Sin humedales, Valdivia se inunda
EÑOR DIRECTOR:
Durante mayo, conmemoramos en Valdivia el aniversario del terremoto de 1960, el más grande registrado en la historia, que hundió y transformó para siempre gran parte de la ciudad. Son 66 años de adaptación a un nuevo paisaje caracterizado por humedales. Este cambio, ha traído grandes desafíos en torno al ordenamiento territorial, y no los podemos desatender. La necesidad habitacional es alta, pero en ningún caso puede justificar la edificación sobre estos ecosistemas, pues estaría fuera de todo criterio técnico, generando un deterioro inminente en las construcciones y en la calidad de vida de las personas.
No podemos desconocer el entorno climático y ambiental, debemos entender que los humedales brindan un servicio a la comunidad en términos de resiliencia y adaptación. Sin ellos, estaríamos constantemente inundados, con los mil quinientos milimetros de lluvia que recibimos en un año, y estaríamos lejos de apuntar a lo que siempre hemos trabajado por ser, un destino fluvial, rodeado de naturaleza para quienes nos visitan y para nuestra propia comunidad. Los humedales son parte de nuestro desarrollo sustentable, algo que nos llena de orgullo, no son una piedra de tope.
Es clara la relación virtuosa de ellos con la comunidad, pues además de mitigar altos niveles de precipitaciones concentrados en poco tiempo, son escenarios de contemplación en el corazón de los barrios, necesarios para la salud mental de todos quienes habitamos esta hermosa y privilegiada ciudad. Hoy debemos promover un habitar consciente y un uso racional de ellos, sin desconocerlos, ni olvidarnos que es responsabilidad de todos construir futuro en nuestra Ciudad Humedal.
Camilo Hornauer
Presidente ejecutivo
Fundación Plantae
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