Columna de Cristóbal Osorio: La errada dicotomía de la izquierda: gestión-símbolos



Luego de la Cuenta Pública y las primarias, las fuerzas políticas se han enfocado en las elecciones municipales. En dicha coyuntura, se inició un debate sobre si la izquierda debe enfocarse en la “gestión” o en los “símbolos”.

La ministra de la Mujer, Antonia Orellana, manifestó que “la gestión es muy importante (...), pero la dimensión cultural y simbólica también lo es”. Esto, luego que el alcalde  de Maipú Tomás Vodanovic propusiera una “eficiente gestión del Estado” cerrando la “etapa de los símbolos”. Palabras que fueron retrucadas por otros actores que llamaron a no abandonar las banderas, y que Matthei destacó, diciendo que los ediles de Maipú y Renca son los únicos “eficientes” de la nueva generación de izquierda.

No es primera vez que la izquierda se enfrasca en disputas internas en el eje que va de un polo “principista” a uno “pragmático”. Esto se asemeja a lo que Ascanio Cavallo y Rocío Montes describen en La historia oculta de la década socialista, donde se detalla el debate que se inició en 1998 en la izquierda chilena. “La prensa”, dice el texto, “percibe que la polémica crea los primeros bandos intelectuales claramente distinguibles dentro de la Concertación, y bautiza a los primeros como ‘autocomplacientes’ y a los segundos como ‘autoflagelantes’”.

Esto se relaciona también con la disputa al interior de la Nueva Mayoría por el programa de Bachelet II, liderado por Pedro Güell, quien fue parte de los primeros “autoflagelantes”. Fue entonces cuando el presidente de la DC, Ignacio Walker, dijo: “yo no firmé ni suscribí ningún programa” y el ministro de Hacienda Rodrigo Valdés renunció por el rechazo a Dominga, declarando amargamente: “creo que no logré que todos compartieran esta convicción [de privilegiar el crecimiento]”, ante lo cual la Presidenta respondió: “no concibo el desarrollo a espaldas de las personas”.

Sin embargo, la izquierda aquí cavila erradamente. Por un lado, debe satisfacer la necesidad de que los símbolos sean bien gestionados y se pueda bajar lo “onírico” a lo “real”. Y por otro, si la historia ha de ser su maestra, más bien debiera dirigirse a otro gran momento de su disputa por los “sentidos comunes”.

Me refiero al largo y doloroso proceso de renovación socialista (1979 y 1990), cuando la izquierda buscó identificar sus errores en el drama de la caída de la UP, el Golpe de Estado y la dictadura. Solo luego de eso fue posible ofrecer una alternativa acorde a los tiempos. Algo, pendiente tras la derrota del 4 de septiembre de 2022, cuando las ideas del sector fueron dramáticamente rechazadas.

Al iniciarse un nuevo ciclo electoral, el sector debe hacerse cargo de ofrecer un proyecto que supere la falsa dicotomía entre gestión o símbolos, pues cuando ambos van aunados son carta de triunfo para ganar elecciones. Esto es, construir una coalición con administración experta y eficiente, pero con diagnósticos políticos acertados, detrás de símbolos que pueden ondearse sin transformar el relato político en uno testimonial.

Por Cristóbal Osorio, abogado

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.