¿Otra burbuja puntocom? Los que ya vivieron esta película opinan sobre la IA
Con SpaceX ya en bolsa y OpenAI y Anthropic en la fila, expertos que vivieron ambos ciclos responden si startups e inversionistas están repitiendo los mismos errores de 2000 o si esta vez es distinto
El 12 de junio de 2026, la histórica apertura a la bolsa de SpaceX volvió a encender el apetito de los inversionistas por las empresas tecnológicas de alto crecimiento. La operación, que recaudó cerca de US$75.000 millones y valoró a la compañía de Elon Musk en torno a US$1,75 billones, reforzó la expectativa de que las próximas grandes aperturas bursátiles serán las de OpenAI, creadora de ChatGPT, y Anthropic, desarrolladora de Claude. El entusiasmo ya no se limita a los modelos de IA: también impulsa una fuerte carrera por invertir en fabricantes de chips, infraestructura de computación y data centers, considerados la columna vertebral de esta revolución tecnológica. Para startups e inversionistas, la señal es clara: la inteligencia artificial se consolidó como el principal motor de innovación, creación de empresas y atracción de capital a nivel global.
Pero este entusiasmo levantó nuevamente las alertas por una posible burbuja y el temor a que esta explote, tal cual ocurrió con las “empresas puntocom” a principios de este milenio. En ese entonces, inversionistas, startups y el mercado también se volcaron a poner fichas en ideas basadas en el nacimiento de internet y la web. La pregunta es ¿cuáles son las diferencias y similitudes entre ambos momentos históricos?
Para el economista Roberto Bonifaz, la semejanza de fondo es la misma que hizo estallar la burbuja puntocom: un desbalance entre oferta y demanda. “Creo que hay varias similitudes , pero la más grande es que el gran problema –tanto desde el 99 hasta el 2002– es que la oferta superaba ampliamente la demanda. En el caso de las puntocom se hacían valuaciones asumiendo casi un número infinito de clientes, que al final no resultó ser real. Acá la inversión en centros de datos para procesar lo que necesitan las inteligencias artificiales claramente excede la demanda. Entonces ambas van a tener una corrección grande por eso”, afirma.
Sin embargo, advierte que la diferencia está en cómo se financia ese exceso, y que eso podría hacer más doloroso el ajuste esta vez: “Muchas de las apuestas de ahora están financiadas por capital de emprendimiento, pero también hay una parte importante financiada con deuda o crédito privado, sobre todo en los centros de datos. Y eso es un problema, porque si se cae esa parte -que creo que va a pasar, no porque no se necesite, sino porque hay un exceso de oferta-, el golpe va a ser más grave que en el punto com”, sostiene Bonifaz.
Ambas eras
El empresario chileno Roberto Musso conoce bien ambas realidades. A fines de los años 90 fundó, junto a Alfonso Cádiz, STI, una empresa de software que en 2000 fue adquirida por la española Unión Fenosa, en lo que es considerado uno de los primeros exits tecnológicos de Chile. Desde entonces ha impulsado más de una veintena de startups y, a través de Digevo, ha transitado por las distintas olas de la industria (internet, móviles y ahora inteligencia artificial).
Según Musso, la actual ola de inteligencia artificial comparte con internet su carácter de tecnología de propósito general, aunque con una diferencia clave: “Es similar a internet en que va a afectar a todas las industrias. Pero también es diferente, porque hoy el beneficio económico se concentra en pocas empresas -Anthropic y OpenAI- que ya tienen ingresos reales, ya están facturando, más allá de que el EBITDA todavía no muestre ganancias por lo altas que fueron las inversiones. Yo creo que la inteligencia artificial va a tener un impacto más profundo que internet, pero la captura de valor va a depender mucho más de la transformación de las empresas que del simple uso de la tecnología”, explica el fundador de Digevo.
Si hay un nombre ligado al nacimiento de internet en Chile, ese es el de José “Pepe” Flores. Ingeniero en computación y uno de los pioneros de la era puntocom, fue cofundador de Tecnonáutica en 1995, empresa que desarrolló algunos de los primeros grandes proyectos de internet del país, como los sitios de ProChile, La Tercera y el precursor de ChileCompra, y que en 2000 fue adquirida por Telefónica. Desde entonces ha seguido impulsando proyectos de innovación a través de Newtenberg, consolidándose como una de las figuras fundacionales del ecosistema digital y emprendedor chileno.
Para Flores, ambos períodos comparten la misma promesa de negocios revolucionarios, pero el contexto mundial de hoy es radicalmente distinto: “Hay un factor común: los dos momentos tienen empresas nuevas que prometen negocios revolucionarios en el futuro, con muchos retornos que van a llegar. Esa promesa de ingresos futuros a partir de las inversiones se planteó en los dos casos. Pero creo que hay diferencias sustanciales, porque el contexto del mundo es distinto: hace 30 años veníamos con ciertos paradigmas que eran incuestionables, y hoy la transición ecológica, demográfica, laboral y financiera plantean desafíos que antes no existían. Por eso creo que el fenómeno que estamos mirando ahora es completamente distinto, porque las condiciones del mundo son diferentes”, dice Flores.
Desde el punto de vista de la academia, una opinión clave es la de Ricardo Baeza-Yates, uno de los científicos chilenos más reconocidos en el mundo de la computación. Pionero en investigación sobre motores de búsqueda durante la era puntocom, lideró equipos en Yahoo! Labs y hoy es una de las principales voces globales en inteligencia artificial y ética digital. En 2024 recibió el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas por su trayectoria científica.
Baeza-Yates considera que en el 2000 había falta de capital, pero ahora -principalmente en EEUU- este es exagerado. “Pero, por otra parte, hoy los ingresos son muchos más bajos en comparación relativa a las inversiones”, dice.
Sin embargo, estima que “también el marketing actual es mucho más exagerado y menos ético, lo que esconde mejor una posible burbuja. En Chile la burbuja es mucho menor, pero no creo que se pueda evitar si explota la de EEUU”, sentencia Ricardo Baeza-Yates.
Entre el economista, los dos pioneros del ecosistema digital chileno y el científico de datos, el diagnóstico converge en un punto: la tecnología detrás de la inteligencia artificial es real y llegó para quedarse, pero el mercado que se ha construido alrededor de ella -sus valorizaciones, su financiamiento y el discurso que la rodea- sí podría estar inflado, y una corrección, tarde o temprano, parece inevitable.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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