Coherencia de Boric en derechos humanos

Es valioso que el Mandatario busque marcar una diferencia con aquellos sectores extremos de la izquierda y promueva la postura de que no puede haber una doble moral cuando se trata de la defensa de la democracia y los derechos fundamentales.



En el marco de la gira que por estos lleva a cabo en Europa, el Presidente Gabriel Boric lanzó duras críticas hacia las instituciones de Venezuela -a las que catalogó de “claramente deterioradas”-, y cuestionó a aquellos países de América Latina que siguen viendo en Vladimir Putin “una suerte de referente de la izquierda en el mundo, cuando en Europa justamente es todo lo contrario”, acusando que el líder ruso es más bien un aliado de la ultraderecha, volviendo a insistir que la invasión rusa a Ucrania resulta inaceptable.

Sus dichos, como era de esperar, encontraron una fuerte réplica especialmente en parlamentarios del Partido Comunista, quienes hicieron ver que resulta “temerario” cuestionar las instituciones de otro país, y que esto no ayuda al fortalecimiento de las relaciones con Venezuela, obviando que el régimen de Nicolás Maduro recientemente acusó que el asesinato del exmilitar Ronald Ojeda fue obra de servicios de inteligencia chilenos y extranjeros. Esta actitud del PC no resulta sorprendente, considerando que el partido se ha negado pertinazmente a reconocer que el régimen venezolano devino en una dictadura y ha brindado un cerrado respaldo a Maduro, marcando un claro contraste con la línea que al respecto ha establecido el Presidente Boric.

Las declaraciones del Mandatario -realizadas durante una entrevista a un medio alemán- son coherentes con la defensa de los derechos humanos que se ha encargado de resaltar a lo largo de su mandato, sin distingos ideológicos, buscando trazar un camino distinto para las izquierdas de Chile, pero también para la región. Esto resulta fundamental, porque a pesar de que la degradación de la democracia y los derechos humanos prolifera en una serie de países -Venezuela y Nicaragua son los casos más ominosos, pero no los únicos-, sigue habiendo sectores en América Latina que aun así defienden a dichos regímenes por razones puramente ideológicas.

Por ello resulta valioso que jóvenes representantes de la izquierda, como es el caso del Presidente Boric, busquen marcar una diferencia categórica con estas dañinas posturas, procurando ser consistente con su propia definición de evitar que los partidos de izquierda tengan una doble moral cuando se trata de la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Esta actitud del Presidente Boric no ha estado exenta de costos políticos, considerando que ello le ha valido críticas o enemistarse con sectores que le son afines. Probablemente uno de los momentos más significativos fue cuando contradijo al Presidente de Brasil, quien se refirió a la situación de los derechos humanos en Venezuela como una “construcción narrativa”.

Es fundamental que en esta defensa de los derechos humanos y la democracia sin distingos el Presidente sea más claro respecto de la situación en Cuba, donde si bien ha planteado la necesidad de avanzar en su “democratización” -dichos que también fueron criticados por el PC-, el acento lo ha puesto en terminar con el bloqueo por parte de Estados Unidos, en circunstancias que el régimen cubano lleva décadas ahogando cualquier margen de disidencia y violando garantías fundamentales.

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