Cartas al Director

El empleo chileno en crisis

SEÑOR DIRECTOR:

El mercado laboral no está bien. La tasa de desempleo lleva tres años sobre 8%, en las mujeres 9% y en el último trimestre había 862 mil desocupados que se concentran en jóvenes entre 18 y 24 años. De ellos, un segmento importante pertenece a los Nini-no trabajan ni estudian- y si la información se cruza con los datos de delincuencia lo más probable es que un porcentaje no menor esté en el circuito de la pobreza, exclusión y criminalidad. Comienza a tomar forma la tesis de que subir el salario mínimo y reducir la jornada laboral en el gobierno anterior no fueron inocuas; y más todavía en una economía que no crece.

Otra arista del problema es la calidad de los trabajos. Uno de cada cuatro empleos es informal y, por tanto, precario, y uno de cada cinco trabaja menos horas que las deseadas, o sea, hay subempleo. La subocupación tiene otra variante: estar en un empleo que exige un menor nivel de calificación que sus credenciales. Este tema se suele tratar en términos muy simplistas, con denuncias de que las universidades chilenas “fabrican” cesantes ilustrados. Por cierto, una exageración que oscurece el debate. Desde luego, Chile no presenta niveles de sobrecalificación superiores al promedio de la OCDE; es un fenómeno extendido.

El desajuste entre formación y empleo responde a una combinación de factores propios de economías dinámicas: cambios tecnológicos, transformación de las ocupaciones, estructura productiva que evoluciona más lentamente que la oferta de capital humano y la creciente movilidad laboral de las nuevas generaciones.

A diferencia de cohortes anteriores, que tendían a desarrollar trayectorias lineales y acumulaban pocos cambios de empleo a lo largo de su vida, los trabajadores más jóvenes transitan hoy por múltiples ocupaciones, especialmente en sus primeros años. Este proceso de exploración no necesariamente constituye un fracaso, sino una etapa de ajuste y búsqueda antes de la consolidación profesional. En el mercado laboral contemporáneo la estabilidad temprana ha dejado de ser la regla.

Reconocer esta complejidad no implica negar que existan desajustes relevantes ni desafíos en el uso eficiente del capital humano. Pero sobredimensionar el fenómeno o atribuirlo a causas únicas no contribuye a su comprensión. Por el contrario, dificulta la formulación de políticas públicas porque empobrece el análisis.

Carlos Williamson

Rector Universidad San Sebastián

Más sobre:Mercado laboralInformalidadTrabajoCapital humano

Lo más leído

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE