Nano Parra: “Falta que se haga un reconocimiento al folclore, pero no un pedazo de cartón con un diploma”
Hijo de Hilda y sobrino de Violeta y Nicanor, el precursor de la cueca chora vuelve a la actividad discográfica, con una regrabación de algunas de sus cuecas más clásicas. Junto a Culto repasa su obra y con respecto al retiro dice: "Yo, a la edad que tengo, ¿qué voy a hablar de futuro si estoy esperando solamente que pase la vieja pelada y me lleve de una vez por todas?".
“Acá estamos, pues, al pie del cañón”, saluda un jovial Nano Parra, cuando atiende la llamada de Culto. A sus 89 años uno de los exponentes de la legendaria familia Parra aún en pie, no se ha decidido a colgar la guitarra.
Por el contrario, acaba de publicar un nuevo disco, en que regraba algunas de sus cuecas más emblemáticas con el acompañamiento de Los Tricolores y la producción musical de Ángelo Pierattini. Un proceso de grabación y mezcla que se realizó en La Salitrera, y mastering realizado en Estados Unidos por Lewis Pickett.
“La verdad de las cosas es que yo, por lo menos en este momento, estoy feliz de la vida. Y más feliz todavía cuando conversaron conmigo de Sony Music con respecto a lo que ellos querían. Ellos querían que yo grabara los éxitos de toda mi carrera. No solo las cuecas, sino que los otros temas, por ejemplo, cuando estuve en [el Festival de] Viña del Mar en el año 71, con el tema Mi velorio”.
Hijo de la folclorista Hilda Parra, sobrino de Violeta, Roberto y Nicanor, se considera afortunado de esta oportunidad. Largo tiempo sin publicar material esta resultó toda una experiencia, pues en los últimos años estuvo más concentrado en el trabajo de su Peña en el Barrio Bellavista. “Feliz de la vida, porque ya a esta altura, con todo lo que está pasando musicalmente en nuestro país, es una gran cosa y un motivo muy especial para mí poder hacer esto. Nuestra música está un poquitito dejada de lado prácticamente por la música que ha entrado a nuestro país”
-¿Siente que falta mayor reconocimiento hacia la actividad folclórica?
Sí, en realidad falta muchas cosas, muchas cosas. Días atrás conversábamos con algunas personas del sindicato de folcloristas, Y la verdad que se nos han ido muchos viejos de la época mía. Por ejemplo Pedro Messone, Patricio Manns, que cantábamos juntos allá en la Peña de San Isidro. Yo hice una infinidad de giras con René Largo Farías por todo Chile, íbamos con Patricio Manns, con Rolando Alarcón, mi mamá la Hilda Parra, Los Patricios, el dúo Rey Silva, una montonera de artistas de esa época que éramos tantos Y resulta que en este momento. Conversábamos días atrás, como digo, respecto a eso y yo decía: chuta, soy uno de los que va quedando y qué vamos a hacer por la cresta.
Entonces con respecto a eso, yo creo que es importante de una vez por todas que a nivel de gobierno, a nivel del sindicato de folcloristas y de gente toda relacionada con esto, que se hiciera un un reconocimiento. Pero un reconocimiento que valga la pena, no un pedazo de cartón con un diploma o una medalla de esas que usa la gente del deporte. No, algo mucho más real, algo que la gente sepa y que las nuevas generaciones se acuerden de que hubo mucha gente muy importante.
-Usted también es parte de la familia Parra. ¿Siente que ese legado va a persistir?¿cómo lo ve?
Yo creo que mi tía Violeta dejó una vara muy alta en ese sentido. Para toda la familia, incluso. De esa familia, de la Parra de Chillán está mi tía Violeta que hizo una labor maravillosa. También las hermanas Parra, donde estaba mi tía Violeta con mi madre, después el tío Roberto Parra con su Negra Ester y las Cuecas Pícaras o las Cuecas de las Diablas, como la denominó doña Violeta Parra. Después estaba el tío Lalo, que también fue un buen intérprete y también creó algunas cosas con respecto a nuestra música. Después estaba el tío Lautaro, que fue uno de los mejores guitarreros que hubo. Por último, el tío Oscar, que se dedicó más que todo a los cantos cómicos, pero en los circos...y para qué decir mi tío Nicanor, que era el capo de la familia, ¡a él le gustaba tocar el acordeón! Le gustaba bailar cueca, le gustaba cantar, le gustaba hacer todo eso con sus hermanos.
Y aunque creció en un ambiente musical, Nano Parra no había decidido la música como su camino. La clave es que se casó joven. “Cometí el error de casarme a los 17 años. Mi mujer tenía 14 años y nosotros creíamos que todo era facilito, llegar y casarse y nada más. Y me fui dando cuenta de que realmente había que alimentar a la familia”.
Como el casado, casa quiere, como dice el viejo adagio, necesitaba más seguridad. “A los Parra los veía llegar de madrugada, invierno, verano, trabajando a full por todas partes. Donde hubiera una peguita, allá estaban todos cantando, pero nunca se preocuparon ellos del futuro, esa es la verdad de las cosas. Y mi madre tenía un amigo que era alcalde de La Cisterna en esa época. Mi madre consiguió algunos sitios y algunas casas para los hermanos de ella, para mis tíos, así estaban mucho más seguros”.
Por ello, en principio probó suerte trabajando en lo que fuera. Así terminó de maletero en el aeropuerto de Santiago. “Me cambió la vida porque ahí empecé a ganar plata para alimentar a mi familia. Pero mi madre con mis tíos, mi tío Lautaro, mi tío Lalo, de repente mi tío Roberto, ellos iban casi todas la semana al aeropuerto a verme. Y mi mamá me decía: ‘Nano tienes que retirarte de este trabajo porque tú naciste para cantar, naciste para crear’”.
Las vueltas de la vida terminaron con Nano despedido de su trabajo en el Aeropuerto. Ahí nació el cantor popular. Los oficios de su madre lo acercaron a Rubén Nouzeilles, productor que impulsó la grabación del folklore y las carreras de Violeta Parra y Cecilia. Fue entonces que surgió la chance de grabar. Ahí propuso una forma peculiar de cueca. Fue el origen de la “cueca chora”.
Básicamente, Parra introdujo en el formato cueca el lenguaje de los bajos fondos. “Ese lenguaje que yo metí en la cueca, es el lenguaje coa, el lenguaje del hampa. Como yo soy bueno para el pool aprendí a conversar con los delincuentes que llegaban a los salones de billar. Entonces esas cuecas se llaman las cuecas choras, porque son las cuecas de los choros de acá de Santiago”.
Parte de ese legado se resume en este disco; temas como La Paloma y el Cazador, La historia de mis viejos (que es la historia real de sus padres), Lolos Marihuaneros (“Yo nunca fui marihuanero ni nada por el estilo, pero la probé”) e incluso un homenaje a su madre, Hilda, en Madrecita Cenicienta.
En esa canción, relata como su madre le confeccionó un pantalón a partir de un abrigo viejo. Una historia también real, de un Chile diferente. “Los Parra eran todos de familias grandes, con harto hijo cada uno, entonces no les alcanzaba la platita que ellos ganaban -comenta-. Mi mamá hasta tuvo que lavar ropa ajena. Yo fui el niño más feliz de la vida cuando en una oportunidad me fabricó un pantalón largo de un abrigo viejo de mi papá, con unos tirantes cruzados en el pecho. A mí me marcó todo eso y le hice la canción a mi mamita, Madrecita Cenicienta”.
El álbum también marca una diferencia al incluir la cueca Mi Velorio -tercer lugar en la competencia folclórica de Viña 71-, transformada en una animada cumbia. “Cuando hablamos con la gente de Sony les dije que me gustaría a mí colocarle un ritmo diferente. Yo no puedo empezar de nuevo con las cuecas choras y cosas por el estilo. Y creo que sería bueno que la gente viera y conociera también otra faceta de Nano Parra. Por eso que la hice y la grabamos en esa forma, y yo quedé muy, muy conforme”.
-Usted también sigue con el trabajo en su peña, ¿ha pensado en el retiro?
Yo de repente me río de cosas. Cuando veo la televisión y dicen ¿y cómo irá a ser el futuro de Alexis Sánchez? Y digo yo, ¿qué futuro de Alexis Sánchez? Si esos tipos están forrados en plata, viejo, para darle a unas 10 familias más. ¿Cómo pueden hablar de futuro de ellos si el futuro lo tienen todo en el banco? Ahora, con respecto a mi futuro...yo, a la edad que tengo ¿qué voy a hablar de futuro si estoy esperando solamente que pase la vieja pelada y me lleve de una vez por todas? Yo voy a tratar por todos los medios de entregar lo que más pueda, hasta cuando la garganta me dé y hasta ahí decir ya, bueno, yo creo que ya es conveniente dejar de trabajar. Yo sigo trabajando, porque me gusta, porque no quiero morirme tan luego, quiero proyectarme un poquitito más hacer unas canciones más y seguir cantando aquí en la peña lo que más pueda. Lo único que me preocupa a mí, es la peña en el barrio Bellavista. Eso me preocupa más. Pero tenerle miedo a que ya me voy a ir luego...no tengo miedo a nada, ya hice todo lo que tenía que hacer durante mi vida y estoy feliz de haberlo hecho. Si yo naciera de nuevo, me gustaría volver a ser el hijo de la Hilda Parra.
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