El futuro del PS está en juego

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Maya Fernández y Álvaro Elizalde, quienes encabezaron las listas en polémicas elecciones.

Hoy está en juego la existencia política del partido socialista. Aunque seguirá existiendo en la forma, arriesga su posición como un partido político importante en Chile, y su capacidad para articular un proyecto político transformador. Es que a la crisis general de los partidos políticos se suma ahora que, a los ojos del público, el partido socialista pase a ser visto como un partido vinculado al narcotráfico.

Es cierto que no hay nada rigurosamente probado al respecto. Pero para el juicio del público lo que importa no es eso, es que en el período posterior a octubre de 2017 (la fecha del primer reportaje de Informe Especial) el partido no puede mostrar una acción decisiva para identificar y, en su caso, erradicar esos vínculos. El daño que esto causa al partido es incalculable.

¿Es ese daño, además, irreparable? En parte eso depende del modo en que el partido socialista reaccione. Porque dime cómo reaccionas y te diré cuán grave crees que es tu situación: lo que importa no es lo que el Partido o sus dirigentes digan, sino lo que hagan. El público leerá, en la respuesta del partido, la importancia y gravedad que éste le asigna a la situación actual. Una respuesta superficial, puramente administrativa, mostrará que para el partido aquí no hay nada grave.

Recíprocamente, si la gravedad es, como yo creo, máxima, las medidas que el partido tome han de ser de una magnitud máxima. Hoy no es el momento para la idea de que "la ropa sucia se lava en casa". Esa lógica, por bienintencionada que sea, llevaría al suicidio político del Partido Socialista. La respuesta debe ser pública, radical y categórica. Si no lo es, el daño causado se hará efectivamente irreparable.

¿Qué constituiría una reacción de magnitud proporcionada a la gravedad de la situación?

En primer lugar, es necesario que la responsabilidad por la situación actual sea asumida por quien corresponde. Durante los últimos dos años la conducción actual del Partido ha controlado todas las instancias institucionales de decisión. Esa conducción podía decidir qué es lo que el partido hacía y qué no hacía. Quienes hemos estado en minoría hemos podido manifestar nuestra opinión, pero esa opinión era en los hechos irrelevantes, porque no hemos tenido ningún poder de decisión. Fue irrelevante que pidiéramos reiteradamente, por ejemplo, la auditoría y depuración del padrón, porque la conducción del partido se negaba diciendo que era ilegal. Que era una excusa lo demuestra el hecho de que los mismos que antes se negaban abogan hoy por hacer tal auditoría. Quienes han tenido todo el poder de decisión tienen, por eso mismo, toda la responsabilidad por lo que el partido hizo y lo que no hizo en ese período. Es que el poder democrático no existe para autocongratularse por tenerlo, sino para ser ejercido en bien del partido Socialista. El que lo tiene puede reclamar reconocimiento por las decisiones acertadas, pero debe asumir responsabilidad por las consecuencias dañosas de las decisiones desacertadas.

Si el partido socialista, en la situación en la cual se encuentra, decidiera la continuidad de la conducción actual, estaría comunicándole al país que la conducción que ha tenido durante los últimos dos años le parece adecuada y prudente; que el hecho de que las advertencias suscitadas por el primer reportaje no hayan sido atendidas le parece, después de todo, algo de menor envergadura. Si el partido Socialista comunicara eso a la ciudadanía, ésta sacará sus propias conclusiones.

En el momento actual, entonces, el partido requiere que quienes han ignorado este problema asuman su responsabilidad y den paso a otros que puedan comenzar el camino de recuperación. Este pasa por la elección de una directiva transitoria, que asuma con un mandato limitado y específico: la de realizar una auditoria completa y rigurosa al padrón del partido, seguida de una depuración radical que asegure a los militantes y a todos los chilenos que está limpio de clientelismo y, por cierto, de toda asociación con actividades o asociaciones ilícitas. Este proceso de auditoría y depuración debe ser realizado de un modo que dé, ante el público, garantía total de estar enteramente al margen de todo cálculo electoral, lo que exige una fijación pública de sus términos de referencia y su realización por una agencia externa que muestre total imparcialidad y rigurosidad. Una vez realizada esa auditoría y posterior limpieza del padrón, será necesario realizar una nueva elección y un Congreso Extraordinario.

Si el partido Socialista logra reaccionar de un modo categórico como este y puede mostrar al país que se ha hecho cargo de enfrentar y solucionar un problema difícil como el de limpiar su propio padrón, podrá luego invocar esa misma capacidad para esperar que los chilenos vuelvan a confiar en él.

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