La economía chilena es como el fútbol, “¿me entendí?”

El Gran Santiago completo permanece en cuarentena desde el 15 de mayo pasado.

Evolucionemos buscando mejores reglas para el juego, pero no necesariamente inventemos uno nuevo. Tomemos las lecciones, aprendamos de nuestros errores, veamos qué nos falta incluir y reforzar.




Imaginemos a Chile como un estadio, o más bien una liga, donde tenemos varios jugadores de todas las edades. Donde se juegan partidos amistosos, pero donde también, la competitividad propia del ser humano lleva a que los equipos se enfrenten. No hay problema con la competencia, mientras sea limpia.

Esta liga, que hace unas décadas era pobre y tenía una cancha polvorienta, ahora tiene cómodas graderías, amplia iluminación, múltiples camarines, y canchas de pasto verdecito (aunque siempre se ve más verde el del vecino), en las que se pueden jugar varios partidos a la vez. Nos estamos preparando para jugar en las grandes ligas.

Como en todo, hay jugadores sobresalientes y otros menos aventajados. Pero todos con muchas ganas de jugar. Hay algunos que nacieron en mejores condiciones, por lo que su preparación física y su equipamiento les permiten armar los mejores equipos y siempre estar en la primera división. Entonces viene el descontento, porque todos quieren jugar, y parece injusto que un jugador que le “tocó nacer” en la B, no pueda subir.

Además, hasta ahora había sido predominantemente un fútbol de hombres, con pocas mujeres haciéndose un espacio para jugar. En este tipo de inclusión hemos ido avanzando más, pero de todas maneras aún falta.

Y está el árbitro, cuya labor debe ser de las más ingratas. A él y todo su equipo los criticamos hasta el cansancio. Porque de uno u otro equipo, siempre parecerá que no es imparcial. Da lo mismo lo que haga, no le agradecemos estar ahí, recorriendo la cancha sin descanso. Al último árbitro le tocó la tarea más difícil, porque las barras bravas enfurecidas, por injusticias de décadas, cuando ni siquiera existía el VAR, querían destruirlo todo. Sin escuchar, sin razonar, sin darse cuenta que si rompemos todo, no queda nada para nadie. (¡Y más encima en el último año, los jugadores han estado enfermos y las enfermerías llenas!)

Entonces se ha propuesto construirlo todo de nuevo, partir de cero. Pero algunos proponen que se pueda tocar la pelota con la mano, que jueguen más de 11 jugadores por lado, que no haya árbitro, y que prácticamente no haya arqueros. Hay que tener cuidado en la construcción de este nuevo complejo, porque si lo armamos para un partido completamente distinto, entonces estamos cambiando las reglas del juego. Y los que querían jugar fútbol, podrían agarrar sus balones y partir. Sólo quieren jugar fútbol.

Evolucionemos buscando mejores reglas para el juego, pero no necesariamente inventemos uno nuevo. Tomemos las lecciones, aprendamos de nuestros errores, veamos qué nos falta incluir y reforzar. Resguardemos a toda costa el fair play, castiguemos los sobornos, suspendamos al que infrinja las reglas, al mismo tiempo que otorguemos todas las condiciones para que todo jugador que quiera, pueda jugar. Traigamos público al estadio, demos un espectáculo de lujo, crezcamos, juntemos plata, y así podrá haber zapatos, camisetas, entrenadores y vitaminas para todos los jugadores chilenos.

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