La pandemia de Covid-19 significó un abrupto cambio para las vidas de millones de niños y niñas en el mundo. Además de establecer la obligatoriedad del distanciamiento físico a través de cuarentenas, muchos países optaron por el cierre de centros infantiles, y/o la implementación de clases por vía remota, como estrategia para contener el avance del virus. En el caso de Chile este cierre se materializó al inicio del año escolar, el 16 de marzo de 2020, y se mantuvo durante casi todo el año. Este tipo de acontecimientos puede determinar la trayectoria del desarrollo y aprendizaje de los niños de forma permanente, especialmente si sucede durante los primeros años de vida.

Contundente evidencia sugiere cuán sensibles son los cerebros de los niños/as durante la primera infancia a los estímulos tempranos, incidiendo sobre su desarrollo futuro. Muchos de estos estímulos son provistos no solo al interior del hogar, sino también por servicios de cuidado y centros de cuidado infantil, los cuales se vieron afectados por las medidas de cierre. Y el acceso por vía remota a estos servicios supuso una serie de dificultades, poniendo en relieve las fuertes desigualdades estructurales—de conectividad, pero también socioeconómicas—presentes en nuestro país.

Un estudio realizado en Chile permitió estimar por primera vez los impactos en el desarrollo que el cierre de jardines y prescolares tuvo en los niños. El estudio utiliza como base las mediciones aplicadas a fines del año 2020 a un grupo de niños/as de tres y cuatro años matriculados en jardines de la Fundación Choshuenco y Fundación Protectora de la Infancia. En esta medición presencial se midieron cuatro áreas del desarrollo: general, socioemocional, del lenguaje y función ejecutiva. Para comparar los resultados de este grupo, se utilizaron datos de la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) 2017 que se ha aplicado tres veces en Chile (2010, 2012 y 2017). Se seleccionó a un grupo de niños de tres y cuatro años que presentara características sociodemográficas similares a la muestra medida en 2020. En ambos levantamiento se aplicaron las mismas pruebas.

Este estudio, a pesar de no tener datos pre y postpandemia de los mismos niños/as, permitió evaluar el impacto de los cierres de los centros en el desarrollo de los niños/as en edad preescolar con dos muestras de niños/as distintas, pero comparables en términos de características socioedemográficas, y a las cuales se le aplicaron los mismos instrumentos, con la misma rigurosidad técnica antes y después de la pandemia. Para hacer las muestras de niño/as aún más comparables, se seleccionaron de la ELPI niñoas/as residentes de las mismas comunas que los niños/as del cohorte 2020, y considerando solo niños que asistían a centros infantiles (jardines y prescolares) en 2017 (todos los niños en la cohorte de 2020 estaban matriculados, aunque no asistieran debido a los cierres). Es decir, se realiza la comparación entre el grupo de niños afectados por los cierres contra un grupo de comparación de niños de municipios similares en términos socioeconómicos y matriculados en centros infantiles.

Los resultados muestran que producto de la pandemia y del cierre de centros de cuidado infantil, los niño/as muestran un menor desarrollo general, desarrollo del lenguaje y de habilidades socioemocionales. El grupo encuestado en 2020 presenta puntuaciones peores que las de la cohorte de 2017, con pérdidas que oscilan entre los 5,6 y 8,9 puntos estandarizados en desarrollo general y de entre 3,1 a casi 5 puntos estandarizados en desarrollo del lenguaje, entre los distintos grupos de comparación que se generaron. El puntaje en problemas emocionales y socioconductuales aumentó entre 6,2 y 8 puntos estandarizados, lo que sugiere un incremento de problemas a raíz de los cierres. Solo en el caso de la función ejecutiva no se observan diferencias estadísticamente significativas antes y después de la pandemia.

Estas pérdidas pueden llegar a ser determinantes en el desarrollo de niños/as en edad prescolar. Para poner estos resultados en perspectiva, las pérdidas evaluadas en el área de lenguaje equivalen a 0,25 desviaciones estándar. Esto puede ser comparable a restar 5 años de la educación de la madre de un niño/a según un estudio realizado en Ecuador utilizando el mismo test de lenguaje (Schady 2011) . Si bien estos resultados corresponden a una medida a finales de 2020, es posible que futuras evidencias confirmen el impacto impactos en desarrollo que han sufrido estos niños/as, sus familias y el país en su conjunto, y que si no se toman medidas oportunas, este efecto será duradero y posiblemente irreversible. Necesitamos urgentemente tomar medidas para abordar estas pérdidas de desarrollo, especialmente para los niños que actualmente viven en situaciones vulnerables.

*Profesora asistente, Escuela de Gobierno UAI