Reseña de libros: de Yiyun Li a Nicolás Cruz Valdivieso
Una memoria que reflexiona con valentía en torno al suicidio de sus dos hijos, de la escritora chino-americana; una magnética novela coral ambientada en un guetto vertical en los días del estallido social, y un conjunto de poemas de juventud de Ida Vitale, que se mantuvieron 80 años inéditos, en las lecturas de la semana.
En la Naturaleza las Cosas Crecen, de Yiyun Li (Chai)
“No hay una buena manera de decir esto”. Dos veces, en ocasiones distintas, la escritora chino-americana Li Yuyin escuchó de boca de un detective aquella frase que suele anticipar la noticia de una desgracia. “No hay una buena manera de exponer estos hechos que deben ser aclarados antes de poder seguir con mi libro”, escribe ella. “Mi marido y yo tuvimos dos hijos y los perdimos a ambos. A Vincent en 2017, a los dieciséis años; a James en 2024, a los diecinueve. Los dos eligieron el suicidio y los dos murieron a poca distancia de casa: James cerca de Princeton Station, Vincent cerca de Princeton Junction”. Lo que sigue no es el relato del duelo o la búsqueda de alivio sino una reflexión sobre el abismo: cómo se habita, cómo se nombra. La escritora vuelve sobre los clásicos y el monólogo de Constance en El rey Juan de Shakespeare: “No estoy loca: este pelo que me arranco es mío;/ mi nombre es Constance: fui la mujer de Geoffrey:/ el joven Arthur es mi hijo, y lo he perdido”. Con una prosa sobria y enorme valentía, la autora cruza recuerdos con reflexiones filosóficas y literarias. “Filosofar es aprender a vivir con las muertes”, escribe. “Filosofar es lo único que se puede hacer cuando se vive en un abismo: no perdido, sino encontrado”. Un libro estremecedor y admirablemente escrito.
La Patria Cruda, de Nicolás Cruz Valdivieso (Kindberg)
Un accidente laboral dejó a Mauricio con dolores físicos, cojera y con insomnio crónico. Sin embargo, esa incómoda situación se vuelve una oportunidad para él cuando el edificio Nuevo Amanecer solicita un conserje para el turno nocturno. A punto de ser padre, Mauricio consigue el trabajo y cada noche junto a Jean, un guardia haitiano, enfrenta los problemas de un edificio de más de 40 pisos y miles de vecinos. Es un ghetto vertical donde conviven ciudadanos chilenos e inmigrantes, jóvenes y adultos, vivos y muertos: desde un anciano en silla de ruedas y su hijo, una madre adicta a la cocaína y un dealer aficionado a las artes marciales hasta el fantasma de un viejo guerrillero. Para Mauricio, el lugar es como “una población vertical”, con los mismos conflictos. Articulado en torno al estallido social, que remueve y afecta a todos los personajes, La patria cruda es una vibrante novela coral, escrita con soltura, gran sensibilidad para el habla y una hábil construcción de ambientes y personajes. Narrada con acierto desde distintos puntos de vista, con desenfado, humor y tensión, elabora un relato magnético, ágil e inventivo, que funciona en varias dimensiones: el retrato y la crítica social, la relaciones afectivas, lo sobrenatural, el thriller y la narrativa de bordes políticos.
Poemas de juventud (1943-1946), de Ida Vitale (Tusquets)
La escritora y editora Camila Guillot ordenaba la biblioteca de su padre, Julio, cuando encontró una pequeña y antigua libreta cubierta de polvo. Al abrirla se encontró con una dedicatoria a su abuelo fechada en 1946, la que precedía un conjunto de 15 poemas escritos a mano sobre un papel casi artesanal. Con una caligrafía delicada, los poemas expresaban una voz íntima y reflexiva, con resonancias clásicas y vanguardistas. Al llegar a la última página resolvió el misterio: los poemas eran de Ida Vitale, la poeta uruguaya ganadora del Premio Cervantes. Escritos entre los 20 y 23 años, eran poemas de juventud que la autora dedicaba a quien fue su profesor en la Facultades de Humanidades. Camila Guillot comprendió que había hallado un tesoro inédito, el que se conoce ahora, 80 años después, con la anuencia de Ida Vitale. “Tanto he pensado en ti, oh, muerte mía,/ con alterno llamado y mudo miedo/ y tanto en mí transitas, que no puedo/ ya huir de tan prevista compañía”, se lee en uno de los poemas. “El aire toca blanco de frío/ -tan solo y tan alto-/ las inútiles hojas secretas de los álamos.// Frío… Refugio… Todo da lo mismo,/ pastor de horas inertes en lo vivo,/ memoria que aún vigila vientos tibios/ y fija en cifra lúcidos afanes”, anota en el poema que abre este hallazgo literario.
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