, y más aún con el boom de los standuperos, se esperaba la llegada de Felipe Avello a Viña.

En 2019, por fin, dirá presente.

Recordado por muchos como el tipo loco de la TV, por cada uno de sus segmentos en SQP, por Bryan Tulio y la pequeña Hillary Clinton, por ser Rey del Festival de Viña y haber dedicado su triunfo al Papa, sus compilados de ese humor más extremo, acaso de otra época, acumulan miles de visitas en YouTube. Pero hoy eso es cosa del pasado: esos sketches, esas parodias, dice, no le pertenecían, eran imitaciones y ya no le parecen divertidos. Al Festival, Avello llega reconvertido en un exitoso comediante de stand-up, con un show más acorde a los nuevos tiempos, lejos de las polémicas.

—¿Por qué crees que yo eludo temas? Porque todos, como sociedad, vamos avanzando, vamos evolucionando, hay muchos cambios culturales y sociales y uno va formando parte de eso —explica—. Es un gran error pensar que uno está ajeno: tiene que escuchar lo que dice la gente. Yo me he deconstruido como hombre, al igual que los diarios: La Cuarta ya no hace la Bomba 4, por ejemplo. Todos formamos parte de eso.

Felipe Avello

—¿Y eso cómo se refleja en tu show?
—Lo que yo hacía antes era interpretar voces, sátiras… Hay un video donde hablo del aborto y cuento una historia. Ya yo no pienso así. Estoy a favor del aborto y en ese video estoy en contra. En esos personajes yo no importo, a mí me importa esa voz. Mi propuesta actual es hablar a partir de mis vivencias y ahí yo agrego elementos absurdos para generar entretención y risas.

Avello, además, fija los límites de su humor: “Siento que si voy a dañar a alguien, eso no va a ser divertido”, y pide mayor respaldo a la escena femenina: “Podría haber habido más mujeres en la parrilla. Descontando a Jani Dueñas, parece camarín de equipo de baby”.

Feminismo

A Paloma Salas cada tanto se le acerca algún conocido para conversar, pedirle algún consejo. Pero el diálogo, en algún punto, siempre es el mismo: ¿Sabís qué?, estoy trabajando en un chiste y una amiga me dijo que era machista… ¿Qué opinái? ¿Lo encontrái machista?

La comediante, que próximamente cumplirá una década sobre los escenarios, está chata.

Por eso, suele abrazar los cambios que vivió en este trayecto: cuando comenzó, a fines de 2009 teloneando a su amiga Jani Dueñas, cuenta, la discusión no era sobre el feminismo, sino sobre el porqué una mujer quería hacer comedia.

—Decían: “Te va a ir pésimo” o “no es interesante lo que tú tenís que decir”. Solo los hombres podían ser graciosos —recuerda—. Prácticamente pedías permiso para hacer comedia.

Hoy, convertida en una de las standuperas más reconocidas de la escena nacional, cree que ha existido una evolución tanto en el debate como en el formato. Una relación entre el stand-up y la chance de abordar ciertos temas: “En la época de las sufragistas, no sé si podríamos haber estado hablando de esto en el escenario. Tiene que ver con que se está armando un espacio en el que todos deberíamos poder hablar de nuestros sentimientos respecto del sistema o la sociedad”, explica.

Su visión sobre el humor no tiene límites. Pero, aclara, hay que asumir.

—Creo en la libertad de expresión: todo el mundo debería hacer los chistes que quiera hacer y todo el mundo debería poder reírse del chiste, sea machista o no. Ahora, no podís hacer el chiste machista y después decir que no lo eres —dice, como declaración de principios—. Podís hacer chistes de todo, pasa que te da paja comerte la crítica después.

—Pero habrá algún tema que no se pueda tocar…
—Es que no tiene límites el humor. Mi límite es que haga reír y que tenga que ver con lo que yo siento. Reírme de los de arriba, no de los de abajo. Sí quiero criticar, sí quiero molestar y también quiero que duela, pero a los que están en una situación de privilegio.

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