Desde el año 2019 en adelante la crisis social, la crisis sanitaria derivada de la pandemia Covid-19 y la preocupación por el devenir económico y la salud mental del país abarcan gran parte de las incertezas respecto de nuestra futura calidad de vida, representan escenarios próximos e inquietantes, que han desplazado nuestra atención respecto de la emergencia climática que se está desarrollando en nuestro planeta y que impacta e impactará nuestro país, un territorio que, dada su geografía, configuración climática y tejido social, resulta altamente vulnerable frente al cambio climático.

En un momento en que estar al tanto de las proyecciones respecto de nuestras inquietudes como sociedad resulta clave para prepararnos de la mejor manera posible, conviene incorporar una mirada respecto de lo que puede deparar el cambio climático para nuestro país. La actual investigación y la literatura disponible apuntan a que el resumen anual del informe meteorológico, 25 años en el futuro, podría presentar situaciones tales como un incremento progresivo de las temperaturas en el norte y centro del país, una disminución de las precipitaciones en el centro sur, acompañada de un incremento de estas en el altiplano y la zona austral. La temperatura del verano se incrementaría en el extremo sur del país y los inviernos serían más cálidos en el norte del territorio nacional.

La nueva configuración climática que podríamos vivir hacia mediados del presente siglo requiere que desde ya comencemos a prepararnos tanto a nivel individual, para minimizar nuestro impacto en el sistema tierra - atmósfera, como a nivel sociedad, pues las nuevas regiones climáticas del país requerirán de estrategias de organización y administración acordes a un clima cambiante.

Una de las tantas reflexiones interesantes que pueden surgir de la pre visualización de estos escenarios corresponde a la necesidad de incorporar y fortalecer en la sociedad una formación conducente a la comprensión del cambio climático y de sus múltiples impactos futuros.

La Unesco ya ha hecho patente esta preocupación señalando que “la educación es un elemento esencial en la promoción de la acción en favor del clima. Esta ayuda a que las personas comprendan y hagan frente a las repercusiones de la crisis climática, proporcionándoles los conocimientos, los valores y las aptitudes que necesitan para actuar como agentes del cambio”.

La ONU, en el marco de su apuesta educativa para el cambio climático, señala que “resulta igual de importante progresar en ámbitos como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la formulación de políticas gubernamentales eficaces, como brindar educación y formación para concientizar a un público lo más amplio posible”.

De esta forma, difundir los conocimientos relacionados al cambio climático entre los y las niños, niñas y jóvenes les permitirán entender y abordar las consecuencias del calentamiento del planeta, les impulsará a modificar sus conductas y adaptarse a los cambios de corto plazo, además de actuar como difusores de un mensaje urgente a la sociedad en su totalidad.

Por su parte, los y las profesionales vinculados y vinculadas a la gestión del territorio y el desarrollo social requieren con premura de formación referente a las bases físicas del cambio climático y sus impactos en diversos ámbitos y escalas, adquirir conocimientos y habilidades respecto del acceso, análisis y representación de los datos disponibles que reflejan los nuevos escenarios climáticos país, y entrenarse en cuanto al desarrollo y fortalecimiento de estrategias de adaptación y mitigación.

La población mayor, en muchos casos ávida de conocer de mejor forma esta nueva realidad, también debe incorporarse a este proceso educativo. En este caso en particular las y los adultos mayores no solo se beneficiarían de comprender de mejor manera nuestra huella en el clima. Sus aportes, en cuanto a sus vivencias y un punto de comparación de la situación climática actual, aportaría una retroalimentación, tan valiosa como el registro instrumental y los modelos del clima futuro, que deberá incorporarse en las estrategias de adaptación de las futuras generaciones frente al Cambio Climático.

Por lo tanto, hoy en día la educación representa la mejor estrategia para formar ciudadanos y ciudadanas conscientes y responsables de sus hábitos de vida, producción y consumo, correctamente informados para enfrentar de forma racional los nuevos escenarios, limitantes y oportunidades resultantes del cambio climático, requisitos irrenunciables para el progreso sustentable del país.

Director Diplomado en Cambio Climático, Universidad Alberto Hurtado.