El arte de robar: la desconocida trama que quedó al descubierto tras el caso de Raúl Schüler

Estatuas del cerro Santa Lucía, obras de fierro únicas en el mundo, cofres de plata, armas. Hasta fósiles. Ciento 37 piezas se incautaron desde la hacienda de Raúl Schüler, en la que, dicen, es la diligencia más importante en la historia del patrimonio cultural chileno. Pero el caso abrió la puerta a un problema aún mayor: el tráfico de arte.


El techo está a dos metros y medio de alto. Los zócalos dorados están llenos de diseños, ni un centímetro en blanco. La pieza, de unos 25 metros cuadrados, podría ser un museo iluminado por una araña de cristal. Hay cuadros que ocupan paredes completas. Encima de ellos, hay más cuadros. Los de abajo son mapas, los de arriba, pinturas renacentistas. Hay ángeles de hierro, candelabros de bronce y una cama de dos plazas que parece sacada de la Edad Media. Encima de ella, una campana celeste de plástico. Abajo, un perro tallado en bronce.

Podría ser una habitación del Palacio de Versalles. Pero no. Quien vive ahí y quien adornó esa pieza, y esa casa, se tomó muchísimos años para elegir cada uno de los objetos que decoran su interior. Y su exterior, como el exótico islote con flamencos rosados.

La imagen es una oda al arte rococó y, a la vez, una demostración grotesca del patrimonio de su dueño: Raúl Schüler, un empresario del rubro agrícola.

Pero Schüler es solo una pieza más de una trama cuyas características están siendo rastreadas en reserva desde hace años.

La musa

“Anterior al año 2000 adquirí esta escultura de ‘La Mujer Sentada’ en el Centro de Antigüedades Parque de los Reyes. Agregar que desde mi perspectiva era cara, pero como me gustó, la compré, luego un camión la llevó al fundo”. Así parte la declaración que Raúl Schüler dio, en calidad de testigo, a la PDI el 18 de octubre. El motivo: existían sospechas fundadas de que en su patio, un parque de 25 hectáreas, estaba una estatua que había desaparecido hace más de 15 años.

Fue el 20 de junio de 2003. Así recuerda Archibaldo Peralta -profesor de Historia, especializado en arqueología y antropología- el robo de la estatua que estaba en la Plaza Rubén Darío, en Valparaíso. Era uno de los monumentos que habían sido encargados a Francia por el intendente de Valparaíso Francisco Echaurren, en 1870.

Su nombre original es “La Industria”, y fue confeccionada por la fundición Val D’Osne. Para el terremoto de 1906, la estatua se cayó y se guardó. Volvió a aparecer en 1944 para un homenaje a Rubén Darío y se bautizó como “La Minerva”. Años después, la rebautizaron como “La República”. Eso hasta 2003, cuando unos alumnos de la Universidad de Playa Ancha le avisaron a Peralta que la estatua había desaparecido. El profesor hizo la denuncia en la PDI.

Peralta esperó algunas semanas. Nunca pasó nada. Cuando el profesor se encontró con una autoridad del Poder Judicial, aprovechó la oportunidad para preguntar por el caso de la estatua perdida.

-Me dijo: “Oye, mira. Hay niños abusados, mujeres violadas y tú vienes a reclamar por un mono de fierro”.

Pesa cerca de 200 kilos y es de hierro fundido. Y, sin embargo, la estatua “La República” estuvo 15 años escondida a la vista de todos. Eso hasta el 5 de octubre pasado. Ese día, mientras revisaba la prensa, uno de los detectives de la PDI detectó una publicación en que Lautaro Triviño denunciaba que una pieza similar a la desaparecida estaba en Rancagua, en un fundo. Era la hacienda “La Punta”, propiedad de un conocido empresario de la zona: Raúl Schüler Gatica.

Como consta en la investigación, el 10 de octubre, a las ocho de la noche, la PDI recibió un correo de Triviño. Eran más antecedentes de la escultura, indicando que, tal como la que había desaparecido de la Plaza Rubén Darío de Valparaíso, se encontraba en el catálogo de la fundición Val D’Osne, de Francia.

Al día siguiente, el 11 de octubre, un grupo de la PDI viajó hasta San Francisco de Mostazal, al fundo Las Casas de La Punta. A las 11.30, uno de los trabajadores del lugar llamó a Schüler: venían a registrar los jardines.

En un día despejado, a las dos de la tarde, a campo abierto, en el lado sur del fundo, rodeado de árboles ornamentales y flores, la PDI encontró una escultura.

En el informe de la PDI, del 19 de octubre, luego de los peritajes, se concluyó que existía una gran probabilidad de que la pieza que estaba en el patio de Schüler fuese “La República”.

Un día antes, cuando Schüler declaró, el 18 de octubre, explicó que la escultura llevaba en su fundo unos 18 años, pero que no tenía registro fotográfico.

-No tengo y no recuerdo tener algún documento de la compra (de la estatua) -dijo.

La ley del arte

Las vendía cada una a cinco mil pesos. Eran cartas, pero no cualquier tipo de cartas. Eran las de Óscar Castro, un escritor y poeta nacido en Rancagua, que murió en 1947. Toda su correspondencia había quedado en un baúl, que hasta hace pocos meses estaba en manos de uno de sus descendientes. El mismo que vendía en la feria las cartas que en algún momento Gabriela Mistral le envió a Castro. Eso hasta que una vecina se dio cuenta del valor de las cartas, entró a la casa donde estaba el baúl y las llevó a la Fiscalía de O’Higgins.

En 2016, cuando Emiliano Arias asumió como fiscal regional de O’Higgins, se creó la Fiscalía de Alta Complejidad. Esta unidad es la única en Chile que tiene un plan especial para levantar e investigar delitos enfocados en el medioambiente y el patrimonio. Los primeros resultados se dieron entre 2016 y 2017, cuando los incendios forestales arrasaron con más de 100 mil hectáreas y dejaron más de 500 víctimas. La Fiscalía de Alta Complejidad -en un trabajo conjunto con la Conaf, Carabineros y la PDI- hizo la imputación de cargos a sujetos y empresas eléctricas.

-Como región nos preocupa el medioambiente. ¿Por qué? Porque es el lugar en el que se desarrollan todos los otros bienes jurídicos. Y el concepto de medioambiente es amplio, también está incluido el patrimonio -dice Arias.

Al día de hoy, la fiscalía ha cursado ocho causas ambientales y dos de patrimonio. El problema, explican, es que la legislación actual es deficiente.

La Ley de Monumentos Nacionales establece qué se considera dentro de la categoría, quién debe velar por la tuición y responsabilidad de estos -el Consejo de Monumentos Nacionales- y las sanciones que se podrían aplicar a quien atente contra el patrimonio. ¿Cómo se relaciona esta ley con el tráfico de arte? Cuando un privado se apropia de lo que se considera monumento nacional, está dañando el patrimonio que tiene que estar a disposición de todos.

Pero para aplicar la ley hay que tener personal especializado para reconocer una de estas piezas. Desde la Fiscalía de O’Higgins explican que al no tener el conocimiento de que, por ejemplo, una estatua tiene tal categoría, el robo de ella es tratada de la misma manera que el robo de un televisor, de un auto o de una bicicleta. Una fiscalía especializada, como la de Alta Complejidad de la región, explican, al tener conciencia de que el objeto en sí tiene un valor más allá que como pieza material, tiene un valor histórico, procede de manera distinta.

Por eso, con Raúl Schüler se realizó una investigación para, luego, solicitar la entrada, registro e incautación de toda la evidencia en la hacienda “La Punta”.

Cofres, candelabros, esculturas, vasijas, fósiles, platería mapuche, un rifle, un revólver, especies precolombinas.

Luego de tres procesos -dos en la hacienda “La Punta” y una en un departamento que Schüler posee en Providencia- se han incautado 137 especies.

-Este caso puede hablar de dos cosas. Que este es el único coleccionista que tenía en su poder especies robadas o que hay muchos más. Que se roben una estatua de 200-300 kilos de un cementerio no es lo mismo que robar un televisor, que puedo reducir fácilmente. O sea, tengo dos hipótesis: tengo que robar por encargo o tener a lo menos un comprador seguro. Entonces, tiene que existir un mercado -dice Emiliano Arias.

El problema es mundial. Según cifras de la Unesco, el tráfico ilícito de bienes culturales representa cada año entre 3.400 y 6.300 millones de dólares en todo el mundo. Aproximadamente la misma cantidad de millones que ha recibido en aportes del Estado el Transantiago desde su inicio, en 2009.

Robos en el más allá

La primera pista que tuvieron los franciscanos fue la más obvia. El 15 de marzo de 2014, solo desaparecieron cuatro piezas del Museo de Arte Colonial de San Francisco. No eran objetos al azar. Eran los más valiosos de la colección. Un par de cofres de plata corrugada y unos candelabros de plata repujada. Algunas de las piezas habían sido confeccionadas en Perú y otras por los primeros talleres jesuitas en Chile en el siglo XVIII. Cada una de esas piezas, explica la historiadora experta en arte María José Castillo, podría llegar a costar hasta 300 millones de pesos.

Una restauradora profesional de piezas de arte, que prefiere mantenerse en el anonimato, explica que los robos de “arte sacro” no son al azar. De 20 piezas, explica, roban justo una, la más valiosa. Esos son, dice, robos por encargo de anticuarios que luego venden los objetos a precios altísimos.

-Una vez entré a una casa donde había 30 candelabros. El dueño me dijo: “Los compro en Av. Brasil, el señor me llama cuando le llegan”. ¿Y de dónde son los candelabros? De las iglesias -explica la restauradora.

Ese mismo año que les robaron cuatro piezas a los franciscanos, apenas un mes después, el Cementerio General dio a conocer que hasta esa fecha, 2014, había 24 obras perdidas.

El recinto es el museo de escultura más grande de Chile. Solo dentro del casco histórico -que comprende 28 hectáreas- hay 200 piezas. El primer robo de estatuas reportado por el Cementerio General fue en 2003. Pero las piezas, que pueden llegar a tener un valor de 150 millones de pesos, siguieron desapareciendo hasta el día de hoy.

Desde el cementerio explican que, aunque el casco histórico fue declarado monumento histórico en 2010, los robos siguieron igual.

Nueve esculturas del cementerio fueron encontradas en el primer allanamiento a la casa de Schüler. Apenas cuatro días después, el 28 de noviembre pasado, en el segundo registro, encontraron ocho esculturas más.

Diecisiete esculturas del Cementerio General, una del Cementerio de Valparaíso y otra del Cementerio de Quillota. Pero, además, el empresario tenía dos piezas del cerro Santa Lucía. Una de ellas era “Polimnia”, que había sido traída por Benjamín Vicuña Mackenna en el siglo XIX. Además de la pieza original que es de mármol y está en el Museo del Louvre, la fundición Val D’Osne hizo un molde y alcanzó a hacer tres “polimnias” de hierro de 95% de pureza. Según la PDI, el molde fue destruido y las otras dos réplicas también. “La polimnia” incautada el 24 de noviembre pasado en la hacienda “La Punta” es la única en el mundo de ese material.

-Esta es la diligencia policial más importante en la historia respecto de la recuperación y protección del patrimonio cultural de los chilenos -dice el comisario y jefe (S) de la Brigada de Delitos Medio Ambientales y Contra el Patrimonio Cultural (Bidema) de la PDI, Luis Mardones.

La Bidema es la unidad de la Policía de Investigaciones dedicada a investigar los delitos en esta área. Son 40 investigadores policiales. Un 90%, explica Mardones, con títulos universitarios. Aunque respecto de los delitos contra el patrimonio hay apenas dos personas con especialización.

Cada una de las esculturas de hierro, en promedio, tiene un valor de 200 millones de pesos. Y las de mármol de Carrara bordean los $ 100-$ 150 millones. Los montos y las esculturas recuperadas apuntan a que la incautación de especies robadas podría superar los cinco mil millones de pesos.

Sin custodia

La masilla mágica es un producto versátil. Se puede moldear de la forma que uno quiera. A la hora de hacer reparaciones de emergencia, esta masa rosada es la solución. Es “mágica”, aunque no lo suficiente para restaurar piezas de mármol.

Pero con masilla mágica, Raúl Schüler les pedía a sus trabajadores que arreglaran las estatuas.

Varias de las piezas de mármol de Carrara, como los ángeles, tenían sus alas parchadas. Muchas trizaduras en base de manos y de pies se aflojaron cuando el personal de la Bidema las movió para incautarlas. Así descubrieron que con una masa de color rosado chicle se “reparaban” las estatuas.

Lo que busca configurar hoy la unidad de alta complejidad de la Fiscalía de O’Higgins en el caso de Schüler es un “concurso de delitos”. Es decir, varias acciones de distinto tipo penal. Los delitos son: uno especial que, a través de la Ley de Monumentos Nacionales, sanciona la apropiación indebida de monumentos nacionales; el delito de receptación que, cuando el valor de las especies supera las 400 UTM, se aplica en su grado máximo, y la ley de control de armas. Aun con la atenuante de la irreprochable conducta anterior, Raúl Schüler arriesga una condena de cinco años y un día, que debería cumplir en la cárcel.

Desde fiscalía explican que para perseguir este tipo de delitos hacen falta recursos. Y las mismas herramientas que se utilizan para investigar, por ejemplo, el tráfico de drogas. Informantes, agentes encubiertos, entregas vigiladas. Eso y un registro unificado de todas las piezas “desaparecidas”.

-No existe un registro único de todos los bienes que sean patrimonio y que hayan sido robados. No hay una herramienta a disposición de los investigadores especializados que les permita ir a un lugar y saber si las especies robadas son o no monumento nacional -explica el fiscal Arias.

Aunque la PDI mantiene en su página web un registro de obras de arte perdidas, lo que hoy está tratando de hacer la Fiscalía Nacional es un catastro nacional de todas las especies denunciadas.

El caso de Schüler, explican desde fiscalía, ha animado a que otras personas se acerquen a denunciar piezas robadas. Algunas han llegado a reconocer especies al lugar, otros han reportado los casos por Twitter.

Recién el 20 de diciembre se realizará la formalización de Raúl Schüler. Quienes conocen la investigación no descartan que se hagan más allanamientos.

-Esta investigación permite dilucidar si hay tráfico de arte. El coleccionista que compra piezas robadas atenta contra el patrimonio. Son bienes que no están en el comercio. Ni aunque yo tenga mucho dinero me puedo comprar una estatua de Bernardo O’Higgins que está en cualquier plaza. No hay suma de dinero que lo pueda comprar -explica Arias.

En el segundo allanamiento, el equipo de fiscalía y el de la PDI realizó un registro de todas las especies al interior de la hacienda “La Punta”.

También buscaron uno de los objetos más invaluables de la historia chilena. Una pieza de acero forjado, oro macizo y piedras preciosas, avaluada en un millón de dólares, que fue robada en 2016 desde el Museo Histórico Nacional. Las personas que participaron en el segundo registro a la propiedad de Raúl Schüler buscaron la codiciada espada de Bulnes. No la encontraron.

Aunque, dicen, las estatuas aún no hablan.

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