Claudio Lomnitz, antropólogo: “No ha habido un gobierno en estos años que le haga frente y de una manera decidida a la desaparición forzada en México”
El también historiador señaló, en conversación con La Tercera, que “la desaparición está ligada en México al uso de la violencia extrajudicial para ir creando ramas de actividad económica”. “Para hacerle frente a esto, el gobierno tendría que empezar por hacer un inventario de la economía violenta, y no nada más estar jugando con estadísticas y con leyes”, dijo.
Claudio Lomnitz es un destacado antropólogo social e historiador nacido en Chile (1957), pero naturalizado mexicano, que se ha dedicado a investigar la política y la cultura de América Latina. Actualmente es director del nuevo Laboratorio de Estudios Sociales sobre la Desaparición de la Universidad de Columbia.
Desde 2021, Lomnitz ha dedicado su atención a aportar una perspectiva antropológica a la transformación del Estado y de la comunidad en el México contemporáneo, y en especial al estudio de la relación fragmentada entre soberanía y Estado. Esto ha dado como resultado la publicación de una trilogía en español: El tejido social rasgado, Para una teología política del crimen organizado y Antropología de la zona de silencio.
Lomnitz estuvo de visita en Chile para una nueva Cátedra Norbert Lechner en la UDP, que se tituló “El ‘enemigo interno’ y la historicidad de la desaparición forzada en México”. En conversación con La Tercera analizó la violencia en ese país.
¿Cómo evalúa la situación actual de las desapariciones forzadas?
La desaparición forzada en México es un problema que tiene ya un par de décadas que está pasando como un fenómeno muy grande y no ha habido, hasta ahora, un gobierno en estos años que le haga frente y de una manera decidida. No es simplemente un asunto de tener una ley bonita, sino de tener un Estado realmente decidido a hacerle frente.
El gobierno actual ha estado haciendo muchos operativos policiales contra jefes importantes del narcotráfico. Tanto el gobierno actual como los otros gobiernos de México tienen leyes de prisión preventiva que les dan mucho margen a los Estados para meter gente a la cárcel. Pero la desaparición está ligada en México al uso de la violencia extrajudicial para ir creando ramas de actividad económica, es decir, está el narcotráfico internacional, el narcomenudeo, hay violencia en el comercio ambulante o en el flujo migratorio de transnacionales, también para hacer tala ilegal de bosques, violencia para cambiar el uso de suelo, violencia para hacer operaciones mineras tanto ilegales como a veces incluso legales.
Entonces para hacerle frente a esto, el gobierno tendría que empezar por hacer un inventario de la economía violenta, y no nada más estar jugando con estadísticas y con leyes.
Usted ha ubicado el inicio de la violencia actual en el país en los años 80 y 90, ¿qué transformaciones políticas y económicas más específicas de esas décadas considera que fueron decisivas para esta posterior cantidad de desapariciones?
He afirmado consistentemente que el proceso comenzó en los años 80 y 90 y no recién en los años 2003, 2006, cuando se declaró la guerra contra las drogas y en los años subsiguientes, que sí es cuando se multiplican mucho los números de desapariciones. El proceso comienza en esos años porque se relaciona con el auge de una nueva forma de organización social, que es lo que llaman el cartel.
Antes de los años 80 y 90 no había realmente esa forma de organización social muy desarrollada en México, porque la complejidad del narcotráfico, antes de mediados de los 80, no era tanta. Esto se debía a que el narco movía productos mexicanos: marihuana y heroína, y desde finales de los 80, aparecieron la cocaína y después drogas sintéticas que implicaban un comercio internacional muchísimo más complejo. Es decir que en México no se produce la cocaína. Entonces había que traerla desde Sudamérica, desde Colombia, desde otros puntos, lo que implicaba controlar aeropuertos internacionales, controlar puertos internacionales y no únicamente hacer contrabando por la frontera de México con Estados Unidos.
Entonces, el auge del cartel requiere de un uso mucho más complejo de la violencia y es ahí donde empiezan a verse los casos y se va agravando según va avanzando esa economía, esas economías violentas y según se van diversificando. Además, porque inicialmente eran únicamente de narcotráfico y hoy día pues son muchas ramas de la economía.
Usted ha mencionado a Zacatecas como una suerte de botón de muestra. ¿Qué patrones ha detectado allí que sean transferibles a otras regiones del país?
En el estudio de caso que hicimos en Zacatecas hubo varios tipos de fenómenos que son bastante comunes en gran parte del país y algunos que son específicos. Zacatecas, en los años en que estuve trabajando ahí, 2022, 2023, 2024, era un Estado que estaba en disputa entre varios carteles, sobre todo dos: el Cartel de Sinaloa y el Cartel de Jalisco Nueva Generación.
Pero había también otros dos o tres carteles que estaban disputando pedazos del territorio. Las regiones de México, donde había esa clase de disputas, eran regiones en las que había especialmente elevados números de desaparecidos, porque algunos de ellos eran muertos de guerra. Y Zacatecas era una zona en donde había una guerra entre carteles, algunos de ellos son personas que están siendo raptadas y reclutadas a la fuerza para reponer o para agrandar el tamaño de los ejércitos. Y hay otros casos que son por cuestiones de control de mercados, por ejemplo, control de narcomenudeo.
En el caso de Zacatecas y de gran parte de México, hay mucho control territorial del narco en los barrios, en los lugares populares, por medio de la venta sobre todo de metanfetaminas, que es una droga muy barata y muy adictiva. Entonces, el control sobre un barrio lo ejecuta tal o cual cartel, ejerciendo un monopolio de venta de la metanfetamina que maneja normalmente gente local. Muchas veces no son del cartel, sino pandillas juveniles que le compran al cartel el producto o que tienen algún miembro que está ligado al cartel.
Entonces, cuando hay una guerra para controlar un pueblo o una ciudad donde la distribución de metanfetaminas está favoreciendo al otro grupo, ahí hay procesos como de exterminio, sobre todo de jóvenes en esos barrios. Eso lo ve uno en Zacatecas y se ve en muchas partes.
¿Existe diferencia entre las zonas en las que hay competencia entre carteles y donde hay un control de uno de ellos?
Donde no hay mucha competencia, tiende a haber menos cantidad tanto de homicidios como de desapariciones, que en las zonas en que hay competencia entre carteles. Y esto lo que significa es que las ciudades que son mucho más difíciles de controlar para un monopolio, suelen tener siempre un proceso de desaparición y homicidio más constante o por lo menos, sino constante, digamos de olas.
Mientras que hay territorios en que parecen estar relativamente pacíficos en el sentido de que no hay tanta desaparición, pero en donde hay un control férreo del cartel, incluso Estados, no solo zonas. Por ejemplo, el Estado de Durango que es vecino a Zacatecas, es un Estado que en los últimos tiempos ha tenido tasas de de desaparición y homicidios relativamente bajas, pero con el control de un solo cartel que era el de Sinaloa, en ese caso muy estable y muy férreo.
Usted escribió el libro “Antropología de la zona de silencio”, ¿a qué se refiere con esa metáfora?
La zona de silencio es una expresión que empezaron a desarrollar en México los periodistas. México ha sido un lugar en el que ha habido muchos asesinatos y sigue habiendo asesinatos de periodistas y también amenazas contra periodistas y medios. Entonces, cuando empezó ese fenómeno, que ya tiene, desgraciadamente, un par de décadas, los periodistas que han sido en realidad la vanguardia en la cobertura de todo este proceso, empezaron a hablar de zonas de silencio, que es lo que pasa cuando de pronto deja de haber cobertura periodística de tal o cual zona, porque pesan tantas amenazas sobre los periodistas o sobre los medios que deja de aparecer la noticia.
Entonces yo tomo esa expresión “zona de silencio” y la veo en ese sentido en que la usan, la han usado los periodistas y la convierto más en un problema antropológico. No existe una zona en la que no haya comunicación. Y no solo eso, sino que la violencia frecuentemente tiene como objeto la comunicación. Por ejemplo, en México hemos visto desgraciadamente, desde hace 20 años, el uso de violencia muy exagerada y muy pública para mandar mensajes, como con las decapitaciones, los desmembramientos de cuerpos en la vía pública. En una época colgaban cuerpos de puentes en ciertas ciudades como Monterrey o Ciudad Juárez, etcétera. Entonces son esos actos, no son solo violencia en el sentido del ejercicio de una coerción contra un contra el cuerpo de una persona, sino que es también el uso del cuerpo violentado el uso como instrumento público para mandar un mensaje. Entonces, la violencia misma no puede ser vista exclusivamente en relación con el silencio, sino que también tiene que ser vista en su dimensión comunicacional.
Es ver cómo funciona la comunicación en una región como Zacatecas, en unos años en que estaba en guerra y ahí no hay una sola respuesta de cómo funciona, sino hay varias exploradas en ese libro. Una de ellas, muy evidente, es, por ejemplo, el uso de redes sociales y del rumor en general de las redes sociales. Por ejemplo, si hay un acto violento, aparecen dos cuerpos tirados en tal pueblo. Puede ser que los medios que cubran lo pongan en la nota: Aparecieron dos cuerpos tirados en el pueblo tal, pero como hay zona de silencio, la nota periodística va a ser sumamente escueta y no va a haber nada de periodismo de investigación.
El periodismo tiene que poner que incluso el parte, frecuentemente, viene de la policía y prácticamente reproduce el comunicado de prensa del Gobierno y no le agrega nada de investigación. Entonces, las redes sociales, de Facebook, Instagram, últimamente TikTok, van poniendo los rumores, entonces la gente puede ir poniendo que hubo dos muertos, que tengan cuidado, que no circulen porque hubo un tiroteo. Incluso el propio cartel a veces usa esas fuentes de redes sociales para generar información.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, entra una barredora. El cartel de Jalisco va a entrar a un barrio en Zacatecas. Digamos que está queriendo batir al Cartel de Sinaloa en una de esas cabeceras municipales. Entonces entra, hace unas matanzas muy públicas y deja cuerpos tirados o alguna cabeza de algún decapitado. Y al mismo tiempo pone un post en la página de Facebook de esa comunidad diciendo: “No se preocupen, somos nosotros, no vamos a matar a la población, estamos queriendo limpiar la cabecera de las lacras del otro cartel”.
Entonces el cartel mismo usa la red social. Y eso hace que la red social se convierta en una fuente de información básica fundamental. El cartel no puede usar la prensa. Entonces, ese es un ejemplo del tipo de análisis de comunicación que hay que hacer si quieren entender realmente cómo funciona la comunicación en una zona de silencio.
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