R. Kelly: la caída del depredador

REUTERS/Kamil Krzaczynski/File Photo

La reciente condena a 30 años de la súper estrella del R&B, llega a dos décadas de las primeras acusaciones de filmar a menores en vejatorios encuentros íntimos. Envalentonado tras ser declarado inocente en 2008, R. Kelly creó un culto con jóvenes sometidas a suplicios y enfermedades de transmisión sexual. El tesón de un periodista y una campaña en redes acabaron con la impunidad.



Lanita Carter lo defendió pidiendo oraciones en su nombre. Tenía la mejor opinión de R. Kelly, la súper estrella del R&B para quien trabajaba como peluquera. Al igual que miles de fans, no daba crédito a las gravísimas acusaciones que llevaron a la detención del cantante en junio de 2002. En Chicago, su ciudad natal, enfrentaba 21 cargos de pornografía infantil. Las denuncias se centraban en un video de 27 minutos que se podía comprar fácilmente, donde el compositor e intérprete del hit I believe I can fly de la banda sonora de Space Jam (1996), sostenía relaciones sexuales con una menor de edad. No solo eso, sino que la niña de 14 años, hija de su guitarrista, era orinada en la boca y otras partes del cuerpo en actitud sumisa y temerosa, mientras seguía las instrucciones del artista empuñando una cámara.

Para Lanita eran infundios. En su experiencia, R. Kelly encarnaba a un “perfecto caballero”, en tanto los abogados del astro descartaron su presencia en aquel acto de pedofilia. A la par, los padres de la chica negaron que su hija fuera la víctima de las vejaciones. Sin embargo, lloraron al observar las imágenes.

El 18 de febrero de 2003, la peluquera fue requerida para trenzar el cabello de Kelly, su peinado más característico. A solas, él le pidió un masaje capilar. Lanita se excusó. De un segundo a otro estaban forcejeando. R. Kelly la cogió del cabello, empujando la cabeza hacia sus genitales.

“Chúpala para papá”, repitió.

El ídolo de millones se masturbó, eyaculó, y escupió seis veces el rostro de Lanita Carter.

R Kelly

Un símbolo

Condenado a 30 años de cárcel en Brooklyn el pasado 29 de junio por abuso y tráfico sexual, con causas similares pendientes en otros estados, Robert Sylvester Kelly (55) es uno de mayores símbolos musicales afroamericanos de las últimas décadas, banda sonora de varias generaciones gracias a dos corrientes en su material, mezcla de R&B, soul y hip hop: las piezas de aires espirituales como I believe I can fly, favorita de ceremonias escolares y actos religiosos, y las canciones explícitas como Bump n’ grind, una oda al sexo.

Aun cuando su éxito a nivel mundial es menor, en Estados Unidos se convirtió en uno de los artistas más influyentes y solicitados desde los años 90. De los 40 millones de discos que ha vendido en el planeta, 31 corresponden al mercado estadounidense. Su reputación artística le permitió colaborar con gigantes como Michael Jackson, Whitney Houston, Jay-Z, Celine Dion, Justin Bieber y Lady Gaga.

R. Kelly era asociado a la genialidad, a pesar de ser prácticamente iletrado. Según confesó en una canción, fue incapaz de presentar un premio Grammy porque no pudo leer el teleprompter.

El caso de Aaliyah

“Es un hombre malo”, era la respuesta de Aaliyah cuando alguien intentaba saber de su pasado junto a R. Kelly. En los años 90, la cantante de R&B, considerada como una de las responsables de modernizar el género con características vigentes hasta hoy, se convirtió en una sensación juvenil bajo la producción de Kelly.

En 1994, con solo 15 años, publicó el álbum debut Age ain’t nothing but a number (la edad no es más que un número). El título era una especie de mueca burlesca a los rumores sobre su relación con el productor de 27 años. En entrevistas respondían con evasivas, pero el círculo cercano sabía que Aaliyah y R. Kelly eran más que buenos amigos. Fueron vistos intimando en el bus de una gira.

Hacia agosto del ‘94 la prensa obtuvo información que confirmaba el matrimonio de la pareja, con Aaliyah mintiendo sobre su edad al declarar 18 años. Con el tiempo se supo que la unión disuelta por la familia de ella en febrero de 1995, se consumó porque Aaliyah estaba embarazada. También se reveló que la madre de la cantante se acostaba con R. Kelly cuando la joven se iba a dormir.

R.Kelly se defiende

“Lo admito, lo admito, lo hice / Me he follado a un par de fans (...) Admito que me acuesto con todas las damas / Tanto las mayores como las jóvenes /

Pero dime cómo lo llaman pedófilo por esa mierda / Eso es una locura”

I Admit, publicada en 2018, es una perorata de 19 minutos donde R. Kelly intenta exculpar las acusaciones de una retorcida sexualidad, acumuladas por años. Uno de los versos está dedicado al primer periodista que escribió sobre su afición por las menores.

“A Jim Derogatis o como sea que te llames / Has estado tratando de destruirme durante 25 años enteros / Escribiendo las mismas historias una y otra y otra vez / A partir de mi nombre fuiste y te hiciste una carrera”.

El año 2000 DeRogatis reportó en el diario Chicago-Sun Times lo que era un secreto a voces en la escena de la ciudad de los vientos: R. Kelly prefería a las jovencitas. El músico solía frecuentar las inmediaciones de establecimientos secundarios o se dejaba ver en centros comerciales, donde su séquito se encargaba de reclutar chicas. Dos años más tarde, DeRogatis publicó la historia del video sexual de Kelly orinando a una menor de edad.

Aquella denuncia fue la que gatilló el primer juicio en contra de la estrella R&B, que atravesaba uno de sus mejores momentos artísticos. El poder de R. Kelly en ese entonces avalado en ventas millonarias como la máxima figura del género, le permitió evadir los tribunales por largos años, hasta que en 2008 el caso finalmente llegó a la corte. Tras un mediático juicio fue declarado inocente, no sin antes intentar convencer a un hermano de que se inculpara a cambio de 100 mil dólares, y sobornar a la familia de la menor involucrada.

Con los años DeRogatis acumuló testimonios de 48 mujeres acusando a R. Kelly de maltratos físicos y psicológicos, y una obsesión por filmar encuentros sexuales marcados por los tríos y las constantes indicaciones con lenguaje vulgar. Su promiscuidad facilitó que propagara enfermedades de transmisión sexual que en la mayoría de los casos, requieren asistencia médica de por vida.

A partir del juicio de 2008, la dinámica predatora de Kelly varió. Al gusto por las menores de edad, sumó algunas mujeres mayores. Una vez reclutadas por su séquito, eran retenidas en mansiones, hoteles y buses de gira. No podían interactuar entre ellas excepto en los encuentros sexuales descritos invariablemente como actos mecanizados, donde Kelly ejercía un control absoluto. No se les permitía ir al baño y comer sin su consentimiento.

Distintas investigaciones y reportes daban cuenta de otra conducta reiterada por el músico. Cuando una chica confesaba su edad, R. Kelly acariciaba las mejillas insistiendo que lucía menor. “Como de 14″, repetía.

Luego, la exigencia convertida en rúbrica.

“Llámame papito”.

“Supongo que ese es el precio de la fama”

Las investigaciones de Jim DeRogatis daban sustento a los rumores que se convirtieron en dudosos chistes de alcance nacional. En 2003 R. Kelly amenazó al comediante David Chapelle tras un gag alusivo al episodio de la niña orinada.

Surgieron nuevas denuncias en 2016. Jonjelyn y Tim Savage acusaron a la estrella de mantener secuestrada a su hija.

DeRogatis comenzó a trabajar nuevamente en el caso acumulando ese y otros contundentes testimonios de abusos de R. Kelly. Sin embargo, distintos medios, entre ellos MTV, declinaron publicar la investigación.

El periodista requirió declaraciones de RCA/Sony. La discográfica de Kelly desechó las acusaciones, a través de la abogada Linda Merch.

“Sólo podemos preguntarnos por qué la gente se empeña en difamar a un gran artista que ama a sus fans, trabaja las 24 horas del día y cuida de todas las personas de su vida. Trabaja duro para convertirse en la mejor persona y artista que puede ser. Es interesante que aparezcan historias y cuentos desacreditados hace muchos años cuando su objetivo es detener la violencia, dejar las armas y abrazar la paz y el amor”.

“Supongo que ese es el precio de la fama”, remata la respuesta. “Como todos nosotros, el Sr. Kelly se merece una vida personal. Por favor, respete eso”.

Finalmente en el verano boreal de 2017 el sitio BuzzFeed publicó el reportaje que daba cuenta de un culto sexual en Georgia en torno al cantante, formado por seis mujeres de distintas edades.

R. Kelly escucha la sentencia en la Corte Federal de Brooklyn. REUTERS/Jane Rosenberg

Las nuevas acusaciones provocaron un efecto dominó. Un par de semanas después de la nota se inició la campaña #MuteRKelly para silenciar al artista de distintas maneras, incluyendo la cancelación de conciertos, el despido del sello, y su retiro de plataformas musicales.

La discográfica lo expulsó, en tanto Spotify y iTunes reaccionaron eliminando su música. La medida fue revocada con sus álbumes figurando nuevamente en línea. Tras ser dictaminada su culpabilidad en Brooklyn en octubre pasado (que derivó en la condena de fines de junio), las ventas de su material se dispararon en un 500% y el stream de canciones subió un 22%, según reportó la revista Rolling Stone.

Luego sobrevino el extenso documental Surviving R.Kelly (2019) con brutales testimonios que daban cuenta de un modus operandi amparado en la sensación de impunidad debido a la fama y haber librado del juicio de 2008, a pesar de la contundente evidencia en su contra.

“Los famosos son poderosos”

Ese mismo 18 de febrero de 2003, Lanita Carter acudió a la policía, entregando su polera favorita de Tommy Hilfiger manchada del semen de R. Kelly, para pruebas de ADN. Todo quedó en nada. “Los famosos son poderosos. Los famosos tienen sistemas de apoyo”, reflexiona. “Yo no tengo ningún sistema de apoyo fuera de mi familia inmediata”.

A diez meses de la agresión, Lanita recibió un pago de 650 mil dólares tras un acuerdo donde R. Kelly negaba el incidente, y ella se comprometía a guardar silencio. En 2009 la mujer recibió otros 100 mil dólares. ¿Motivo? Una canción de R. Kelly donde mencionaba tener sexo con una peluquera. El cantante volvía a negar el hecho, pero se comprometía a no incluir el tema en giras y nuevos lanzamientos.

Le preguntaron a Lanita Carter por qué revelaba los detalles, a pesar de haber recibido pagos para no hablar.

“El dinero no encubre lo que sientes”, respondió.

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