AC/DC atronador, épico y con rock de alto voltaje en su masivo regreso a Chile
Tras décadas de espera, la leyenda del rock se reencontró con Chile en el primero de sus dos shows en la capital. Ante un recinto repleto de entusiastas fans, el grupo interpretó un set de éxitos con un sonido poderoso y un afinado sentido del espectáculo, incluyendo flamas, cañones y campana gigante. Pese a la edad, Brian Johnson y Angus Young todavía pueden rockear.
Si hubiera que comparar la música de AC/DC con algún clásico literario, sería con Ernest Hemingway; directo, sin demasiadas florituras y con mucha acción. Un credo que el grupo australiano ha llevado al escenario en shows de rock sin remilgos. Y que tras muchos años, volvió a presentar en Chile.
El regreso de los veteranos rockeros era un viejo anhelo de la fanaticada local. Solo habían tocado en el país en la ya lejana presentación de 1996. Por ello, el show no solo agotó 84 mil tickets, Santiago es la segunda ciudad en el mundo que más escuchó a la banda en el último año en la plataforma YouTube.
El entusiasmo era tan intenso como la convocatoria. La fila por Avenida Grecia hacia Marathon parecía no acabar. Las poleras negras, las familias con hijos, el rockero de viejo cuño que no quiso quedarse afuera. Incluso fans que llegaron desde otros puntos de América Latina, como lo delataban discretas banderas de Brasil, Bolivia y otras. Todo por la sensación de que esta puede ser la última visita de la banda al país.
La convocatoria era multitudinaria. Si se entraba dando el rodeo al escenario, la vista de la masa de gente era impresionante. A una hora del show la explanada del Parque Estadio Nacional ya lucía repleta. La sensación era la de vivir una noche histórica.
Tras un retraso de casi media hora, la ovación atronó cuando las luces bajaron para dar paso al video introductorio del auto que a toda carrera llega al Estadio para el show. Y de inmediato suena el riff de If You Want Blood (You’ve Got It). Angus Young, luciendo uniforme rojo infierno, corbata a trazos azules y su Gibson SG, caminó hacia adelante por la pasarela central.
Apenas suena el último acorde, viene el momento de Brian Johnson. Saluda al público en las acotadas interacciones que tiene durante la noche. “¡Hola Santiago!”, dijo en español. “Es bueno estar de vuelta, bueno, vamos”. Y Angus contesta con el riff con el que arranca Back in Black. El público brama.
Pese a todas las bajas y los remezones que ha vivido el grupo, su música sigue en pie. Orgullosa y sin perder potencia. Aún con sus 70 años, Angus Young parece entrar en un trance que lo lleva a recorrer el escenario, levantar la mano como alzando una copa y desplegar sus distintivos solos. Despliega el paso del pato cuando toca Shut down in flames, con afinado sentido del espectáculo. El respetable le entrega el reconfortante premio del aplauso.
Por su lado, las reseñas internacionales eran certeras al mencionar lo menguada de la voz de Brian Johnson, sobre todo con el paso del show (por ejemplo en temas como High Voltage). Pero el hombre tiene manejo. Con carisma y años de experiencia, salva los momentos en que no puede llegar a las notas y además cuenta con el apoyo del respetable que corea de inmediato. Su aire a camionero rockero y sus risas socarronas son parte del show.
Otra cosa es el sonido. Totalmente analógico y con pocos efectos, los AC/DC son unos puristas del rock & roll. Su buen equipo técnico les permite sonar con mucha claridad sin sacrificio de potencia.
El público entona un cántico de estadio para celebrar al grupo. Y en eso Angus comienza a tocar el clásico riff agudo de Thunderstruck, la canción más escuchada de la banda en el último año (según la data de YouTube Charts). Sale a un pulso más lento que la versión de disco, lo que prueba que la banda toca totalmente a su tiempo, sin clics, sin in ears; los amplis y las guitarras a tope. Nada más. Y con eso basta.
Matt Laug, el baterista de gira, logra emular el swing de Phil Rudd y le inyecta potencia a las canciones. Mientras, Chris Chaney es solvente en el bajo eléctrico (y en los coros) y Stevie Young calza bien en el rol de su fallecido tío Malcolm. En suma, son un combo eficiente y engrasado a pura potencia.
Cuando tocan Have a Drink on Me, Johnson y Angus recrean por un segundo el juego clásico de replicar en la guitarra el fraseo de la voz, casi al estilo de Page y Plant. El público de nuevo ruge. Y más cuando suena el canto metálico de una campana -de una tonelada- que baja hacia el centro del escenario. Es el clásico momento de Hells Bells, uno de los imperdibles del grupo.
El repertorio de signos y lugares comunes del rock pasan sin remilgos; los cuernos que hace Angus con ambas manos, las flamas en las pantallas cuando suena Highway to hell y los pasos fanfarrones de Johnson son celebrados por la audiencia. Más al tocar viejas joyas, como Jailbreak y Riff Raff, uno de esos temas de la era Bon Scott que les gustan a los fans más acérrimos. “Yeeeeah”, celebraba Brian al final, con el acento de un viejo pirata en una taberna.
El tramo final es la arremetida de los himnos. Despliegan hits como You Shook Me All Night Long, Whole Lotta Rosie y Angus se adueña de Let There Be Rock para desplegar un extenso solo de guitarra (y con el respetable moviéndose hacia adelante para no perdérselo). Prueba fraseos a dos tonos estilo Chuck Berry, licks a velocidad máxima, martilleos solo con la mano izquierda. Es su momento de guitar hero de la noche, como recordando que son músicos únicos y ya en extinción. Aunque se hace un poco largo porque se mantiene tocando mientras el resto del grupo se va a descansar.
El habitual encore cerró el concierto, tras dos horas y fracción, con la explosiva T.N.T. y el saludo final de For Those About to Rock (We Salute You), con batería de cañones en el escenario incluida. Como en toda la noche, la gente se entregó al espectáculo, con la conciencia de quien sabe que está viviendo una de esas noches que se comentarán por mucho tiempo. Y si quisieran retirarse tras esta gira, AC/DC habrá desplegado uno de los mejores shows del año en el país. Es solo rock & roll pero gusta.
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