Estudio muestra cambios en cerebro de jóvenes encarcelados

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Foto: AgenciaUno

Investigación revela que son incapaces de interpretar correctamente las emociones de otras personas.




Para navegar exitosamente a través de la vida, es necesario tener habilidades sociales, como ser capaces de reconocer las emociones que expresan otras personas. Y sobre todo, identificar cuando una persona está siendo irónica o sarcástica (crucial para mantener una conversación entre dos personas y que ambas estén entendiendo lo mismo).

La mayoría de las personas no piensa en desarrollar estas habilidades comunes, simplemente las emplean. Pero el estudio "Out of Context, Beyond the Face" (Fuera de contexto, más allá de la cara) del Centro de Neurociencias de la U. Adolfo Ibáñez (UAI) junto a otras instituciones, reveló que los jóvenes encarcelados presentan un déficit en esta área.

Presentan un sesgo en cómo integran la información implícita contextual de carácter negativo, por ejemplo, en una conversación cara a cara. Por ello tienden a sobrevalorar las claves contextuales negativas.

"Un aspecto muy importante de la interacción social, de la comprensión del significado social o emocional, tiene que ver con cómo uno interpreta la información del contexto. En estos chicos, cuando tienen que integrar la información del contexto, tanto de la expresión corporal con el contenido emocional de la cara, tienden a sesgarse por la información contextual negativa, es decir, cuando el contexto es negativo tienden a ver la emoción como negativa", explica Agustín Ibáñez, investigador de la UAI y uno de los autores de la investigación.

Explica que el "mundo de las interacciones sociales complejas es altamente implícito y no es siempre explícito o fácil de inferir", el problema es que estos jóvenes -automáticamente- interpretan el aspecto implícito de forma negativa y por ende, responden a la interacción de forma negativa.

La "información de contexto" se refiere a las señales corporales de una persona durante una interacción social, que pueden diferir muchísimo de lo que el rostro del individuo expresa.

Para realizar este estudio, los científicos seleccionaron a un grupo de adolescentes encarcelados y a otro de menores en libertad. A ambos grupos se les tomó una prueba que permite estudiar "el efecto de la emoción en la cara versus la emoción en el contexto y cómo integran o no esta información", explica Ibáñez.

Lo que hicieron fue mostrarles imágenes de caras y cuerpos que estaban emitiendo alguna emoción, así como caras y cuerpos juntos en los cuales había congruencia entre ambos con la emoción que emitían mientras que en otro grupo de imágenes no existía tal congruencia.

Después, les realizaron resonancias para estudiar su cerebro e identificar qué zonas eran más pequeñas -porque las áreas del cerebro que no funcionan como corresponde tienden a ser más grandes o pequeñas de lo que deberían-. Estos exámenes revelaron que los jóvenes encarcelados tenían atrofiadas áreas críticas para integrar la información del contexto.

Ibáñez reconoce que el estudio es uno "chiquito, preliminar", pero un primer paso para analizar cómo es el desarrollo de estos jóvenes.

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