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Tres miradas a un mismo dilema: ¿es posible recuperar la confianza pública?

Esa fue la principal pregunta que abordó el diálogo organizado por el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello en el marco de la Semana de las Mujeres de esa casa de estudios. Una instancia en la que se analizó, además, cómo revertir una cifra alarmante: el 95% de los chilenos declara desconfiar de la política, según la OCDE.

De acuerdo con estudios de la OCDE, menos del 40% de la población de los países miembros confía en sus gobiernos. En Chile, el panorama es más complejo, con cerca del 95% de las personas que dice desconfiar de los políticos.

Es innegable que en los últimos años han aparecido obstáculos para lograr consensos y abordar amplias desigualdades, como también para reforzar los cimientos democráticos que se han construido desde la década de los 90. Y no solo las instituciones del Estado enfrentan dificultades, lo que ha extendido la desconfianza pública hacia distintos estamentos.

Si bien Bomberos, Carabineros o las universidades aún mantienen niveles de confianza relativamente altos, la desconfianza puede propiciar fenómenos como el populismo, la polarización y la búsqueda de mecanismos alternativos para resolver conflictos que afectan a la población.

Para enfrentar con claridad lo ocurrido en estos años y preguntarnos cómo reconstruir la confianza perdida en el país, tres mujeres líderes en ámbitos como el Estado, la academia y los medios de comunicación fueron parte del conversatorio “Recuperación de la confianza pública: una mirada desde el liderazgo femenino”, organizado por el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello (UNAB) en el marco de la Semana de las Mujeres

Natalia González, presidenta del Consejo para la Transparencia; Gloria Faúndez, editora general de La Tercera, y Lorena Recabarren, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Andrés Bello, abordaron el desafío de reconstruir la confianza en un diálogo moderado por Raúl Figueroa, director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas de la UNAB.

“Cuando se debilita la confianza en las instituciones, también se debilita la democracia” aseguró de entrada Figueroa, mientras que, para Natalia González, parte de la desconfianza que hoy existe hacia la institucionalidad pública es porque las personas tienden a verlas como meros comentadores de la realidad, sin jugar su rol preponderante.

“Cuando las instituciones públicas no ejercen sus atribuciones, se abre un espacio directo a la desconfianza ciudadana”, precisó durante el diálogo.

“El Estado está al servicio de las personas. Nunca podemos olvidar que esa es la obligación que nos impone la Constitución”, explicó González, quien añadió que las instituciones no sólo deben ejercer sus atribuciones, sino mostrar que las están ejerciendo y transparentar la forma, los procedimientos, los medios, las decisiones que toman y los fundamentos de esas decisiones. “Las instituciones las hacen las personas. Y si esas personas no ejercen sus responsabilidades, la confianza inevitablemente se erosiona”.

El papel de los medios en la confianza pública

Desde el mundo de los medios de comunicación, Gloria Faúndez abordó el rol del periodismo de cara a recuperar la confianza pública. Ante ello, fue honesta al señalar que “los medios de comunicación somos parte del problema de la desconfianza. Y por eso también debemos ser parte de la solución”, aclarando que la profesión también enfrenta un proceso de transformación del ecosistema informativo.

En su intervención, Faúndez explicó cómo las comunicaciones, al formar parte del contexto de desconfianza, también afectan a distintas instituciones. “Lo que hacemos los medios es construir el espacio público. Y sin información confiable no hay democracia posible”, aseguró la periodista, señalando los problemas que enfrenta el contexto actual, con mucha información que circula “muchas veces sin mediación profesional” acrecentando la aparición de bulos o noticias falsas que deterioran la confianza. “Ese es uno de los mayores desafíos para los medios”, reconoció.

“Cuando se debilita la confianza en las instituciones, también se debilita la democracia”, dijo Raúl Figueroa a modo de introducción al diálogo.

Faúndez dimensionó el fenómeno a partir de su experiencia profesional, y advirtió que uno de los puntos críticos es que “la gente ya no busca los medios para informarse: muchas veces los busca para reafirmar lo que ya cree”; una situación que admite ser compleja, porque se forma una paradoja de desinformación que, a la hora del diagnóstico, impacta a la hora de cumplir con la labor periodística y, en consecuencia, en la reconstrucción del espacio público, particularmente la fiscalización del poder.

Formación profesional y Estado de derecho

Desde el ámbito de la ley, la tercera invitada al seminario, la decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Andrés Bello, Lorena Recabarren, abordó el problema desde la perspectiva de la formación profesional y el funcionamiento de las instituciones. Para ella, la confianza se vincula directamente con la capacidad de las instituciones para responder a las expectativas de las personas. “Cuando las instituciones dejan de satisfacer las necesidades o demandas de la ciudadanía, se comienza a erosionar la confianza”, afirmó.

“Eso ocurre en muchos ámbitos: cuando la justicia no llega a tiempo, cuando una política pública no cumple lo que prometía o cuando un profesional no actúa con la rigurosidad que se espera de él”, señaló. “Cuando se debilita la confianza en el Estado de derecho, lo que está en juego es la democracia”.

Las tres profesionales coincidieron en que recuperar la confianza pública requiere un esfuerzo compartido entre instituciones, profesionales y ciudadanía. Más allá de reformas legales o cambios tecnológicos, el desafío radica en fortalecer las prácticas y los valores que sustentan el funcionamiento democrático.

Un esfuerzo compartido

Como resumió el propio Raúl Figueroa al finalizar la conversación, la confianza es un elemento esencial para la vida social, especialmente en el andamiaje institucional, donde son las personas quienes hacen toda la diferencia. “Es en el comportamiento humano donde surgen las distorsiones, pero también es desde ahí donde se puede reconstruir algo tan fundamental para la democracia como la confianza”, concluyó.

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