Los vicios del mundo moderno, según Milan Kundera

A 14 años de su última novela, el autor checo nacionalizado francés publica La fiesta de la insignificancia. Con esa mezcla de humor y reflexión que es su sello, retrata la ligereza del mundo actual, lejos de sus críticas al comunismo.




"Viviremos bajo el signo del ombligo", le dice Alain a sus amigos, como una sentencia de los nuevos tiempos. "Se ha puesto de moda pasear con el ombligo al aire", agrega Calibán, mientras escuchan atentos Ramón y Charles.

Los cuatro hombres maduros que pasean por París son los protagonistas de La fiesta de la insignificancia, la nueva novela de Milan Kundera (85), que desde hoy distribuye en librerías de España editorial Tusquets y que llega a Chile a fin de mes. A 14 años de La ignorancia, su obra anterior, el autor checo nacionalizado francés regresa, precedido de buena recepción de la crítica en Francia e Italia, donde se editó primero el libro.

"Con una novela de una aparente ligereza, el gran escritor reflexiona sobre lo absurdo de la insoportable existencia", escribió la revista cultural francesa Telerama. El comentario también alude en sus palabras al volumen que le dio popularidad a Kundera en Occidente y que este año cumple 30 desde su salida: La insoportable levedad del ser (1984).

El narrador, nacido en 1929, no ha dado entrevistas por su nueva entrega. El antecedente más cercano de aparición pública fue hace seis años. Era para defenderse, luego de que una revista checa lo acusó de delatar, en 1950, a la policía comunista a un estudiante que cumplió 22 años de cárcel.

Autor fundamental del último medio siglo y permanente candidato al Premio Nobel, Kundera no necesita muchas páginas para confirmar su estatura. "Kundera es uno de los pocos grandes escritores vivos. Y cuando digo pocos, quiero decir que para contarlos basta una sola mano", dijo el italiano Roberto Calasso, tras la salida del nuevo ejemplar.

Radicado en Francia desde 1975,  Kundera había caído en desgracia en la República Checa luego de  la invasión soviética: expulsado del PC, sus obras fueron prohibidas y él se quedó sin trabajo. No sólo eso: en 1979 le quitaron la ciudadanía. Con documentos franceses comenzó a escribir en ese idioma La lentitud.

"Elegí el lugar donde quería vivir y también elegí la lengua en la que quería hablar", apunta Kundera en un texto sobre el exilio en su libro de ensayos, Un encuentro (2009). La consagración definitiva en el país de adopción vendría en 2011, cuando ingresó en la colección La Pleiade de Gallimard: el Olimpo de las letras francesas, donde comparte títulos con Proust, Balzac y Baudelaire.

CAMBIAR DE VIDA

Pasean por el Jardín de Luxemburgo y por el barrio de Montparnasse. Los cuatro amigos de La fiesta de la insignificancia ven desfilar a jovencitas que no tienen reparos en mostrar su sexualidad. En disfrutar del placer fugaz, lejos de toda idealización. "Antaño, el amor era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único, de lo que no admite repetición", señala Alain y agrega que la individualidad en una mujer se ubica en cuatro puntos: los muslos, los pechos, las nalgas y ahora el ombligo. Su nueva obsesión.

Beatriz de Moura, editora de Tusquets y traductora de la novela, se refiere al volumen de 144 páginas: "No por breve rebosa menos de ideas iluminadas por un inteligentísimo sentido del humor".

Sobre este tema, Kundera le dijo al autor estadounidense Philip Roth, en una entrevista de 1980: "Aprendí a valorar el humor durante la época del terror estalinista. Para identificar a alguien que no fuera estalinista, al que no hubiera que tener miedo, bastaba con fijarse en su sonrisa".

Esa mezcla entre la reflexión y el escepticismo ante los vicios del mundo moderno es el sello de la obra de Kundera, habitada por personajes entrañables. Así, en La broma (1967), donde ironiza contra el Partido Comunista, en El libro de los amores ridículos (1968) o La ignorancia (2000), tres de sus grandes libros.

El escritor había dejado su pasado político detrás hasta 2008, cuando fue acusado de delator. "No trabajé para la policía secreta. Todo es una mentira", señaló entonces y recibió el apoyo  de autores como Salman Rushdie, Nadime Gordimer, Philip Roth, García Márquez, Orhan Pamuk y J.M. Coetzee, entre otros.

En la nueva obra, sólo un par de anécdotas lo vincula con su vida en el desaparecido mundo comunista. Por ejemplo, en el relato se cuenta que en una reunión de altos mandos, Stalin aseguraba haber matado 24 perdices de 24 disparos. La sátira ante la precisión para criticar un añejo sistema totalitario. Mientras, Ramón, uno de los protagonistas, dice: "Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia adelante. Sólo había una resistencia posible: no tomarlo en serio".

Kundera no volvería a pisar suelo checo. En 2007 recibió el Premio Nacional de Literatura, pero se ausentó aduciendo problemas de salud. Tampoco revisa las traducciones de sus libros. Su bestseller La insoportable levedad del ser recién fue publicada en su país natal en 2004.

"Kundera puede ser de origen checo y puede haber adoptado la nacionalidad francesa, pero su obra no es ni francesa ni checa. Pertenece a otro territorio, a otra historia", señaló el académico François Ricard, quien se ocupó de la edición definitiva del autor de títulos como El libro de la risa y el olvido en La Pleiade.

En la nueva entrega de Kundera, los capítulos son breves escenas, donde hablan Alain, Ramón, Charles y Calibán, quienes seguirán deambulando por París. Irán a algunas fiestas. Mirarán sentados como espías a mujeres más jóvenes. Recordarán a sus madres, "el origen del mundo", dicen. "Insignificancia, mi amigo, es la esencia de la existencia (...). Está presente incluso allí donde nadie quiere verla", les dice Alain, como cerrando el día y la fiesta.

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