Columna de Álvaro Rojas: No solo la academia necesita investigación



Ciencia, Tecnología y Empresa (CTE), se denominan los encuentros que lanzó el Ministerio de Ciencias junto a Corfo, como parte de un plan que impulsa esta cartera para fomentar la formación de capital humano avanzado (doctorado) en una estrecha vinculación con las empresas, cualquiera sea esta su naturaleza.

Acercar ambos mundos es lo que se necesita, no solo para acercar la ciencia a temas relevantes para el desarrollo del país, sino que también para brindar mejores oportunidades de inserción laboral a los futuros doctores y contribuir en el mediano largo plazo a elevar el gasto en I +D, que hoy se sustenta fuertemente en el gasto público. La colaboración entre la academia y las empresas es esencial para impulsar la innovación y el desarrollo de en los países.

Según cifras que entregó el Ministerio de Ciencias, más del 80% de las y los investigadores miran a la academia como único horizonte de inserción y hoy día resulta inexcusable abrir otros espacios también, ya que al incorporar investigadores en la industria también se agrega valor a los procesos productivos.

En Alemania, por ejemplo, los doctores son empleados en su mayor parte en la industria más que en las universidades, ello por cuanto las empresas desarrollan y cuentan con sus Centros de I + D, al contrario de nuestro país, donde esto es una excepción.

La iniciativa es enormemente valorable, toda vez que la estructura de los doctorados científicos que se imparten en las universidades chilenas es altamente intensiva en recursos, que en el hecho ha significado un statu quo para su crecimiento y ampliación, particularmente para las universidades de las regiones de nuestro país. Debe considerarse que mayoritariamente las principales empresas del país, orientadas a los mercados internacionales tienen un domicilio no metropolitano.

La normas vigentes para la acreditación y consecuentemente del financiamiento de los doctorados en Chile, están inspiradas en preceptos estrictamente de naturaleza de ciencia avanzada, con exigencias de claustros académicos y actividad investigativa de su cuerpo profesoral elevadas. Los doctorantes investigan mayoritariamente temas de la academia, que tienen como trasfondo su publicación en las mejores revistas internacionales de corriente principal. Los temas y problemas de la industria y de las empresas escasamente calzan en este modelo, y con ello, la potencialidad que tienen las empresas de mantener su liderazgo y capacidad competitiva son escasas.

Los doctorados profesionales o comúnmente denominados en relación con las empresas (bienes y servicios) no están regulados en Chile por la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Existen por cierto algunos de ellos acreditados, los que deben atender a ciertas normas de carácter general, pero que distan de lo existentes en países tales como Alemania, Inglaterra, Australia, México y España.

El progreso y avance del país requiere de un cambio cultural en el actual enfoque “academicista” que rige el paradigma de la formación de doctores.

Desde esa perspectiva, es una buena noticia que, desde el Ministerio de Ciencias, se esté impulsando esta discusión, que podría generar efectos positivos en nuestro país, colocándonos en el concierto internacional del vínculo entre la educación superior con el mundo empresarial y también de los servicios, así como ocurre en muchos otros países. La academia puede generar un fuerte impacto en la innovación tecnológica en distintas áreas y también, la generación de nuevos productos o innovaciones sociales que contribuyen al progreso y desarrollo de nuestro país.

Por Álvaro Rojas, Director Centro Interuniversitario de Desarrollo, CINDA

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