El chantaje de la historia



Un sector de la centroizquierda insiste en mantenerse moral y psicológicamente prisionero. Desde hace más de una década, el PC y las bases del actual Frente Amplio los han tenido de rehenes, obligándolos a contemplar la demolición de su legado. Víctimas de un extraño “síndrome de Estocolmo”, muchos de los representantes del mejor periodo de la historia desde cualquier indicador que se considere, siguen dispuestos a someterse a la extorsión de aquellos que siempre los han despreciado.

Ahora, el objetivo de la celada es impedir que hombres y mujeres de centroizquierda puedan votar según sus propias convicciones en el plebiscito del 4 de septiembre. Así, se ha buscado convertir la opción Rechazo en un anatema, que amenaza con el ostracismo político y el despojo de identidad, a quienes se atrevan a matricularse con ella. Los resultados de la operación están a la vista; hoy no resulta extraño escuchar cosas como esta: “Soy crítico del actual proceso constituyente. Tengo la certeza de que esta propuesta constitucional es mala y perjudicial para Chile. Pero igual voy a votar Apruebo, porque no puedo ser desleal con mi historia y con mi tribu.”

Increíblemente, un sector de la centroizquierda prefiere estar alineado con aquellos que han construido su proyecto político basureándolos, que asumir y reconocer las implicancias de sus convicciones. En los hechos, no se atreven a tomar distancia de los delirios refundacionales, de aquellos que les exigieron renegar de su obra y los invitaron a ser vagón de cola de su gobierno. Ahora, también buscan que no piensen por sí mismos, negarles el derecho a evaluar con independencia de criterio si la propuesta de nueva Constitución es o no conveniente para Chile y su futuro.

El mejor ejemplo de cómo ha funcionado esta lógica es la conducta del propio Gabriel Boric. Durante años despotricó en contra de la Concertación y, sobre todo, en contra del ex presidente Lagos, pero cuando se necesitaron los votos de la centroizquierda para la segunda vuelta, no tuvo problemas en llegar a su fundación a hacerle un reconocimiento. Después, lo omitió en su primer discurso en La Moneda, cuando hizo un recorrido por los mandatarios que fueron clave en la reconstrucción democrática. Y ahora que de nuevo se necesitan los votos de la centroizquierda para apuntalar al Apruebo, va otra vez a rendir homenaje a Lagos, incluso con palabras elogiosas para el legado de la Concertación.

Pero el problema no es del Presidente Boric, sino de aquellos que han estado dispuestos a someterse a todo lo que esto implica. Los que han sido cómplices de su propia denostación; los que han guardado silencio o incluso aplaudido mientras se les fulmina. Y que ahora no tienen vergüenza en reconocer que, para ellos, la propuesta emanada de la Convención es muy negativa para el país, pero igual van a votar Apruebo, porque no se atreven a tomar distancia de una historia que, en rigor, nunca ha sido la suya.

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