Pensar el mañana

A commuter wears a face mask as a precautionary measure against the spread of the new coronavirus, COVID-19, on the subway in Santiago, on March 20, 2020. - Chile declared a "state of catastrophe" and delayed a constitutional referendum while several countries announced nighttime curfews as Latin America expanded its coronavirus lockdown on Wednesday. (Photo by Martin BERNETTI / AFP)


Mientras la pandemia de Covid-19 avanza inexorablemente a través del globo, el que parecía un lejano y ajeno virus ya instaló su cabeza de playa en nuestro país. Sabemos que se avecinan tiempos aciagos y naturalmente experimentamos temor. Temor por nuestra salud y temor por el incierto futuro. Sin lugar a dudas, las enfermedades han sido -al decir de Jared Diamond- el principal elemento mortífero de la humanidad y, por ello, configuradores decisivos de la historia.

Bien lo sabemos en América. El rol de los gérmenes durante la conquista española fue mayor que el de las armas. La ventaja decisiva de Cortés tras desembarcar en la costa de México en 1519 provino de la epidemia de viruela que mató a la mitad de los aztecas, incluido el emperador Cuitláhuac. Lo propio ocurrió con Pizarro en Perú en 1531. La viruela diezmó a los incas, incluido el emperador Huayna Cápac.

La historia es importante porque sin lugar a dudas será la forma como enfrentemos el Covid-19 la que configurará el futuro de Chile y el mundo. Este acontecimiento inesperado debiera vaciar el escenario político de los pícaros y fantoches que en los últimos años capturaron el espacio público a fuerza de consignas, virales en redes sociales, y proliferación de fake news. 

Quienes lideren y se desempeñen con decisión y coraje, con vocación de servicio público en el ámbito nacional, y con solidaridad y sentido de comunidad en el ámbito privado y empresarial, serán los verdaderos héroes. Anónimos médicos y enfermeras; profesores a distancia; políticos y gobernantes que dejen de lado sus trincheras partidistas; pequeños, medianos  y grandes empresarios que asuman que es tiempo de generosidad y sacrificios. Ciudadanos que entiendan que la tarea es de todos y no solo de algunos. 

El empoderamiento ciudadano adquiere hoy un nuevo significado. En lugar de abogar por reivindicaciones de un grupo, ahora implica madurez para apoyar a quienes fueron democráticamente elegidos para conducir al país. Son tiempos de unidad y cohesión. Son tiempos de respeto por el otro y no de odio vociferante. En la adversidad surge una oportunidad de cicatrizar heridas y de reflexionar sobre el insensato camino de enfrentamiento que se había apoderado de Chile.

Por lo mismo mientras científicos intentan contra el tiempo desarrollar vacunas y tratamientos, y economistas, empresarios y gobernantes hacen tenaces esfuerzos por conciliar medidas para mitigar el impacto financiero de la pandemia, debemos también pensar en el mañana.

Cuando esto pase, y sin lugar a dudas pasará, ojalá surja una nueva generación sin el lastre del Chile oscuro y nihilista que se expresó tras el 18 de octubre de 2019. Nuestra herencia no provendrá de ningún testamento, como alguna vez escribió el poeta francés René Char, sino que será obra de esta generación que enfrentó y superó unida el desafío de la pandemia.

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