Zoológico, ¿debemos tener uno? El intenso debate que llega a Santiago

Hace 93 años se creó el Zoológico Nacional y en poco tiempo más pasará a llamarse “Ecoparque”. Pero las cosas han cambiado y son pocos los que quieren ver animales en cautiverio. ¿Deberían desaparecer los zoológicos? ¿Tiene una razón el encierro de los animales?


Tres canguros. Es mediodía y son varios los niños que hoy visitan el Zoológico Nacional. Se acercan a la reja. La misma que marca el límite entre el cautiverio y la libertad. Hay un cartel verde. “Hábitat: llanuras abiertas, arboladas y zonas rocosas”. Pero el lugar no es ni abierto ni rocoso. Menos “arbolado”. Apenas unos palos cilíndricos pintados de verde decoran el lugar.

-¡Hay una puerta! ¿Por qué no se escapan? ¿Por qué el canguro no hace nada? -le dice un niño a su mamá.

Los tres canguros, tirados, aparentemente aburridos, se apoyan en un panel. El mismo que tapa la ciudad.

Una historia manchada

Fue en 1875 cuando surgieron las primeras ideas de algo más o menos parecido a un zoológico. Una exposición de animales exóticos en la Quinta Normal de Agricultura fue un éxito. Y en 1882 se inauguró el primer proyecto de zoológico en la Quinta Normal. Eran animales y peces nativos de Chile.

Pero recién el 1 de septiembre de 1925 el Presidente Arturo Alessandri Palma firmó el Decreto Supremo 4.273. Y el 12 de diciembre de ese año se inauguró lo que hoy se conoce como Zoológico Nacional. Eran 4,8 hectáreas en los terrenos del cerro San Cristóbal. Las mismas 4,8 hectáreas que hoy habitan 880 animales.

El primer director del zoológico fue Carlos Reed. El objetivo era bien claro: un sitio adecuado para que las familias obreras pudieran entretenerse sanamente y, además, un lugar propicio para el resguardo y conservación de las especies nativas que se encontraban en peligro de extinción.

Seis mil personas asistieron al acto de inauguración. El mismo que se vio ensombrecido por el comportamiento de algunos visitantes que golpearon con bastones y palos a los animales.

La prensa de la época cuenta que en ese entonces el zoológico ya en sus primeros meses presentaba problemas. “Desastrosa impresión que nos causa una visita efectuada al Jardín Zoológico del San Cristóbal”, titulaba un diario. En enero de 1926 se afirmaba que los animales estaban expuestos al sol, sin agua para bañarse y beber y totalmente hacinados.

Y ocurrió la primera tragedia. Una boa argentina, proveniente de Buenos Aires, había muerto, según la prensa, por negligencia del zoológico.

Las noticias más actuales también plantearon quejas. “Tras ser capturado, falleció puma que se escapó del zoológico”. Abril de 2002. Chinga, el puma, se escapó de su jaula. Tenía 20 años, era un “ejemplar muy valioso”. Murió por un paro cardiorrespiratorio por estrés. “Era la vida de Pampa o la de José”. Julio de 2012. Era un macho de ocho años y uno de los tres tigres blancos que tenía el Zoológico Nacional. Atacó a uno de los cuidadores. Lo tuvieron que sacrificar a tiros. “Matan a dos leones del zoológico de Santiago para rescatar a hombre que entró a su jaula”. Mayo de 2016. Flaca y Manolo habían nacido en el zoológico. Tenían 22 años. El hombre que se intentó suicidar, entrando a su jaula, concretó el destino de los leones. Murieron a balazos.

Pero desde la inauguración del Zoológico Nacional, en 1925, hasta hoy, las cosas han cambiado. Especialmente a ojos de los visitantes. Hoy nadie quiere ver animales en cautiverio.

Pasó en Buenos Aires.

Las denuncias por abandono y maltrato de animales se acumularon por montones. El año 2015 fue dramático: murieron dos lobos marinos, una mara y una cría de jirafa. Hasta el gobierno lo reconoció. “El Zoo no da para más”. Y decidieron crear un “Ecoparque”. Para eso cerraron el zoo en 2016 y este año comenzaron la reubicación. No terminó bien.

Fallecieron tres ciervos que habían sido reubicados y 11 peces de carpas. Incluso, trascendió que se había evaluado eutanasiar a 200 tortugas, pero no pasó. Pero luego la molestia popular estalló cuando se supieron los montos por los que el zoo estaba licitando la remodelación de los edificios patrimoniales y el diseño de cajas para reubicar animales. Algunos sin siquiera tener la certeza de que podrán ser trasladados.

Un recorrido cualquiera

Lo primero que se escucha al entrar al zoológico no es el trinar de los pájaros o el barrito de los elefantes. Menos el gruñido de los tigres. Quizás, y solo quizás, si alguien es capaz de agudizar lo suficiente el oído, podría oír los chillidos de los monos.

Pero no. Lo primero que se escucha al entrar al zoológico no son animales.

Es el sonido de los autos que aceleran por las calles aledañas. Es el sonido de un montacargas que transporta materiales de aquí para allá en una construcción cercana. Golpe, golpe, golpe. Es el sonido de un martillo. Pa, pa, pa.

En un día normal de semana son varios los niños que pasean por el lugar. La mayoría viene a modo de “paseo de curso”. Y esa misma mayoría, obviamente, está emocionada. Un martes en la mañana, por ejemplo, hay niños de segundo y cuarto básico. O sea, niños de entre ocho y 10 años. La generación Z, la generación que nació con internet, viendo videos en YouTube de animales exóticos. De elefantes, cocodrilos, serpientes.

Los niños corren por el recinto que va en subida, al estar ubicado en un cerro. Corren y gritan. Corren y golpean las ventanas. Paran y miran, ahora, a los chimpancés.

-Miren el monito. Tiene frío, está buscando solcito -explica una profesora a dos niñas.

Un niño con lentes le replica:

-Está solo. Está triste.

-¿Y por qué no se mueve el mono? -se apura en decir otro.

Varios metros más allá, un niño está acompañado de su mamá. Tiene cinco años y usa un sombrero para protegerse del sol. Se le cae apenas levanta la cabeza lo más que puede para mirar a las jirafas.

-Son enormes -dice.

Pero, objetivamente, son animales gigantes en espacios pequeños. Es un rectángulo que, aunque cumple con las exigencias internacionales, tiene pocos metros.

Mauricio Fabry -encargado del “Ecoparque” y exdirector del Parque Metropolitano- está sentado en una de las salas de reuniones del cuarto piso del edificio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), organismo que está a cargo del Zoológico Nacional. Lo primero que dice es que hay que hacer una distinción entre lo que se sabe de las especies en cautiverio versus lo que una persona siente cuando ve a un animal en cautiverio.

-Efectivamente, el espacio de las jirafas es pequeño. Sin embargo, este zoológico es el que más jirafas ha reproducido en Latinoamérica. Las que están en Perú, Ecuador y Argentina han sido reproducidas acá. Pero la experiencia del visitante al mirarlas no es una experiencia buena -dice.

En el zoológico lo explican como el “paradigma de la calidad del espacio versus la cantidad del espacio”. En simple: la calidad, dicen en el zoo, es mucho más importante.

-La idea es ser un arca de Noé y repoblar. Porque el ambiente natural es cada vez más pequeño. La naturaleza también es un eufemismo. Se nos olvidó la ley del más fuerte, ya no tiene una connotación positiva. Tú tienes una jirafa en la naturaleza y la mata el cazador furtivo. Mataron 87 la semana pasada -dice Alejandra Montalba, directora del Zoológico Nacional.

Pero la historia de Taco generó debate.

El oso polar llegó a Chile en 1998, luego de nacer en 1996 en Holanda. “Muere Taco, el oso polar que soportó varias olas de calor en el Zoológico Nacional de Santiago”, así titulaba la prensa la muerte del animal, el viernes 17 de abril de 2015. Fueron varios los que atribuyeron la muerte al poco espacio que tenía y las altas temperaturas que debía soportar. Incluso, se pensó que podría haber muerto por estrés.

Pero Taco, según la necropsia, murió por una insuficiencia renal. Le funcionaba apenas el 10% de sus riñones.

Lo que no se ve

La primera pregunta es obvia: ¿Cuántos animales de los que están en exhibición en el Zoológico Nacional vienen de la vida silvestre?

La respuesta no es tan obvia: ninguno.

De hecho, el 60% de la población del zoológico viene del tráfico animal. Un ejemplo son los flamencos.

Llegaron decomisados. Peor aún: arribaron con sus alas amputadas. Esos mismos fueron liberados hace pocos meses en San Pedro de Atacama. Antes, otros seis flamencos nacidos en cautiverio también habían llegado al lugar.

Pero esa información no es conocida por todos. Además, los lugares a los que puede acceder un visitante cualquiera son restringidos. Por ejemplo, no puede entrar al lugar donde se recuperaron los flamencos: el centro de rehabilitación que tiene el zoológico.

Seiscientos 42 animales en 2017. Es decir, 1,75 animales chilenos en promedio por día recibió el zoológico nacional. Animales nativos y heridos. Animales que son revisados, rehabilitados y reinsertados en la vida silvestre por el zoológico.

Hay animales que llegan por tráfico, decomisados por el SAG. Hay otros que ingresan intoxicados, atropellados. Incluso, llegan animales con disparos. Algunos de ellos no logran ser rehabilitados. Y mueren.

Del total de los animales que se recuperan, cerca del 90% puede volver a su hábitat natural.

-Reintroducirlos es lo primordial. Un animal, luego de ser rehabilitado, lo mejor que le puede pasar es que vuelva a la naturaleza -dice Alejandra Montalba, directora del Zoológico Nacional.

En el recinto se trabaja con varios animales en peligro. Por ejemplo, con el cóndor andino, el pingüino de Humboldt y la ranita de Darwin se desarrolla la reproducción para poder salvar estas especies. Hay, por ejemplo, cóndores que han nacido en el zoológico y han sido reintegrados a la vida silvestre.

Fabry lo resume así:

-No existe una institución más animalista que el Zoológico Nacional. El trabajo de conservación de especies en peligro no lo hace ningún grupo animalista.

Los pingüinos de Humboldt están adscritos a un proyecto de conservación. Una de las tareas es recuperar huevos abandonados y reproducirlos en el zoológico. Se trabaja con mezclas de parejas que sean genéticamente compatibles.

¿Qué hacer?

El domingo 2 de septiembre, el Presidente Sebastián Piñera anunció la transformación del Zoológico Nacional en un “Ecoparque”.

Pero la idea del “Ecoparque” no es nueva. Nació en 2012, cuando se propuso un plan centenario para el Parque Metropolitano. Se iba a renovar y ampliar el zoológico. Se hicieron algunos recintos, como el de los tigres blancos. Mientras, en 2013, comenzó el diseño del “Ecoparque”, en el que trabajan dos comités: uno técnico-constructivo y otro biológico, al que aportan ONG externas.

De zoológico a “Ecoparque”. Aunque, en simple, ambos guardan la misma esencia: una colección de animales.

-Pero más que una colección de animales, lo que queremos es un “Ecoparque” que promueva la conservación de la fauna nativa y la educación de la población en el mismo tema. Que la gente vea cómo rehabilitamos animales, que vean la clínica. Un zoológico ya no es como en el siglo XVIII, que estaba el concepto de “someter a las fieras”. Los zoológicos hacen un valor a la conservación enorme. A mí me importan los animales en estado silvestre -dice el encargado del “Ecoparque”.

El picaflor de Arica, por ejemplo, está en peligro de extinción. En 2015, apenas se contaron 405 ejemplares. El zorro de Darwin, también en peligro, apenas tiene 600 ejemplares. Seis de cada 10 especies nativas chilenas están en alguna categoría de amenaza.

-Pero la gente no sabe eso. Entonces, la idea de la exhibición es contar esa historia -dice Fabry.

Además, habrá cambios estructurales. Las 4,8 hectáreas que hoy ocupa el zoológico serán duplicadas. Más espacio, aunque no por eso animales.

Alexis Castillo, presidente y fundador de Edra (Equipo de Defensa y Rescate Animal), dice que, a pesar de que el proyecto del “Ecoparque” está recién siendo publicitado, el cambio no pasa solo por variar el nombre. Hay que hacer, dice, un cambio potente.

-Lo que sé es que el espacio que hay hoy en el zoo es poco. Se sabe hace tiempo que no es amplio, no es grande. Si me preguntan si los animales son bien cuidados, yo diría que sí. Dentro de los que pueden cuidar en el espacio que tienen, y son muchos animales que no deberían estar en Chile. Tiene aire caliente, calefacción, muy buenos veterinarios, pero el espacio es nada. En ese sentido yo creo que hay un cambio profundo que hacer, pero el cambio no pasa por cambiar el nombre -comenta Castillo.

La primera etapa del “Ecoparque” es “Chile Nativo”, una selección de flora y fauna chilena que está en peligro, y que va a tener una lógica geográfica. Recorrer el país a través de los animales.

-Y mostrar lo que hacemos. Que los animales tengan recintos que no están malos, pero que la gente perciba que son buenos. Hay una cosa de percepción. Nosotros podemos tener un recinto que sea chico, que sea súper bueno para el animal, con súper buenas condiciones de bienestar. Pero muchas veces la gente, que no sabe, percibe otra cosa. Entonces, lo que busca el “Ecoparque” es que la gente perciba que el animal está bien, a pesar de que siempre estuvo bien -explica la directora del zoológico.

La construcción del “Ecoparque”, dicen, no implica cerrar el zoológico -como lo que pasó en Buenos Aires. La idea es la conservación de la biodiversidad y la educación, para que esta conservación sea posible. La construcción va a ser por etapas, hasta finalizar en 2025, cuando el Zoológico Nacional, en ese entonces “Ecoparque”, cumpla 100 años.

Sin embargo, los animales exóticos de otros continentes también están contemplados en el plan. Pero no los llamados “megamamíferos carismáticos”. Los elefantes, las jirafas, entre otros. Ellos, explican desde el zoológico, no tiene sentido volver a renovarlos. Los que hay actualmente, por su edad, es difícil reubicarlos.

-Moverlos es un sufrimiento para ellos -dice Fabry, y agrega: -Que se vayan a su hábitat no es opción. Es imposible. Sería un crimen contra el animal. Eso es no entender nada.

Esos animales van a morir de viejos.

Como la Menchi. La hipopótamo de 40 años, que lleva el nombre por su lugar de origen. Llegó desde Mendoza, de intercambio.

-Ella es una de las nonitas, es una señora mayor -dice Andrea Caiozzi, etóloga y coordinadora del Zoológico Nacional.

¿Son necesarios los zoológicos?

Diego Montecino y William San Martín, candidato al PhD en epidemiología y PhD en historia, respectivamente, son los fundadores de ConScientiaGroup, una ONG orientada a sintetizar conocimiento científico y académico sobre problemas ambientales y de bienestar animal en Chile. Desde Estados Unidos explican que la esencia de la institución, a pesar de una modernización, se mantiene. “Una institución de entretención mediante la exhibición de animales”, dicen. Y la propuesta de “Ecoparque”, de ser un espacio de educación para los niños, explican, no es un buen argumento.

-Los estudios señalan que las visitas a los zoológicos no generan conocimiento respecto de las especies que los visitantes observaron -dicen.

Sin embargo, desde el Zoológico Nacional explican que hay más razones para seguir custodiando a los animales en estas instituciones.

-Los zoológicos son más necesarios que nunca. Estamos en la sexta ola de extinción en masa, que es provocada por el hombre. La quinta fue la de los dinosaurios. En este minuto los animales se están perdiendo al mismo nivel que desaparecieron los dinosaurios. Pero esto es provocado por el hombre. Lo otro fue provocado por un meteorito -dice la directora.

Antes de ir a monitorear el resto de los animales, la etóloga Andrea Caiozzi se hace una pregunta:

-¿Cómo no estamos rasgando vestiduras porque ahora otro pudú acaba de ser muerto por perros? ¿Cómo esta cuestión no nos duele en el alma? Y esos son animales que no vamos a poder recuperar.

Caiozzi hace un silencio de tres segundos y dice:

-Y ahora mataron a otro más.

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