El método Caicedo: de sanador a consejero de La Roja

Motivaciones racionales por sobre las arengas. Movimientos para modificar el campo energético del rival. Largas caminatas en la previa de cada partido, buscando crear el ambiente idóneo para sus equipos. ¿Cómo se puede manejar la crisis en el camarín del bicampeón de América? Aquí, el terapeuta colombiano Orlando Caicedo habla sobre su método y cómo lo aplica en la selección nacional de fútbol.


-¿Para qué estamos aquí?

Orlando Caicedo, 60 años, casado, tres hijos, se pregunta ante poco más de 40 personas en el salón principal del Centro Pranavida. Son las 19.55 del miércoles 4, y en tan solo un par de minutos dictará la primera de dos charlas sobre “sanación pránica y deporte” que preparó de cara al diplomado del que formará parte desde agosto. “Para aprender de usted”, le contesta rápido un hombre sentado en la tercera fila. “Para conocer su enfoque”, señala otro. “Por mis nietos, que son deportistas”, remata una mujer, ubicada al costado del terapeuta colombiano.

Han pasado casi tres meses desde que Caicedo arribó a la concentración de la selección chilena en Estocolmo con miras a los amistosos frente a Suecia y Dinamarca. Es el sexto desafío en el que acompaña a Reinaldo Rueda, entrenador de La Roja, tras sus pasos por Colombia, Honduras, Ecuador, Atlético Nacional y Flamengo: los medios suelen destacarlo como el “arma secreta” del DT.

En la exposición, el mote -por momentos- cobra sentido. Como si se tratara de una clase, durante los siguientes 97 minutos, Caicedo desmenuzará las distintas técnicas que dan vida a la “sanación pránica”, el método del filipino Choa Kok Sui que tantos réditos le ha traído: dirá que todo ser humano posee un campo energético capaz de modificar el de otra persona con un simple pensamiento; que los 56 mil pensamientos negativos que tenemos por día atacan directamente el sistema inmune; que es necesario romper el sistema de creencias y costumbres; medirá con dos pequeñas antenas de madera –medidores bioplásmicos– la energía de un puñado de voluntarios bajo distintos escenarios y le enseñará a un potencial estudiante del diplomado cómo sanar un dolor de cabeza.

La “sanación pránica”, explica, permite intervenir el aspecto mental y mejorar también lo subjetivo: busca el bienestar tanto material, económico, financiero y espiritual del ser.

-¿Quién de ustedes se bañó hoy? Ah, todos. ¡Muy bien! Y ahora les pregunto: ¿Quién de ustedes bañó la mente? ¿Y las emociones? Pregunten al vecino a ver si hizo eso. Nos daremos cuenta de que, a veces, los vecinos son descuidados, desaseados.

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Orlando Caicedo no recuerda la fecha con exactitud, dice que pudo ser en 1997 o 1998. Hacía más de cuatro años que había dejado de jugar profesionalmente básquetbol cuando recibió la llamada de su exentrenador en la selección colombiana, Guillermo Moreno. “Me pidió que jugara un torneo que estaban disputando y, pese a que me negué en un principio y le expliqué que llevaba un tiempo inactivo, bueno, pues me convenció”, recuerda, entre risas. Durante la competición, preocupado por lo que sería su rendimiento, Caicedo, que llevaba un tiempo estudiando la medicina oriental, comenzó a estimular un centro energético –fundamental o base, le llama- que maneja el sistema músculo-esquelético y que permite mejorar la condición física.

-En el primer partido fui un desastre -confiesa. Pero para el segundo partido, me preparé: me pregunté qué pasaría si trabajaba en mí mismo el centro. Empecé a experimentar y mejoré un poquitico el rendimiento. Al tercer partido juego mucho más, y para el cuarto ya le dije a mi familia que me hicieran algunos ejercicios. Resulté siendo la figura del partido y el mayor encestador del torneo.

Frente a los positivos resultados, Caicedo decidió contarle a su mentor, el mismísimo Choa Kok Sui, lo que venía haciendo y este lo motivó a seguir experimentando con la “sanación pránica” en el ámbito deportivo. “Empecé a hacerlo en el grupo, en el equipo, y nos empezamos a volver invencibles en los torneos nacionales”, recuerda.

Así conoció, tiempo después, a José Eugenio Hernández, entrenador del Deportivo Cali, que en 1999 llegó a la final de Copa Libertadores. Se sumó a los trabajos del DT en el cuadro colombiano y luego lo acompañó en la Selección de Panamá. No paró más: de cara a las Eliminatorias rumbo al Mundial de Alemania 2006, un amigo, el neurólogo Jesús Diazgranados, lo presentó a Reinaldo Rueda y, desde entonces, se sumó a su staff técnico.

-¿Por qué la “sanación pránica”?

-Orlando Caicedo -habla en tercera persona- es odontólogo también. Es una persona muy curiosa desde la universidad. Él no come cuento, es una persona muy inquieta. Y le tallaba en la universidad una palabrita que decía “idiopático”: sin causa. Y un día, haciendo una exodoncia muy simple, el paciente me dice que el diente que le extraje le dolía. Pero si se lo extraje, ¿cómo le duele?, no tiene sentido lógico. Entonces me puse a estudiar odontología neurofocal y sus orígenes estaban en la medicina china. Después reiki, apucuntura y, en esa búsqueda, conocí la sanación pránica, a través del científico filipino Choa Kok Sui. Encontré muy científicos una serie de protocolos que nos permiten no solo intervenir en los diferentes sistemas del organismo del cuerpo, sino que también nos permitía trabajar el aspecto mental y ver cómo esa persona no solo se influencia de su exterior, sino que también modifica ese exterior.

-¿Y por qué cree que es necesario en el deporte de alto rendimiento?

-La mayoría del tiempo los procesos de preparación deportiva se le dedican al cuerpo. Y estamos omitiendo cómo trabajamos una parte muy importante, que son las emociones. Cómo esas emociones en una definición de penaltys, en un tiro libre en baloncesto, una pelota quieta: cómo reacciona el jugador. Nos olvidamos que el ser humano tiene emociones. Nosotros debemos empezar a modificar estos patrones para que el deportista tenga un mayor rendimiento. Todos somos energía que, de acuerdo a técnicas de sanación pránica, uno puede modificar.

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Tras la derrota que Chile sufrió ante Brasil en octubre pasado, quedando sin opciones de asistir al Mundial que hoy se disputa en Rusia, Carla Pardo, esposa de Claudio Bravo, acusó la falta de profesionalismo en La Roja a través de Instagram. Los dardos, que en teoría apuntaban a las indisciplinas de Arturo Vidal, distanciaron a dos de los máximos referentes de la selección. La ruptura mediática, desde entonces, ha escalado: en los primeros días de junio, el capitán aseguró no tener que hablar nada con Vidal y tampoco tener que “pedirle perdón a nadie”. El volante tampoco ha mostrado señales de querer reconciliarse.

-Cuando existen dos liderazgos tan grandes y chocan los egos, ¿cómo administra esa situación?

-Es muy sencillo: son los diversos niveles de verdad.

De pronto, el terapeuta colombiano apunta hacia su celular, ubicado en la mesa.

-Si yo te presento este celular acá y te pregunto qué es, ¿qué me dices? Pues que es un celular. Si yo le pregunto esto a un niño de dos añitos, me dice que es una cosa. ¿Y si se lo pregunto a un ingeniero electrónico? No le entiendo nada, porque me da una explicación científica. ¿Quién de los tres tiene la razón? Los tres. Entonces, simplemente, es buscar los mecanismos para encontrar el verdadero nivel de verdad y, con ello, empezar a trabajarlo.

-¿Lo ha conversado con Arturo y Claudio?

-Secreto de confesión, jajajá.

-¿Y con el resto de los jugadores? Imagino que es un tema que les da vueltas…

-¿Cómo te llamas?

-Eduardo.

-¿Eduardo solo?

-Eduardo Ignacio.

-Ah, Ignacio. ¿Y por qué no me lo dijiste?

-Por costumbre, supongo…

-¿Y por qué? Por repetición. Te llevo al punto. En la medida que repites algo, esa energía que repites tiende a materializarse. Si vas por la calle y dicen Ignacio, no te volteas a mirar. Pero dicen Eduardo y te desnucas. Entre menos se repita un tema adverso, mejor. Y menos en medios, porque el medio pasa el diálogo a lo escrito que lo leen miles de personas, y esas miles de personas lo van a transmitir a otras miles. Entonces, ¿qué pasa con esa energía que se crea? Va a empezar a incidir positiva o negativamente sobre un evento, sobre el grupo de jugadores. Hay que tener mucha cautela y es una cosa que algún día hablaremos con los medios, de cómo tornar todo ese egregor -una sumatoria de pensamientos que se forma- y que sea siempre favorable hacia la selección.

No sería la primera vez que Orlando Caicedo recurre a esta técnica con los medios. En noviembre de 2016, unas cuantas horas tras el accidente que sufrió el vuelo 2933 de LaMia y acabó con la vida de 71 personas, entre ellos gran parte del plantel de Chapecoense, el coach pránico, miembro del cuerpo técnico de Atlético Nacional, aprovechó un punto de prensa para pedirles a los periodistas que no les preguntaran por la tragedia a sus futbolistas. El equipo colombiano había viajado en el mismo avión, con la misma tripulación, cinco o seis veces, recuerda Caicedo. “Había un grado de familiaridad”, asegura. Además, en pocos días debían viajar a Japón para disputar la Copa Suruga Bank.

-Venía un vuelo largo, que creaba una energía adversa. Había mucho miedo, ansiedad, angustia, dolor, llanto. Una serie de características que teníamos que erradicar lo más pronto posible. Y gracias a la psicoterapia pránica, que es una subespecialidad de la sanación pránica, logramos darle vuelta a ese evento.

-Cuando estaban en Ecuador, también sufrieron la muerte del delantero Christian “Chucho” Benítez…

-Fue un impacto muy grande, porque aconteció sin suceso y realmente nos dolió mucho. “Chucho” era referente, además, como persona: por su alegría, era el tomapelo, el que llevaba la grabadora, el que organizaba los bailes entre ellos. Perder ese referente, ese líder emocional, para reponer al grupo no fue fácil. Tomó más tiempo. Es perder a tu hermano, a tu primo, a tu papá, a una persona demasiado cercana.

-¿Y qué técnica utilizó para sanar al grupo?

-Empleo mucho la psicoterapia pránica, porque cuando te hablo de prana, quiero decir energía, energía vital. Pero existen energías de distintas índoles. Si te pregunto por un estadio, tú me dices fútbol; funeraria, muerte; centro comercial, compras. ¿Por qué? Porque existe energía de eso ahí. Las energías de los espacios hay que erradicarlas muchas veces para mejorar. Lo mismo que una energía de dolor: tienes que desintoxicar mentalmente a la persona de eso, retirando esa energía.

-¿Quitar el apego por Benítez?

-Llamémoslo sentimiento. No propiamente quitarlo, sino que ese recuerdo sirva como una motivación para el logro que se quiera. Tú escuchas en la calle “voy a hacer esto por mi familia”. Se traslada a esa persona a una energía para lograr sus propias metas. Lograr aprovechar eso para conseguir ese objetivo.

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Es un ritual que repitió una y otra vez en el Atanasio Girardot de Medellín, antes en el Atahualpa de Quito y, confirma, próximamente lo hará en el Estadio Nacional o donde le toque jugar a La Roja. Minutos antes de cada encuentro, Orlando Caicedo ingresa a la cancha y la recorre completa. Camina mientras la siente, la escucha. No le importan los insultos que normalmente recibe desde las gradas. Su objetivo es uno solo: crear un ambiente favorable para el cuadro que representa.

Luego, se acerca a los jugadores y los motiva. Pero no con la clásica arenga. El colombiano, explica, prefiere motivarlos “desde la razón”, porque los resultados son más extensos.

-¿Cuál es su rol en la previa de los partidos?

-Cuando haces motivaciones emocionales son transitorias, pero cuando son racionales son más permanentes y de mayor resultado. Las arengas te despiertan un centro bioplásmico que se llama plexo solar, que aumenta el coraje, la garra, la berraquera, lo cual es bueno, pero en determinados momentos. Tienes que saber a qué jugador le estás llegando, cuáles son sus características de personalidad, para hacerlo de esta manera. Hay jugadores que son demasiado tranquilos, que sí hay que incrementarles un poquito la motivación. Hay otros que los tienes que bajar. Nosotros tenemos que buscar siempre motivar a la persona desde la razón para que impere ella sobre la emoción y tengamos jugadores más lúcidos, con más visión, mayor concentración.

-¿Realiza estos trabajos en función del rival?

-Conociendo el rival hay cosas gesticulares, micromovimientos que les enseño a algunos jugadores, a los más receptivos: cómo empezar a modificar el campo energético de la otra persona, no queriendo decir con esto trastornar al rival; al contrario, es potenciarnos nosotros para aprovechar eso en determinadas circunstancias.

-¿Estas charlas son grupales o individuales?

-En ocasiones hacemos charlas grupales. Personalmente, no es de mi preferencia, porque tenemos diferentes personalidades, diferentes energías. Mientras si lo haces individualmente, en ambientes no formales, la persona, el jugador va a tener mayor accesibilidad y uno tendrá mejores técnicas para erradicar y mejorar esas emociones.

-¿Cómo recuperar a una selección tan golpeada como la chilena?

-Tenemos que mirar el contexto en el que sucedió. Muchas veces el jugador confía mucho en él y en su compañero. Pero una cosa es la confianza y la otra cosa es confiar: acá se confió mucho en los otros. En una acción de juego, nunca me imagino que mi compañero va a dar un mal pase. Si yo me confío de eso, y pasa ese evento, me sorprende. En Chile sucedió algo parecido: hubo demasiada confianza en sí mismo. No se tuvo esa parte de desconfiar un poquito, en el buen sentido. Los medios, toda la gente, crea una energía que en algún momento no jugó una buena pasada. Son factores que uno tiene que empezar a considerar dentro de la mesura. El capítulo de la eliminación hay que leerlo, releerlo y hay que entender cómo vamos a seguir avanzando en el libro del éxito y la clasificación a Qatar.

-¿Es su objetivo que la “sanación pránica” se instale en el fútbol?

-Todos tenemos un sistema de creencias, mitos y leyendas propias o instauradas que constituyen nuestros paradigmas. Mientras no rompamos esos paradigmas, no vamos a cambiar. En el fútbol, en Chile 1962, fue el último balón de cuero con el que se jugó, después se han utilizado balones sintéticos. La esencia de las normas ha cambiado, el vestir ha cambiado, hoy tenemos el VAR. Nosotros tenemos que cambiar el elemento fundamental, que es el deportista, la forma de ese ser humano, no verlo solo de una manera. Antes no existía la medicina deportiva, no existía la nutricionista, el psicólogo, todo ha sido un proceso de cambios para que el futbolista sea cada vez más completo y más integral como ser humano. Entonces, parte de lo que vengo a hacer con Pranavida es lograr modificar esos paradigmas.

-¿Qué siente cuando lo llaman el “arma secreta” de Reinaldo Rueda?

-Cada quien experimenta sus niveles de verdad de acuerdo a lo que piensa.

-Pero ¿qué le pasa a usted?

-A mí, pues…, dejémoslos que piensen lo que quieran.

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