A 40 años de la increíble aventura de Chile en la Unión Soviética

Este jueves se cumplen cuatro décadas del mítico 0-0 frente a la URSS en Moscú, un partido que trascendió las esferas del fútbol por las complejidades que enfrentó el equipo de Luis Alamos.

Después de derrotar a Perú por 2-1 en partido extra, el 3 de agosto de 1973, Chile obtuvo su boleto al repechaje para el Mundial de Alemania. El rival: la poderosa Unión Soviética, nación que pasó de ser aliada del país a convertirse en enemiga a partir del Golpe del 11 de septiembre. Quince días más tarde, la Selección debía visitar Moscú bajo un ambiente muy distinto al imaginado un mes antes.

En Santiago, los jugadores estaban citados a las 11 horas en Juan Pinto Durán. No todos llegaron. Sí lo hizo Guillermo Páez, quien debió enfrentar un control de identidad antes de arribar al centro de entrenamientos.

“Yo vivía en la Villa Santa Adela, cerca del aeródromo de Cerrillos, e iba por Camino a Melipilla. Ahí me paró un militar y me pidió identificación. Le mostré el carné de jugador de Colo Colo y de la Selección, y me dejó seguir. Como no había mucha comunicación, no sabíamos cómo venía la cosa. Quizás cuántos no se detuvieron y les dispararon, pero yo me di cuenta altiro y me detuve; si no, habría corrido esa misma suerte”, recuerda el ex volante.

En Europa, el dirigente Alfredo Asfura afinaba los pormenores del “Plan Moscú”, que contemplaba un amistoso ante México y otro frente al Neuchatel Xamax, de Suiza, en condiciones climáticas similares a las moscovitas, además de un duelo contra el Inter de Milán y otro ante el Paris FC, ambos tras el partido con los soviéticos.

Mientras solucionaba un inconveniente contractual en la capital francesa, una noticia sorprende al asesor internacional del fútbol chileno. “Llego al hotel y el recepcionista me dice ‘mataron a su presidente’. ¿(Francisco) Fluxá?, le digo yo. ‘No, Allende’, me responde”, relata.

Inmediatamente, Asfura intenta comunicarse con la máxima autoridad de la Asociación Central de Fútbol, pero no obtiene respuesta. Luego, decide si viaja a México o parte a Chile. Opta por lo primero. Ahí sin información alguna, debe seguir tomando decisiones. “En México, el presidente de la Federación me pregunta qué hacemos, y le respondo que posterguemos el partido por dos días, sin tener yo ningún antecedente”, cuenta.

Luego de dar con el timonel, a través de un radioaficionado, el funcionario se entera de que la delegación es autorizada a viajar   el día 17, cinco días después de lo programado. Finalmente, el amistoso se juega el 20 y la “Roja” vence 2-1 en el estadio Azteca. Tres días después vencerían por la cuenta mínima a Neuchatel.

Hay diversas versiones que hablan de que el grupo antes de partir visitó al doctor Alvaro Reyes en la Penitenciaría, donde estaba detenido, por ser militante del Partido Comunista. Sin embargo, el mismo médico (hoy en Colo Colo, con 85 años) aclara que “eso sucedió antes del Mundial, ellos se portaron muy bien”. Luego pasó por varios centros de detención, donde fue torturado.

El facultativo trabajó en la Selección hasta los primeros meses de 1973, cuando fue relegado por Elías Jacob, quien además pertenecía a la Fuerza Aérea.

Voy a Moscú y vuelvo

De México saldrían todos, salvo Carlos Reinoso, quien no fue autorizado por América para viajar. Esto, a pesar de que el gerente Pedro Fornazzari se quedó haciendo gestiones. Asimismo, había bastante incertidumbre por lo que sucedía con Elías Figueroa.

“Yo fui a jugar con Inter de Porto Alegre a Sao Paulo y el mismo miércoles del partido de Chile, el equipo jugaba por el campeonato. Los dirigentes pidieron postergar el partido para el viernes, para que así yo viajara y pudiera jugar. Entonces me subí al avión con lo puesto y a través de una radio le dije a mi familia ‘voy a Moscú y vuelvo'”, narra “Don Elías”.

El zaguero llegó a París. Sin embargo nadie lo esperaba. “No había ningún dirigente, así que gestioné con Lan Chile un pasaje a Frankfurt. En ese lugar estaba la hija del cónsul (Enrique Melkonian), quien me llevó donde su padre, luego me pagó un hotel y esperamos el avión donde venía el resto del equipo. Ahí conocí a muchos de mis compañeros, ya que no había podido jugar con ellos antes”, apunta.

Melkonian también fue clave en gestionar los pasajes del resto de la delegación, que en Suiza se enteró de que las reservas de la línea aérea soviética Aeroflot habían sido canceladas misteriosamente. Por si fuera poco, las hostilidades continuaron y ya en el aeropuerto moscovita, el grupo fue retenido varias horas, pues las autoridades consideraron que la foto de Carlos Caszely no coincidía con su aspecto físico. A ello, se sumaba que Figueroa no contaba con visa para ingresar.

Tampoco hubo autoridades diplomáticas chilenas. “Yo creo que ellos tenían la instrucción de ni siquiera tomar contacto con nosotros”, sentencia Mario Silberman, quien hasta el Golpe Militar se desempeñaba como embajador subrogante.

“A los pocos días, la Unión Soviética rompió relaciones con Chile y la embajada quedó desconectada. En esos días, quedamos en el aire y un mes después la embajada de Perú se hizo cargo de los asuntos de Chile. Fueron días muy difíciles, y yo no pude retornar al país en muchos años”, añade el ex diplomático.

Leonardo Véliz, puntero izquierdo de la Selección, comenta que “en Moscú se me acercó un estudiante chileno de la Universidad Lumumba, hijo de un militante comunista. Le dije que se olvidara de volver a Chile, porque cualquier tinte rojo iba a ser un peligro para su integridad”.

El “Pollo” también compartió con otras personalidades. “Allá hablé largamente con Volodia Teitelboim y Ricardo Boizard, conocido como ‘Picotón’ por los lectores del diario El Clarín”.

El equipo pasó sus días concentrado en el hotel Ucrania. Ahí también habría situaciones desagradables. “La comida no era la que pedimos, el bus no llegaba a la hora e incluso el día del reconocimiento de la cancha, el estadio estaba cerrado. Los jugadores tuvieron que saltar la muralla para poder entrenar”, reconoce Asfura.

 

Una noche perfecta

A pesar de la nula cobertura de la prensa local y los -5 grados, llegaron más de 60 mil personas al estadio Lenin. Chile fue recibido con una estruendosa silbatina, que luego fue reemplazada por aplausos al término del partido.

Los dirigidos por Luis Alamos hicieron una faena perfecta, cosecharon un empate 0-0. Elías Figueroa fue la figura, anulando  por completo al poderoso Oleg Blokhin, el mejor delantero europeo del momento. También tuvo algunas licencias que le otorgó el juez brasileño Armando Marques. “Yo hablaba portugués y le decía algunas cosas, y aunque él dice que no, me dejó pasar varias”, confiesa Figueroa, quien a los 30’ lesionó a Arkady Andreassian, sin ser amonestado.

Marques, a sus 83 años, no está interesado en recordar el partido. “No tengo nada que decir, los periodistas son unos mentirosos. No me molesten, estoy loco”, dice a La Tercera.

Eso sí, años antes manifestó que “sólo me dedicaba a arbitrar y nada más. No me importaba quiénes eran los jugadores y no conocía a Figueroa. Yo únicamente hice mi trabajo”.

Asfura complementa que “a Marques, los soviéticos lo llenaron de regalos, pero los tuvo que devolver en el aeropuerto, porque no los declaró”.

“Don Elías”, en tanto volvió rápidamente a Brasil. “El viaje de regreso fue mucho peor que el de ida. Llegué a las tres de la tarde y a las cinco ya estaba jugando. Fue terrible”, resalta.

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