Antonio Scurati: “La pandemia ha detenido al populismo, pero esto no ha terminado”

Antonio Scurati se dio la monumental y compleja tarea de escribir una biografía sobre Benito Mussolini, hasta hace poco un tema tabú en Italia. “M. El hijo del siglo” se convirtió en un suceso a nivel global y acaba de aparecer la segunda parte. Según este autor, fue el líder e italiano quien de alguna manera “inventó” el concepto de populismo. “El dirigente que basa su mensaje en el miedo y no en la esperanza es un populista”, dice en esta entrevista con La Tercera.




“Italia quiere ser tratada por las grandes naciones del mundo como una hermana, no como una camarera”, dijo Benito Mussolini, muy seguro de sí mismo, en una declaración a la prensa de su país, el 3 de noviembre de 1922. Días antes, el rey Víctor Manuel le había pedido al líder del Partido Nacional Fascista la formación de un nuevo gobierno. A esa altura Mussolini ya era todopoderoso: había entrado triunfante a Roma junto a miles de sus seguidores y estaba listo para asumir el poder absoluto del país. No pasó mucho para que el sistema parlamentario se hiciera trizas y comenzara un régimen de corte fascista, que se extendió hasta su colapso durante la Segunda Guerra Mundial.

“Hasta no hace tanto Benito Mussolini era una suerte de tabú en Italia, estaba prohibido”, dice el escritor italiano Antonio Scurati (Nápoles, 1969), en conversación con La Tercera vía Zoom. Scurati remeció las viejas heridas de su país con M. El hijo del siglo (Alfaguara), una extraordinaria biografía sobre el dictador italiano que ha vendido nada menos que 500 mil ejemplares en Italia y que está disponible desde el año pasado en Chile. “Los lectores han entendido que mi trabajo no es una apología al fascismo, sino que ha servido para cambiar algunas ideas respecto de Il Duce”, apunta el autor.

M. El hijo del siglo -cuyo título abrevia a Mussolini a una sola letra- ha sido traducido en 42 países y se convirtió en un fenómeno no visto desde Gomorra, el libro de Roberto Saviano sobre la Camorra, otro tabú en Italia. En su obra, Scurati aborda el ascenso de Mussolini desde sus días como militante socialista hasta 1925, cuando consolidó su dominio absoluto sobre el nuevo Estado fascista. Todo, en clave de “novela documental”, donde “todos y cada uno de los personajes, diálogos o discursos narrados están documentados históricamente”.

“En los últimos años hemos tenido importantes dirigentes que comenzaron a citar a Mussolini en sus discursos, como el exministro del Interior Matteo Salvini, por ejemplo. Hace 20 años eso era imposible”, sostiene Scurati, quien teoriza: “Me han sorprendido las similitudes que he encontrado entre Mussolini y dirigentes populistas actuales”. El escritor italiano asegura que las raíces del populismo actual yacen precisamente en Mussolini, como queda también en evidencia en la segunda parte de su biografía que acaba de ser publicada en algunos países de Europa y que lleva por título M. El hombre de la providencia (Alfaguara). Cuando termine su saga, de cuatro volúmenes, Scurati habrá completado más de 10 años investigando a la convulsionada Italia de “Il Duce”.

¿Es Mussolini el arquetipo del populismo actual?

Sí. Eso es algo que me han dicho los lectores, que además me han comentado que al entender el antiguo fascismo pueden dimensionar de mejor manera lo que está ocurriendo hoy en día. Es obvio. Me han sorprendido las similitudes que he encontrado entre Mussolini y dirigentes populistas. En 1919 Mussolini ya decía que no era un político, sino que un anti político; que no tenía un partido, sino que un anti partido. En Europa muchos líderes usan esos mismos conceptos de la anti política. Mussolini inventó el populismo, inventó al líder populista. Y ojo que con esto no digo que todos los líderes populistas sean fascistas, no digo eso, porque esa es una manera errónea de mirar las cosas.

¿Cuáles son las principales características que usted ve en el populismo de hoy?

El populismo actual en la política está basado en el mensaje del miedo, no de esperanza. Mussolini venía del Partido Socialismo, que propagaba la idea de que el futuro sería mejor que el pasado. Su símbolo era el sol naciente del futuro. Mussolini viene de ahí y él sabía el poderío de ese mensaje. Pero después el mensaje que más impactó fue el del miedo, el miedo a ese socialismo y también el miedo a lo extranjero. El dirigente que basa su mensaje en el miedo y no en la esperanza es un populista.

Muchos líderes llevan utilizando esta estrategia desde hace años ¿Cree que a esta altura de la pandemia de coronavirus el mensaje del miedo pudiese ser menos efectivo, ya que la ciudadanía podría estar más abierta a un discurso esperanzador?

La pandemia ha cambiado las cosas. Antes de la pandemia el mensaje del miedo calaba hondo, era el mensaje ganador, de alguna manera. Por ejemplo, los líderes populistas en Europa elevaron el mensaje del miedo hacia los inmigrantes, Salvini y varios otros, como Donald Trump, que yo creo que no tenía idea quién era Mussolini. Pero ahora tengo mis dudas, porque tengo la idea de que ya no queremos sentir miedo. De todos modos, me temo que la pandemia solo signifique una pausa para el populismo, pero en ningún caso su final. Creo que estamos en el comienzo de la era del populismo, no en su final.

Respecto de los dirigentes de corte populista la gente primero se burla, se ríe de ellos, pero después todo cambia ¿Qué otros paralelos entre Mussolini y líderes populistas actuales ve usted?

Sí, por supuesto. Hay un estúpido sentimiento de superioridad de cierta ciudadanía. ¿Cuántos miraron por sobre el hombro a Trump? Muchos los califican de payasos, de estúpidos, pero luego se preguntan cómo la gente pudo votar por ellos. Yo creo hay muchas personas que no entienden lo poderoso que son este tipo de dirigentes populistas. Hay otro paralelo: la importancia del uso del cuerpo y las gesticulaciones. Mussolini encantaba a las masas con el movimiento de sus brazos, por ejemplo. El entendió que, en política, el cuerpo puede ser más importante que el intelecto. Y por lo mismo usó su cuerpo para comunicarse con millones de personas. Esto significa que la comunicación política puede transformarse en algo irracional: ahora no importa lo que se diga, sino que importan más los eslóganes y las emociones. Basta ver lo que hizo Trump con su cuerpo, que es tan desagradable, pero efectivo en su mensaje. Trump le dijo a todo el mundo que no necesitaban un doctorado, ni un magister, ni ser listos ni educados, porque él entendía a la gente, él era la gente. Y si alguien está en contra de eso, está en contra de la gente. Eso es el populismo.

Donald Trump junto a Jair Bolsonaro en Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, el 7 de marzo de 2020. FOTO: REUTERS/Tom Brenner

¿Cómo este tipo de dirigentes logra convencer a la población de sus ideas?

Ellos no tienen ideas. Y esa es otra característica del populismo. El socialismo, por ejemplo, se caracteriza por discutir largamente sobre la teoría política. Mussolini decía que las ideas y el programa político no importaban. El decía que podía manejar a las masas siguiendo al viento, que no tenía estrategia y que podía oler cuando la gente estaba desalentada.

¿La pandemia ha sido un caldo de cultivo para el populismo?

La pandemia ha detenido de alguna manera al populismo. Esto, porque en este tipo de tragedias la gente confía más en personas serias. Veamos lo que pasó en Estados Unidos, Italia o Brasil. Sin embargo, pienso que tras la pandemia regresaremos al punto donde estábamos antes. Creo que Salvini será primer ministro, por ejemplo. Me temo que el populismo no se ha terminado, sino que solo ha comenzado y deberemos lidiar con esto por muchos años.

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“Benito Mussolini es de fuerte constitución física, aunque padezca sífilis. Esta robustez le permite trabajar sin parar. Descansa hasta bien entrada la mañana, sale de su casa al mediodía, pero no regresa antes de las tres de la madrugada, y esas quince horas, menos una breve pausa para comer, están dedicadas a la actividad periodística y política (…). Es un hombre sensual y ello queda demostrado por las numerosas relaciones que ha mantenido con distintas mujeres. Es emotivo e impulsivo. Estos rasgos lo convierten en alguien fascinante y persuasivo en sus discursos. En el fondo es un sentimental y eso le granjea muchas simpatías, muchas amistades. Es ambicioso (…)”.

Esta descripción no es de un seguidor de “Il Duce”, sino que corresponde al informe del inspector general de seguridad pública, Giovanni Gasti, que realizó en 1919, año en que Mussolini dirigía el periódico Il Popolo de Italia, pero también a los Fasci italiani di combattimento, grupos armados que fueron la génesis del Partido Nacional Fascista.

¿Qué mito sobre Mussolini derribó gracias a su investigación?

Yo pensaba que Mussolini estaba motivado por la ideología, pero eso no es tan así: no tenía principios ni ideología, y usó todo lo que encontró para llegar al poder. Y eso es lo que traté de transmitir en mi libro. Gente me preguntó después si todo lo que describo pasó realmente. Y la respuesta es sí, porque hice una investigación en terreno. No inventé nada, ni siquiera los pequeños detalles. La verdad suele estar en los pequeños detalles.

El escritor italiano y biógrafo de Mussolini, Antonio Scurati.

¿La figura de Mussolini era un tabú en Italia antes de la publicación de su libro?

Sí, de alguna manera sí. Por primera vez se abordó a Mussolini desde una novela histórica. Eso no había pasado en Italia antes, porque había un tabú que proviene del movimiento antifascista. Ahora somos una democracia, una República. Esa cultura no aceptaba que Mussolini pudiese ser el protagonista de una novela, aunque lo mío es una investigación histórica. Su figura estaba prohibida. Cuando decidí hacerlo rompí un tabú. Yo no quiero que el lector empatice con su figura y por eso escribí una novela documentada. Los lectores han entendido que esto no es una apología del fascismo ni mucho menos. El libro ha servido para cambiar algunas ideas respecto de Mussolini, desde un punto de vista no necesariamente antifascista.

¿Cuál es la visión de Mussolini hoy en Italia?

Lo que me permitió escribir el libro fue una suerte de giro histórico y cultural en mi país. Hace unos 15 años el sentimiento antifascista comenzó a diluirse lentamente. Por eso decidí escribir el libro, porque sentí que ahora hay un pensamiento más democrático para abordar este tipo de cosas. Los libros son lo más democrático del mundo, porque están abiertos para todos y entregan conocimiento.

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