Deborah Lipstadt, historiadora: “Hay una especie de intolerancia por las ideas diferentes”

Deborah Lipstadt. Foto: REUTERS/Abdel Hadi Ramahi

Una película (Denial), protagonizada por Rachel Weisz, llevó su historia a la pantalla grande en 2016, después de que Lipstadt, una estudiosa del Holocausto, fue demandada por el escritor David Irving por difamación. El juicio le dio la razón a la historiadora, que se transformó en ícono.


La historiadora, académica y escritora estadounidense había tenido una destacada trayectoria en estudios sobre el Holocausto. Pero cuando el historiador británico David Irving la demandó en 1996 (a ella y a su editorial, Penguin Books) por difamación a causa de su libro Negando el Holocausto, su vida, su obra y su lucha traspasaron fronteras. Fue un gran caso y un largo juicio, que duró seis años, y que se conoció como David Irving contra Penguin Books y Deborah Lipstadt. En el curso de esos años, ella y su defensa tuvieron que probar que Irving era un negacionista del Holocausto, que había inventado y mentido. Y lo lograron, obteniendo un histórico y trascendental fallo a su favor, y en el que la corte declaró a Irving un “polemista de derecha” comprometido en antisemitismo, racismo y misoginia.

Una película, Denial (Negación), protagonizada por Rachel Weisz, llevó su historia a la pantalla grande en 2016, y Deborah Lipstadt se transformó en un ícono. “La mujer que destruyó al arrogante vocero de los neonazis”. Así la describió el diario El País cuando se estrenó el filme en España. Sus numerosos libros galardonados incluyen: El juicio de Eichmann; History on Trial: My Day in Court with a Holocaust Denier (en el que se basó la cinta) y Antisemitismo: aquí y ahora. Su biografía de Golda Meir será publicada por Yale University Press en 2023.

Los presidentes Bill Clinton y Barack Obama la nombraron en el Consejo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos, y el Presidente George W. Bush le pidió que representara a la Casa Blanca en el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz. Desde 2020 es enviada especial de su país para Monitorear y Combatir el Antisemitismo y vino a Chile después de visitar Argentina, donde participó en actos conmemorativos del aniversario del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, en 1994, y que costó la vida a 85 personas e hirió a otros cientos, y que sigue siendo uno de los ataques más mortíferos contra judíos en los últimos 50 años.

Deborah E. Lipstadt, en una imagen de febrero pasado.

Lipstadt tiene rango de embajadora, pero aparece con sencillez y sin boato alguno en el Instituto Chileno Norteamericano de Santiago para conversar con La Tercera. Se prepara ella misma un té con leche y galletas, y parte explicando sus esfuerzos para contrarrestar el antisemitismo en el mundo, y su relevancia para los derechos humanos. “El antisemitismo es como el canario en la mina. Es la alarma”, asegura.

Su caso, que fue histórico, fue un duro golpe para el neonazismo. ¿Qué explica el reciente auge del antisemitismo en Estados Unidos y Europa?

Creo que son muchos factores. Creo que las redes sociales han servido como una fuerza que permite la difusión de ideas que antes era más difícil y tardaban más en difundirse. Pero no quiero culpar solo a las redes sociales, porque estas son como un cuchillo.

¿Cómo así?

Un cuchillo en manos de un asesino te matará, un cuchillo en manos de un cirujano salva tu vida. Pero (además de) las redes sociales -el sistema de distribución- creo que también ha habido fuerzas en el mundo que han empujado hacia los extremos, de izquierda y derecha, especialmente la izquierda, pero no solo la izquierda. Una especie de intolerancia por los matices, por las ideas diferentes. Y ha habido cierta dislocación social, de empleos, la globalización, y la gente busca a alguien a quien culpar. Y, ya sabes, había una broma que supuestamente era contada por judíos en Alemania durante el período nazi. Era que un líder nazi, en una gran reunión, dice: los judíos hicieron esto y los judíos hicieron aquello, y los judíos son una desgracia. Y alguien grita: también los ciclistas. Y le dice: ¿Por qué los ciclistas? Él contesta: ¿Por qué los judíos?… pero funciona. Es lo mismo en Estados Unidos, donde si le dijera a alguien que anoche me asaltaron, nueve de cada 10 asumiría que fui asaltada por una persona negra. Porque eso es el default, el racismo inconsciente al que acude la gente.

¿Y qué se puede hacer para enfrentar el discurso de odio, que es habilitante de la violencia que viene después?

Puede sonar extraño viniendo de alguien que fue demandada por difamación, pero soy una gran creyente en la libertad de expresión. En primer lugar, creo en la libertad de expresión. En segundo lugar, no creo que estas leyes sean eficaces. No creo que funcionen. Le dices a alguien: no se te permite leer este libro, y lo primero que va a hacer el niño es ir a leer el libro. Pero sí creo que es muy necesario, es imperativo, que los líderes -sociales, académicos, políticos- denuncien esto, denuncien el extremismo, lo condenen, digan: no defendemos esto. Y no porque, en el caso del antisemitismo, queramos ser buenos con los judíos. No. (Es) porque es un peligro para lo que representamos. Uno de los temas que he estado visitando, revisitando, ciertamente aquí en Sudamérica, es que el antisemitismo es un asalto no solo contra los judíos. Quiero decir, si fuera un asalto a los judíos, eso sería lo suficientemente malo, porque el trabajo del gobierno es proteger a sus ciudadanos. Entonces, si tienes ese odio, si tienes ese antisemitismo, el trabajo del gobierno es abordarlo. Pero, ciertamente, también es un asalto a la seguridad de cualquier gobierno, ciertamente de cualquier democracia, porque el antisemitismo es una teoría de la conspiración.

¿Cómo opera?

(El antisemitismo) es un prejuicio como otros prejuicios pero, a diferencia de otros prejuicios, es una teoría de la conspiración, argumentando que los judíos quieren controlar, (que) controlan los medios de comunicación, las elecciones, el banco… Luego, “si los judíos controlan estas cosas, entonces su democracia no es realmente una democracia”. Entonces, como les he estado diciendo a muchos de sus líderes políticos, el antisemitismo es como el canario en la mina de carbón. Si el canario se desploma, sal de la mina de carbón. Es la alarma.

Volvamos a la libertad de expresión. Usted ha criticado la proliferación de los llamados “espacios seguros” en las universidades (negarles el derecho a hablar a algunas personas, por ejemplo). ¿Cómo ve ese fenómeno?

Veo eso como lo que yo llamo el macartismo de izquierda. No estoy diciendo que las personas en la universidad deban ser agredidas o atacadas, pero la universidad debe ser un lugar donde tus ideas sean desafiadas, donde aprendas y encuentres ideas nuevas y diferentes, y aprendas a defender las ideas que sostienes. Y encuentro toda esta idea de “espacios seguros”… Una vez más, no estoy diciendo que deba haber una libertad para todos, y que alguien pueda ponerse de pie y usar malas palabras para describir a alguien, o hacer ataques de género o ataques raciales, estoy en contra de eso. Creo que eso es completamente incorrecto, no debería permitirse. Pero esta idea del “mimo” intelectual me parece muy inquietante… (Tampoco) es que todos tengan el derecho inherente de venir y hablar en una universidad…

A decir que “la Tierra es plana”, por ejemplo…

Si están proponiendo una idea que es tan escandalosa como que la Tierra es plana, o que las vacunas son una conspiración, o que las personas de color son genéticamente inferiores, ese tipo de cosas, no tienes que darle a esa persona una plataforma. (Eso) no es libertad de expresión. Y en Estados Unidos, la Primera Enmienda dice que el Congreso no tomará ninguna medida para infringir la libertad de expresión. Por supuesto, no puedes difamar, no puedes calumniar, no puedes contar secretos de Estado, no puedo decir: anda a matar a esa persona y decir que es libertad de expresión o algo así. Tampoco significa que pueda ir al periódico y decir: tiene que publicar mi carta porque es libertad de expresión. El periódico dirá: no tenemos ninguna obligación. O ir a la universidad y decir, tienes que darme un lugar para dar una conferencia porque es libertad de expresión. No es lo que es. La Tierra es plana es un ejemplo perfecto. Pero la idea de que las personas no deben ser desafiadas o nunca hacerlas sentir incómodas, es ridícula.

Su juicio fue fascinante. Me sorprendió mucho que usted debió probar que el Holocausto había existido, el peso de la prueba estaba en usted y no en él…

El juicio fue bajo la ley británica de difamación, que pone la carga de la prueba en la persona que dijo o escribió las palabras. Alguna gente me dijo: ignóralo, no luches contra él, es una pérdida de tiempo. Yo dije: espera un minuto. Si lo ignoro, él gana por defecto. Y luego puede decir: Deborah Lipstadt me calumnió cuando me llamó negador del Holocausto. Ipso facto, no soy un negacionista del Holocausto. Y luego, ipso facto de nuevo, la versión de David Irving del Holocausto es cierta. Así que realmente no tuve más remedio que luchar contra él. Y al final demostramos que había cámaras de gas en el proceso de asesinato y todo eso, pero lo que realmente hicimos fue probar que cuando lo llamé negador del Holocausto, yo estaba diciendo la verdad.

¿Cómo trabajaron el caso?

Lo que realmente hicimos fue demostrar que es un mentiroso, es un inventor de la historia. Entonces, en lugar de llamar a los sobrevivientes como testigos, llamamos a los historiadores. Y en vez de “seguir el dinero” (como se dice), seguimos las notas a pie de página, hasta llegar a las fuentes originales. Y demostramos que repetidamente mintió, inventó. En otras palabras, no probamos cuántas personas fueron asesinadas en Auschwitz, pero probamos que cuando dijo que fueron “solo” 600.000 los que “murieron” en Auschwitz, no tenía la evidencia para probarlo.

Entrada del campo de concentración de Auschwitz, en Oswiecim, Polonia

Irving estuvo preso después, pero no por su caso, ¿no?

Sí, no tuvo nada que ver conmigo. La mía era una demanda civil.

Fue en Austria…

Sí, en Austria, donde es ilegal negar el Holocausto, lo cual entiendo. Entiendo por qué Austria y por qué Alemania y por qué Polonia tienen estas leyes. Pero, de todos modos, lo que sucedió es que como resultado de la tremenda victoria que tuvimos, cualquiera que diga ahora “no había cámaras de gas, o no había un plan para matar a los judíos”, se ve bastante ridículo.

Este caso le tomó muchos años de su vida. ¿Sintió, en algún momento, que no valía la pena seguir adelante?

En ciertos momentos dije: ¡Esto es interminable! Una vez le dije a mi abogado: ¿Estoy cometiendo un error? Él dijo: Deborah, no tienes otra opción. ¿Cuál es la alternativa? Así es que no tenía alternativa y simplemente miré hacia adelante. Pero también tuve un tremendo apoyo, de mi universidad, de personas en general, de judíos y no judíos.

Su caso se relaciona con uno de los más graves problemas que enfrentamos hoy: las noticias falsas, que están envenenando la democracia en todas partes.

Con eso estoy absolutamente de acuerdo… Esto se remonta a sus preguntas anteriores sobre la negación del Holocausto. Algunas personas dijeron: ella no permite el debate sobre el Holocausto. Es ridículo. Puedes debatir por qué sucedió. Se puede debatir si el genocidio fue la idea de generales y oficiales en el campo que regresaron y comenzaron a matar y luego Hitler dijo ¿esto es algo bueno? ¿O fue algo que vino de arriba hacia abajo? ¿Vino de ambos lados? Se puede debatir si es que Estados Unidos se hubiera metido en la guerra antes tal vez podría haberse detenido. Hay muchas cosas que debatir, pero no si sucedió o no.

La importancia de las palabras

Deborah Lipstadt visitó el Museo de la Memoria en Santiago y quedó muy impresionada. Está muy interesada en cómo una sociedad representa su pasado. “Es crucial mirar tu pasado. Es muy importante recordar lo que salió mal en el pasado para hacerlo bien en el futuro”, dice. “¿Qué pasa cuando no prestas atención? ¿Cuando no prestas atención a las palabras? Eso es parcialmente parte de mi tarea ahora. Es demasiado tarde para haber detenido el Holocausto en 1941. La idea es hablar antes, y no tolerar las cosas más pequeñas, porque las cosas grandes siempre comienzan con cosas pequeñas y generalmente son las palabras”, dice.

¿Qué ha sentido en esta visita a Chile respecto de todas las cosas que hemos discutido: historia, memoria, derechos humanos, pasado y futuro?

Chile es visto por Estados Unidos (como) ejemplar en el hemisferio, ciertamente después del trauma de años anteriores en materia de derechos humanos. Y este nuevo gobierno abraza eso particularmente. Pero en mis conversaciones con funcionarios del gobierno y con otras personas también, una de las cosas de las que hablé fue que en el fuerte abrazo de este gobierno con los derechos humanos, los antiprejuicios, etc. aseguren que vea el antisemitismo como parte de la panoplia de odios, de prejuicios. Como dije antes, el canario en la mina. Y a veces hay una tendencia que viene de la izquierda, no de todos...

¿Quiénes?

En mi libro hablo de esto en relación con el Partido Laborista bajo Jeremy Corbyn, eso de ver a los judíos como privilegiados, poderosos… usar esos tropos antisemitas y decir: “¿De qué se quejan?, nosotros tenemos problemas reales”... Una de las cosas que son inútiles es el dolor comparativo… Hay una tendencia entre algunas personas de izquierda -no todos, pero lo vemos a veces- de mirar a los judíos y decir: son blancos (lo cual no es cierto, en Israel el 50% no es de origen europeo), privilegiados, poderosos y no pueden ser víctimas de prejuicios. Y a la derecha, también…

¿Cómo?

Como en Charlottesville (2017) o algunos de los tiroteos que hemos tenido (demasiados; uno ya es demasiado). Eso de mirar al judío y decir que es el titiritero. No sé si ustedes han oído hablar de la Gran Teoría del Reemplazo, del genocidio blanco, de que hay un plan en marcha para destruir la cultura cristiana blanca, trayendo a Europa y Estados Unidos personas negras de África, personas morenas de la frontera… Dice el supremacista blanco -que promulga este punto de vista- que las personas negras, musulmanas, morenas, no son lo suficientemente inteligentes como para hacer esto por su cuenta. Tiene que haber alguien detrás de escena. ¿Quién es el titiritero? El judío. Así que lo que aparece en ambos extremos del espectro es una tendencia a descartar los peligros del antisemitismo. Y, volviendo al punto que estaba haciendo antes en términos del canario en la mina de carbón: si comienza con los judíos, no termina con los judíos.

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