El padre de Macri pensó que Trump estaba detrás del secuestro de su hijo

El actual Presidente de Argentina estuvo 13 días secuestrado en 1991. Un nuevo libro detalla el caso que cambió la vida del gobernante. Los Macri intentaron entrar en el negocio inmobiliario de Nueva York donde reinaba Donald Trump.

En las primeras horas del 24 de agosto de 1991, después que Franco Macri, uno de los industriales más ricos y poderosos de Argentina, recibiera una llamada telefónica donde se le informaba que su hijo Mauricio, de 32 años, estaba secuestrado, que debía pagar una recompensa, mantener la cautela y no contactar a la policía, el empresario trató de pensar en quién podía estar detrás de la captura de su hijo, su primogénito y el delfín de su imperio. Primero pensó en la mafia, pero luego temió que el verdadero autor intelectual del secuestro fuera el magnate estadounidense Donald Trump, actual candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca.

Así lo afirma el libro El secuestro, de la periodista Natasha Niebieskikwiat, que salió a la venta esta semana en Argentina. Un texto que aparece a 25 años de la que posiblemente es la experiencia más traumática en la vida de Mauricio Macri y en momentos en que su protagonista es el Presidente del país.

“Franco escondía otra carta, un temor, un pánico que no confesaba. A los 61 años, el patriarca entró en la paranoia de que quién había orquestado el secuestro de su hijo había sido Donald Trump. El magnate lo había expulsado de Manhattan, donde Franco había intentado meterse en negocios inmobiliarios y también aspiraba a una presa mayor que era la recolección de la basura”, destaca el texto.

Los vínculos de los Macri y Trump venían de fines de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, cuando los grupos económicos de ambos magnates intentaron poner en pie el proyecto de la Lincoln West, una torre de 150 metros de altura al lado oeste de Manhattan. Incluso en el proceso de acercamiento Mauricio Macri actuó de anfitrión durante la visita que Trump hizo a Buenos Aires en 1984 acompañado de su entonces esposa, Ivanka.

El lugar donde se construiría la torre había pertenecido a Donald Trump, pero tuvo que venderla en 1979 por problemas con los vecinos. Y quien la compró fue nada menos que Franco Macri. Uno de los hermanos de Franco, Antonio, junto a dos empresarios norteamericanos, intentaron la “rezonificación” del área para hacerla apta para el proyecto inmobiliario. Sin embargo, los Macri fracasaron al menos dos veces cuando intentaron pedir préstamos al Chase Manhattan Bank para avanzar en el plan. Los Macri pensaron que una “mano negra” estaba operando en su contra. De esta forma, los argentinos se resignaron y terminaron por venderle el megaemprendimiento a Trump por US$ 117 millones, una cifra considerada casi como un regalo. Así terminó la aventura estadounidense de los Macri, con fuertes reproches de Franco contra su hijo Mauricio.

Pensando en Trump como responsable del secuestro, Franco Macri pidió una reunión con el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Terence Todman. El diplomático fue personalmente hasta la casa de Macri. Ahí el empresario le pidió consejos sobre cómo contratar agentes especiales para encontrar a su hijo. Todman le ofreció ponerlo en contacto con Ackerman y Asociados, una firma especializada en secuestros extorsivos, con sede en Miami y que trabaja con antiguos agentes de la CIA o el FBI.

Finalmente Franco Macri se dio cuenta que la “tesis Trump” no tenía asidero. Se trataba de una banda criminal que, aunque enarbolaba consignas políticas, estaba más que nada interesada en obtener un millonario botín. Era la “banda de los comisarios”, responsable de otros secuestros y que estaba integrada por varios miembros de la Policía Federal, entre los cuales había dos oficiales superiores.

Tras 13 días de secuestro, Mauricio Macri fue atado, le vendaron los ojos y fue introducido en la maleta de un auto. Tras 45 minutos de recorrido fue sacado del vehículo y uno de los secuestradores le dio un poco de dinero y le dijo que esperara 10 minutos antes de sacarse la venda y quitarse las amarras con los dientes. De ahí Macri tomó un taxi y llegó hasta la casa de una amiga. Eran las 2 de la madrugada del 6 de septiembre, y su secuestro había llegado a su fin. Su padre pagó US$ 6 millones a los captores por el rescate de su hijo. Dos meses después, la banda fue capturada.

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