Editorial

El rol que debe jugar el ministro de Defensa

En el delicado contexto del manejo de las relaciones con Estados Unidos y Argentina, es inconveniente que el ministro aparezca formulando declaraciones que lo alejan del rol que está llamado a desempeñar y que complican al propio gobierno.

SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

La política exterior chilena se ha visto especialmente desafiada este año, tanto por las difíciles negociaciones que se han sostenido con la administración de Donald Trump a raíz de la unilateral imposición de aranceles, y ahora último por las tensiones que han surgido con Argentina, primero como consecuencia de irresponsables declaraciones de altos funcionarios trasandinos -que cuestionaron la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes-, y luego por el anuncio de que un barco de una naviera nacional está próximo a iniciar actividades comerciales con las Islas Malvinas desde Punta Arenas, lo que ha abierto un nuevo flanco ante el recelo que esta operación despierta en Buenos Aires.

Este marco exige especial cuidado en la forma de abordar ambas situaciones, particularmente de quienes tienen responsabilidades de gobierno, pero es justamente lo que no siempre ha ocurrido en algunos ministerios que son clave, como es el caso de Defensa, cuyo titular, Fernando Barros, ha hecho una serie de declaraciones en el último tiempo que no se condicen con esa necesaria prudencia. Desde luego, sus cuestionamientos a los aranceles impuestos por Estados Unidos generaron molestia en la embajada de dicho país. Al respecto, Barros indicó que si bien en el plano militar hay un amplio reconocimiento de dicho país hacia las Fuerzas Armadas chilenas, en lo relativo a las tarifas señaló que se trata de algo “injusto y es algo que nos deja bastante confusos, porque se supone que somos países muy amigos”. En el caso de Argentina, los dichos del ministro en una entrevista radial en Punta Arenas generaron ruido en el país vecino, al señalar que si bien Chile apoya la pretensión argentina sobre Malvinas, “hay una situación de hecho: un país amigo (Reino Unido) ejerce el control sobre las islas desde hace dos siglos”.

Tampoco ha pasado inadvertido que las Fuerzas Armadas de Chile han realizado masivos ejercicios militares en la zona del Estrecho de Magallanes, en tanto que recientemente aviones F-16 llevaron a cabo ejercicios nocturnos en la zona de Punta Arenas, con el objetivo de mejorar las capacidades de los pilotos chilenos.

No cabe duda de que Chile debe hacer valer sus derechos soberanos y velar por el respeto de los tratados comerciales sobre los cuales descansa nuestro comercio exterior, pero es fundamental que ello se haga por los canales que corresponde, que en este caso es la Cancillería y desde luego el propio Presidente de la República. Las reiteradas declaraciones del ministro de Defensa, que en algunos casos han ido más allá de las líneas fijadas en la política exterior, así como sus guiños al despliegue de la fuerza militar, abren la legítima interrogante de si el ministro Barros ha comprendido bien su rol, a quien le cabe colaborar con el Mandatario en las funciones de gobierno y administración de la Defensa Nacional, así como proponer y evaluar políticas para la defensa nacional. Por ello desconcierta cuando en determinadas actuaciones podría aparecer más bien como portavoz de sectores de las Fuerzas Armadas o del mundo militar, antes que como un representante del mundo civil ejerciendo la conducción de la defensa. Para las propias Fuerzas Armadas y para la buena conducción del gobierno, es sano que estos roles no se confundan.

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