Columna de Macarena García: Análisis económico, del mito al logos (II)



n nuestra columna anterior nos preguntábamos sobre las reales causas del estancamiento económico en Chile para evitar que esta situación se vuelva permanente.

El primer elemento a analizar es la productividad de la economía (PTF), factor que es el que más ha afectado la capacidad de crecimiento, donde la productividad no minera experimentó un visible quiebre de tendencia a partir de 2012, reflejando un preocupante estancamiento. La PTF se refiere a la eficiencia de la economía en el uso de los recursos productivos para producir. Así, cuando la PTF aumenta, se pueden producir más bienes y servicios con los mismos recursos. Sin excepción, los países desarrollados alcanzaron su elevado nivel de vida con un crecimiento sostenido, por décadas, de la PTF.

El segundo aspecto es el aporte del trabajo, donde las horas trabajadas se han reducido sostenidamente y se espera que esta tendencia se profundice debido al envejecimiento de la población, a la menor tasa de natalidad, al estancamiento de la participación laboral femenina y a la entrada en vigencia de la reducción de la jornada laboral a 40 horas.

El tercer aspecto se refiere al aporte del capital. La inversión mostró una tendencia al alza a lo largo de la década de los 90. Sin embargo, desde 2012 que su crecimiento se ha moderado significativamente, debido al estancamiento de sus dos componentes: maquinaria y equipo, y construcción y obras. A esto se suma que la inversión pública también presenta una desaceleración importante desde 2010.

Si queremos mejorar las condiciones de vida de todos, la pregunta clave que surge es ¿por qué Chile dejó de crecer? Los datos anteriores muestran que la respuesta no es una, sino que son varios los componentes del crecimiento que se han estancado desde hace ya más de una década, y que podrían mantenerse por otra década más, frustrando las posibilidades de avanzar en reducción de la pobreza y mejora de las condiciones de vida de las personas. Esta correlación entre los distintos componentes no es de extrañar, ya que estos factores están interrelacionados y responden a las mismas variables fundamentales del crecimiento: instituciones políticas, estabilidad macroeconómica, apertura comercial, nivel de competencia de los mercados, capital humano, infraestructura, corrupción, modernización del Estado, etc.

En nuestro caso, la explicación del bajo crecimiento no es única, sino que se debe a una batería de regulaciones de diversa índole y alcance que se han transformado en obstáculos para trabajar, producir, vender, comprar e intercambiar bienes y servicios de forma voluntaria. Evidencia de esto es el fuerte retroceso registrado en el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute, donde luego de un período de consolidación de la libertad, a principios de la década pasada Chile comenzó a experimentar un retroceso.

Lamentablemente, las estimaciones oficiales muestran que nuestro estancamiento duraría a lo menos otra década más. ¿Qué estamos esperando?

Por Macarena García, economista senior Libertad y Desarrollo

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