SJ Miller, académico y experto en integración: “No basta con decirle ‘estoy contigo’ a un niño transgénero”

Invitado por el Mineduc y la Unesco, habló de su propio proceso de reconocimiento de identidad y entregó consejos a los profesores para hacer las aulas más inclusivas.

Es difícil definir a SJ Miller (47). Su nombre no dice demasiado, pues decidió eliminarlo. Además, pide no definirse como él ni como ella. Simplemente SJ Miller, junto a su preparación académica y el activismo que ha desarrollado en torno a temas de inclusión y justicia social. Estudió sicología y ciencias sociales en la Universidad de Brooklyn. Años más tardes decidió convertirse en profesor de inglés. Y es precisamente desde aquel nicho académico que día a día aboga por los derechos de los niños y niñas transgénero en todo el mundo. En ese contexto fue que viajó a Chile, invitado por el Ministerio de Educación y la Unesco, y dio una charla sobre el reconocimiento de los niños y jóvenes LGTBI en la Universidad Alberto Hurtado.

¿Cómo se dio cuenta de que usted era una niña transgénero?

Desde que nací nunca me sentí femenina. No era que estuviera muy consciente de lo que importa el género que tienes, pero nunca me sentí como mujer. Cuando iba a la escuela, en los años 70, nadie abordaba estos temas y tampoco había un lenguaje para expresarlo, pero sí entendía que algo dentro de mí no calzaba.

¿Por qué decidió llamarse SJ y eliminar los nombres?

Por lo general, la mayoría de los transgéneros no tienen la posibilidad de elegir nombres, mucha gente se cambia el nombre como una manera de reclamar lo que siempre quisiste ser. SJ son las iniciales de mi primer y segundo nombre.

¿Tiene que ver eso con su decisión de dedicarse a la pedagogía?

Yo crecí en un hogar con abusos. Mi padre era una persona muy malvada y terminó por separarse de mi madre (…) con los años tuve problemas, me quedaba en casa de amigos y profesores que se hicieron cargo de mí. Ellos confiaron en que lograría hacer algo importante en la vida. Por eso me transformé en profesor, por lo que ellos hicieron por mí.

¿Cuál cree que es el gran desafío que tienen los profesores en materia de género?

Es ver cómo pueden trabajar este tema, más allá de solo saber qué significa transgénero y cisgénero. No basta acercarte a un niño transgénero y decirle “estoy contigo” o “cuentas conmigo”, sino que tiene que ver más con una consciencia integral. Mi trabajo es ayudar a los profesores para hacer esto, para que en los colegios se abran más espacios de integración.

¿Cómo se han resuelto en EE.UU. cosas cotidianas, como el tema de los baños para niños transgénero?

Una de las estrategias que varias escuelas han ido adoptando es tener baños inclusivos. Esto quiere decir que cualquier niño o niña pueda entrar. Sin embargo, todavía no hay una política de eso. Algunos colegios han determinado que los estudiantes transgénero usen el baño de los profesores.

En ese sentido, ¿qué estrategias se pueden utilizar para que los colegios sean más integradores?

Se deben abrir espacios para que los estudiantes hagan propio el nombre que deseen y definir si quieren tener algún pronombre como él o ella. También recomiendo poner un afiche con ejemplos de transgénero para ver cómo se les puede llamar y nombrar en un lenguaje más cotidiano. Esto no solo les sirve a los estudiantes, sino que cualquier persona que entre en la sala tiene en su radar este tema.

¿Cómo ve lo que se ha hecho en Chile en materia de inclusión?

Sé que hay algunas iniciativas legales. Valoro mucho lo que ha hecho el Ministerio (de Educación) en términos de ir generando un vínculo con la Unesco y otras organizaciones vinculadas con esta temática. Eso demuestra que hay una preocupación sincera por el bienestar de las personas.

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