Isla de Pascua en rodaje: así vive su reapertura

Hasta 2019, Rapa Nui era uno de los destinos más visitados en Chile. Ubicada a unos 3.700 km del continente, solía recibir a unos 150 mil turistas al año, que llegaban en dos vuelos diarios. Pero producto de la pandemia, todo cambió. El 17 de marzo de 2020, la isla cerró su frontera al turismo y, con ello, su principal motor económico. Este jueves 4 de agosto aterrizó el primer vuelo que llevó a residentes, turistas y periodistas. De a poco, Isla de Pascua vuelve a ponerse en marcha.




Con aplausos aterrizó este jueves en el aeropuerto de Mataveri el primer avión de Latam que viajaba con turistas a Rapa Nui, después de 868 días cerrada en resguardo de la pandemia del Covid-19. Algo inédito en la historia reciente de la Isla de Pascua, la que se abocó principalmente al turismo desde mediados de los 80, con ingresos por US$ 7 millones anuales.

Las amigas María José Cepeda y Claudia Concha esperaban concretar el viaje hace dos años. E insistieron en reagendar, porque, aseguran, es un destino que “hay que conocer, porque es parte de nuestra cultura”.

Pero no solo los viajeros estaban ansiosos de descender de la nave y recorrer los 162 km2 del territorio insular, ubicado en Oceanía y a 3.750 km de Chile continental. Agolpados en el exterior del terminal, los isleños recibieron con vítores a los 250 visitantes, entre quienes se contaba a turistas nacionales e internacionales, gerentes de la aerolínea, periodistas chilenos y de agencias extranjeras, y también familiares de rapanuis que sin la residencia no veían a sus seres queridos desde hace 28 meses.

Al bajar por la escalera del avión, la comitiva municipal colocó collares de flores alrededor del cuello de los turistas, quienes se fotografiaban junto a letras gigantes con la palabra Iorana (hola y chao, en rapanui). Incluso, a la salida del aeropuerto se había preparado una presentación del ballet folclórico Kari Kari, con cantos y bailes típicos de la cultura local.

El ballet folklórico Kari Kari que esperaba a los visitantes.

El ánimo era festivo. A la salida de Mataveri, decenas de personas ofrecían alojamientos o tours por los principales atractivos de la isla, como el Parque Nacional Rapa Nui, donde están los centros ceremoniales o “ahu” con los moais, los tres volcanes principales y playas como Anakena.

Aunque no todos los hoteles y cabañas abrieron: solo el 58% se atrevió a hacerlo. Porque la isla está en rodaje; poniendo en marcha un sistema que anualmente, prepandemia, recibía a 150 mil personas.

Ivonne Silva, quien administra el hotel Inaki Uhi, está contenta, y recibe a los visitantes en las nuevas instalaciones que acomodó durante el encierro. Prueba por primera vez la máquina de pago que adquirió -que funciona- y en uno de los cafés boutique que abrirá se disculpan porque aún no tienen café de grano para ofrecer al desayuno.

El presidente de la Cámara de Comercio y Turismo, Torea Laroche, explica las complejidades de esta reapertura para un gremio golpeado por la falta de ingresos. No solo requieren apoyo económico para comprar insumos y realizar mantención a las máquinas de restaurantes, también necesitan mano de obra para cupos de garzones y cocineros.

Pero la ley de residencia N°21.070 solo permite que residentes y rapanuis permanezcan en la isla, declarada en estado de latencia, por la fragilidad del ecosistema y de los recursos disponibles para una población que bordea los ocho mil visitantes. Por eso, dice Laroche, han conversado con la Comisión de Desarrollo de Isla de Pascua (Codeipa) para que se entreguen autorizaciones especiales, que permitan dar curso a esas contrataciones, necesarias para la puesta en marcha del negocio.

En los tours los guías también están “en rodaje”, desempolvando conocimientos. Después de dos años y medio sin hacer recorridos por el sitio arqueológico de Orongo, por ejemplo, a uno de los guías turísticos le cuesta recordar algunos datos, como la data geológica de esta isla triangular, pero a los minutos la información reaparece (tres millones de años).

Roberto Teao, otro guía, recuerda cómo se inició en el rubro- “Me considero guía desde los seis años de edad. A partir de 1978 que acompañaba a mi abuelo en los tours; él no hablaba español ni inglés, pero yo, al contrario, me manejaba con ambos idiomas. Así fue que hacía de traductor para los turistas mientras recorríamos la isla a caballo por la costa norte hasta llegar nuevamente a la casa”, recuerda.

Hasta 2019, la rutina de Roberto como guía era una tarea 24/7. Pero en 2020 llegó la pandemia, la isla cerró y su trabajo cesó. Con tal de subsistir, el isleño encontró trabajo como limpiador de la costa, gracias al programa Pro Empleo, diseñado por la Municipalidad de Rapa Nui.

Con la apertura total de Rapa Nui, Roberto se dio cuenta de las ganas que tenía de volver a ejercer el turismo, su pasión: “Ya lo estaba echando de menos. Cuando a ti te encanta algo quieres volver a estar en el mismo escenario, volver a ser un libro parlante y transmitir todo lo que me enseñó mi abuelo cuando lo acompañaba como traductor (...) Somos una especie de historiadores, pero de nuestra cultura”, explica.

A la salida de Mataveri, decenas de personas ofrecían alojamientos o tours por los principales atractivos de la isla.

El alcalde Pedro Edmunds señala que, al igual como cuando se terminaron las cuarentenas en el continente, y los chilenos volvieron a salir a las calles y a compartir en lugares públicos, los isleños están viviendo una suerte de shock pospandémico; donde se vuelven a encontrar con turistas y deben reajustar los servicios. “La isla nunca volverá a ser la misma, dice el alcalde, ahora hay más respeto. La actitud cambió, un poco obligada por los protocolos sanitarios”.

Antes los rapanui eran más coquetos, ahora toman resguardos. “La pospandemia nos hizo instalar el concepto del mo’a: respeto. Antes había un coqueteo (...). Hoy día hay un cambio de actitud, pero para bien”, sostiene el alcalde.

En los shows los bailarines ya no pueden invitar a los espectadores a probar suerte con el baile rapanui, ni tampoco ofrecer el Takona, el arte ancestral de decorar los cuerpos con pigmentos naturales. El Covid-19 lo impide. Los vuelos también están limitados. Por ahora, solo reciben dos aviones, con 300 pasajeros, a la semana. En septiembre se estima que esa cifra suba a tres.

Plan sanitario

La apertura de la isla, planificada inicialmente para febrero de este año, demoró en llegar. El alcalde dice que no había eco del antiguo gobierno para atender las demandas que requería la isla, en términos sanitarios. Pero eso cambió, afirma, con la nueva administración: se conformó una mesa de trabajo y apuraron el tranco, por ejemplo, con la campaña de vacunación.

Actualmente, la isla cuenta con el 82,7% de su población inoculada, hasta el 31 de julio de 2022.

También habilitaron una residencia sanitaria. Carlos Schlack, jefe de la Oficina Provincial de Isla de Pascua (OPIPA), explica todas las mejoras que se realizaron, incluida la donación que un privado realizó de una planta de oxígeno. El alcalde Edmunds cuenta que fue un empresario del petróleo, que se dirigía en avión a Tahití con su familia y pasó a cargar combustible a Rapa Nui. Ahí le comentaron la necesidad de que el hospital contara con una planta de oxígeno para ampliar de dos a cuatro las camas con ventiladores mecánicos. Y accedió. Solo pidió poder acceder a un centro ceremonial, con la venia de la Ma’u Henua, administradora del parque, para fotografiarse con la familia.

Al día siguiente el CEO de la empresa llamó al alcalde para decirle que la orden de compra ya estaba lista.

Aunque ahora el hospital tiene mejor capacidad para atender a enfermos de Covid, el embajador cultural de Rapa Nui, Lynn Rapu Tuki, dice que los casos graves tendrán que seguir siendo trasladados al continente, en un viaje de al menos siete horas, que se puede extender a más de 24 entre la llamada y llegada del accidentado.

Al bajar por la escalera del avión, la comitiva municipal colocó collares de flores alrededor del cuello de los turistas, quienes se fotografiaban junto a letras gigantes con la palabra Iorana (hola y chao, en rapanui).

“Es importante que el gobierno se ponga las pilas (...). Si acá pasa una emergencia, de ningún lado, ni de Tahití ni de Rapa Nui llegaría en una o dos horas la asistencia. Ojalá el gobierno converse y lleguen a una situación donde podamos tener una embarcación por cualquier cosa; que sirva también, por ejemplo, para los barcos como factoría que están arrasando acá con los atunes y los pesqueros”, asevera.

Para las autoridades, no obstante, la isla está lista para su reapertura. Según Laroche, el gremio del turismo está preparado “hace bastante tiempo” y los protocolos sanitarios necesarios, dice, no son tan difíciles de manejar. “La mayoría está contenta con esta nueva reapertura, no solo por un tema económico, sino también por un tema psicológico. Este encierro provocó un estrés a nivel mental en la gente, de no tener la libertad de poder moverse, de no poder ir a visitar a tu familia, ahora el tema económico también es una razón, pero yo rescato más la sanidad mental”, cierra.

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