CAE: ¿Culpable o inocente?
SEÑOR DIRECTOR:
El CAE se crea el 2005 en el gobierno de Lagos con amplio apoyo del Congreso, pero con dos pecados de origen: una tasa de interés de mercado y cuotas fijas. ¿Por qué Hacienda no proyectó los ingresos de los egresados, que sí hizo el Banco Mundial el 2010 y probó que muchas deudas serían irrecuperables? ¿Por qué se le entregó a la banca la emisión exclusiva de los créditos y una recompra onerosa del Estado con bajos incentivos de cobranza?
El 2010 el gobierno de Piñera corrige el error, baja la tasa de interés al 2% y fija un tope de pago al 10% del ingreso. Y la morosidad fue a la baja, empero, por corto tiempo. ¿Por qué no se creó un verdadero crédito con pagos contingentes al ingreso, incorporando el descuento por planilla del empleador como existe en Australia y Nueva Zelanda?
Más tarde el gobierno de Bachelet II, crea la gratuidad y de paso hace una severa crítica al CAE lo que alienta la idea de un crédito que es injusto. En Piñera II se intenta reformar el CAE con la férrea oposición de la izquierda y se abona el terreno para que el candidato Boric luzca la bandera de la condonación. La morosidad sube como espuma y el CAE entra en una UTI financiera. Pocos se mantienen pagando. El propio gobierno envía un proyecto de ley, el FES, que busca pasar “gatos por liebres”. Una condonación y cobro por planilla del CAE, razonables, por cierto, pero en paralelo desfinancia a las universidades eliminando el copago y cobrando un impuesto a los egresados con tasas progresivas, ambos factores francamente negativos. Pero hay más. A días de la entrega del mando, se anuncia que borrarán lo negativo del FES si se aprueba la idea de legislar, pero las futuras autoridades le responden que no les creen y se clausura el diálogo.
¿Cómo continúa? El ministro Quiroz decide aplicar la ley y aprovecha que el gobierno de Boric había reforzado el marco jurídico que permite a la Tesorería perseguir el cobro de deudas garantizadas por el Estado mediante el embargo de las cuentas corrientes de los deudores de más altos ingresos. El ex Presidente acusa falta de sensibilidad. ¡Sorprendente paradoja!
El CAE no tiene la culpa. Esta política pública es un buen ejemplo sobre cómo las recriminaciones que hemos escuchado desde su creación nos hacen recordar aquella conocida sentencia bíblica: “aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. ¿Quién se salva?
Carlos Williamson
Rector Universidad San Sebastián
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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