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Test: Renault Fluence Expression MT

<p>Los sedanes eran hasta hace pocos años los autos más apetecidos por los chilenos, pero la irrupción de los todoterrenos ha dejado en un segundo plano a modelos que conjugan la versatilidad y calidad conductiva, necesidades básicas de todo usuario, pero en un formato de menor volumen, más conservador y menos jugado. No son las [&hellip;]</p>

Los sedanes eran hasta hace pocos años los autos más apetecidos por los chilenos, pero la irrupción de los todoterrenos ha dejado en un segundo plano a modelos que conjugan la versatilidad y calidad conductiva, necesidades básicas de todo usuario, pero en un formato de menor volumen, más conservador y menos jugado.

No son las marcas francesas quienes más saben de sedanes, pero las asociaciones le han permitido a Renault evolucionar en esta materia. El Fluence nació de la unión con Nissan, que a su vez era propietaria de la coreana Samsung, siendo básicamente la nueva generación del SM3 para los mercados de exportación. Y quizás ahí radica su éxito, en los aportes de cada una de las culturas. Por una parte, el diseño y la preocupación por los detalles de Renault; por el otro, la calidad y confiabilidad mecánica de Nissan, y finalmente, la eficacia constructiva y la funcionalidad de Samsung. El resultado es un modelo atractivo, con tres cuerpos bien definidos, una mecánica confiable, mucho equipamiento y un interior amplio y bien construido. Todos esos elementos conviven en completa armonía, en un auto que, además, se ofrece a un muy buen precio. Este Fluence muestra una actualización estética que se nota en el frontal, con el rombo de Renault dominando la nueva parrilla.

El interior se ve algo espartano, con materiales correctos y terminaciones adecuadas, sin nada fuera de lugar que moleste en demasía a la vista. Los elementos de la consola son funcionales, no modernos y sofisticados. No hay ninguno que falte y ninguno que sobre. El espacio en las plazas traseras es muy correcto para tres adultos de mediana estatura, aunque de preferencia de contextura delgada. El maletero, con 545 litros de capacidad, es uno de los más grandes del segmento, clara ventaja de este modelo.

Hasta ahora, el Fluence se vendía con un motor 2.0, agregando ahora un nuevo 1.6 litro con caja mecánica de cinco velocidades. Es un motor nuevo para este modelo, pero conocido para la marca. Tiene 110 caballos de potencia, y aunque responde bien en un manejo tranquilo de ciudad, se siente pesado y un poco lento cuando hay que buscar mayor agilidad. La caja de cinco marchas está bien relacionada, pero le pesa la ausencia de una sexta marcha para bajar las rpm cuando se circula a 120 km/h. Esto, además, afecta el consumo pues si bien en ciudad promedia 11 km/l, no supera los 15 en carretera, poco para un motor tan pequeño.

La suspensión es la típica de este segmento, muy familiar, que aguanta las irregularidades del camino a costa de rebotar más de la cuenta. La carrocería se carga bastante al momento de tomar una curva y tiende a tener cabeceos cuando se frena. En ese sentido, tiene una puesta a punto más asiática que europea. Dentro del equipamiento destacamos los seis airbags de serie, control de estabilidad, luces diurnas LED, sensor de retroceso, tarjeta inteligente con botón de partida, aire acondicionado y sistema de infoentretenimiento con pantalla, algo que no se ve mucho en este segmento de precio, entre otros.

Así, por $ 9.190.000, precio con bono incluido, tenemos un auto con un claro enfoque familiar, muy bien equipado, económico en su precio (no en su uso) y con un diseño conservador, pero que no molesta a nadie. Una compra racional y funcional.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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