Feltrinelli: la herencia intelectual de un editor revolucionario desembarca en español
La editorial italiana llega a España y América Latina con Doctor Zhivago como emblema, y la nueva novela de Valeria Luiselli como apuesta de futuro. El sello recupera la tradición de su fundador, quien abrazó la revolución y creyó en el poder trasformador de los libros, dice el editor José Hamad, quien visitará Santiago la próxima semana junto a la autora mexicana.
Recibió el manuscrito de una novela prohibida. En mayo de 1956, el poeta ruso Boris Pasternak le entregó a un emisario italiano el original inédito de Doctor Zhivago. De esta forma, buscaba eludir la censura soviética. Como en una novela de espías, le dijo: “A partir de este momento, queda usted oficialmente invitado a mi fusilamiento”. El destinatario del manuscrito era un joven editor milanés de 31 años, Giangiacomo Feltrinelli.
Director de una editorial recién formada, Feltrinelli intuyó el valor del texto y se aventuró a publicarlo. Un año después, y luego de sortear presiones de la Unión Soviética, Doctor Zhivago llegó a las librerías, se convirtió en un fenómeno mundial y su autor obtuvo el Premio Nobel de Literatura de 1958. Feltrinelli, a su vez, ingresó para siempre en la historia de la edición.
“Gracias por Doctor Zhivago, por todo lo que nos ha enseñado”, le escribió Feltrinelli al propio Pasternak en 1958. “En una época en que los valores humanos son relegados, los seres humanos se ven reducidos a robots y la mayoría de las personas solo piensan en huir de sí mismas y resolver los problemas de su propio ego, apresurándose y matando lo que queda de su sensibilidad humana, Zhivago ha impartido una lección inolvidable”.
Setenta años después, Doctor Zhivago vuelve a ocupar un lugar central en la historia de la editorial. La novela es la bandera que marca el desembarco de Feltrinelli en España y América Latina. La compañía nace sobre los hombros de la histórica editora de Milán, hoy dirigida por Carlo Feltrinelli, hijo del fundador, y de Anagrama, sello que el grupo adquirió hace algunos años. Su director editorial es el español José Hamad.
—Giangiacomo Feltrinelli tuvo una relación muy cercana con América Latina desde sus primeros años —dice Hamad—. Trabajó con Fidel Castro en unas memorias que nunca llegaron a publicarse; publicó los diarios del Che en Italia; publicó a García Márquez y siempre tuvo un enorme interés por los movimientos políticos y culturales que se estaban produciendo en la región.
Esa relación continúa hoy a través de Carlo Feltrinelli, actual presidente del grupo. De cierto modo, el nuevo sello es una combinación de tradición y novedad, de herencia y futuro. Junto con Doctor Zhivago aparece también Principio, medio, fin, la nueva novela de la escritora mexicana Valeria Luiselli.
—Comenzamos con Doctor Zhivago por razones simbólicas evidentes dentro de la historia de Feltrinelli. Pero también porque es una novela de enorme actualidad: vivimos un momento marcado por el auge de los autoritarismos, por dificultades crecientes para defender la libertad de expresión, los derechos civiles y las libertades personales. Doctor Zhivago sigue hablando de todo eso.
Publicar a Valeria Luiselli, a su vez, “es una manera de mirar hacia el futuro”, dice Hamad, quien visitará Santiago la próxima semana junto a la autora. Luiselli participará de la Cátedra en Homenaje a Roberto Bolaño de la UDP y presentará su novela en el GAM junto a Alia Trabucco.
La escritora mexicana será una excepción dentro del catálogo. La colección estará dedicada principalmente a traducir autores provenientes de otras lenguas. Sin embargo, el sello conservará en español el perfil cultural e intelectual que lo ha caracterizado desde sus orígenes.
—La identidad de Feltrinelli es claramente de izquierda y lo ha sido desde sus orígenes. Ahora bien, tanto en el catálogo actual de Feltrinelli en Italia como en el de Feltrinelli Editores en lengua española, esa mirada progresista debería reflejarse más en el conjunto del catálogo que en la publicación de libros explícitamente políticos o ideológicos.
De este modo, el sello recoge el espíritu de su fundador, un editor audaz, que quería cambiar el mundo con los libros, que combatió el fascismo y se comprometió políticamente: un editor revolucionario.
Cambiar el mundo
La noche del 18 de junio de 1955, un grupo de jóvenes celebra en un bar de Milán. Uno de ellos es editor y cumple 29 años; el resto trabaja con él en la nueva editorial Feltrinelli. Sobre el mesón descansan los dos primeros títulos del sello: El flagelo de la esvástica, una crónica de los crímenes nazis de Lord Edward Russell, y una autobiografía de Jawaharlal Nehru, líder de la independencia de la India.
Nacido en una de las familias más ricas de Italia, Giangiacomo Feltrinelli tomó un camino radicalmente distinto al que parecía destinado por su origen. La experiencia del fascismo, la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, la relación con los jardineros, obreros y campesinos que trabajaban para su familia lo inclinaron hacia la izquierda política.
“A través de ellos aprendí a conocer las condiciones, la vida menesterosa que los obreros se veían obligados a llevar, sus esfuerzos para mantener a sus familias, la insuficiencia de su salario y la constante amenaza de quedarse sin trabajo. Me di cuenta de que había dos categorías sociales muy diferentes y separadas entre sí”, escribió.
En 1945 se incorporó al Partido Comunista Italiano. Cuando fundó la editorial ya había iniciado otro proyecto monumental: la Biblioteca Feltrinelli, una colección de cerca de 70 mil libros, documentos y manuscritos sobre la historia del movimiento obrero europeo. Allí convivían ejemplares originales del Manifiesto Comunista, correspondencia entre Marx y Engels, textos de Lenin y Trotski y documentos fundamentales de la tradición ilustrada europea.
Feltrinelli buscaba intervenir en los debates políticos de su tiempo y, al mismo tiempo, renovar el panorama cultural italiano mediante la publicación de autores de primera línea provenientes de distintos países. Con notable independencia intelectual publicó a Simone de Beauvoir, Jorge Luis Borges, Nadine Gordimer, Saul Bellow, E.M. Forster y Jack Kerouac, junto a figuras políticas como Mao Tse-tung y Ho Chi Minh.
Sin embargo, el episodio que definió para siempre su figura fue la publicación de Doctor Zhivago, una desgarradora novela de amor que es también un alegato por la libertad en días de la Revolución Rusa.
—Visto desde el punto de vista de un editor, me impresiona muchísimo lo que hizo Giangiacomo Feltrinelli con ese libro. Y desde el punto de vista de un lector, también resulta extraordinario —dice José Hamad.
El editor destaca el que alguien con tan poca trayectoria fuera capaz de reconocer la importancia de una obra semejante y, además, tuviera el coraje intelectual y político para publicarla, aun a costa de sus propias afinidades políticas.
Las autoridades soviéticas exigieron la devolución del manuscrito. Luego obligaron a Pasternak a firmar un telegrama solicitando la cancelación de la edición. Pero pocos días después el escritor envió una carta en francés confirmando que deseaba verla publicada.
Doctor Zhivago apareció en Italia a fines de 1957 y se convirtió en la primera edición mundial de la novela. Al año siguiente, la Academia Sueca otorgó el Nobel a Pasternak y las autoridades soviéticas lo obligaron a rechazar el premio. El escritor murió en 1960. Su novela solo pudo publicarse legalmente en Rusia tres décadas después, en 1988.
—Me sigue impresionando esa combinación de visión literaria, valentía política y capacidad editorial. Feltrinelli decidió publicar una obra maestra aun cuando hacerlo iba contra sus propios intereses personales y políticos.
La revolución
La publicación de Doctor Zhivago fue seguida por otro hito: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, novela rechazada previamente por varias editoriales italianas y que se convirtió en un clásico del siglo XX. Más tarde llegarían autores tan diversos como Henry Miller y James Baldwin.
—La libertad de expresión fue siempre una preocupación central para él. Basta pensar en la Fundación Feltrinelli, dedicada a preservar los archivos históricos de la tradición socialista y antifascista italiana. Pero, además, está su catálogo. Feltrinelli ayudó a dar visibilidad a autores que cuestionaban el orden establecido y ampliaban el horizonte de la libertad y los derechos civiles -comenta Hamad.
Políticamente, el caso Pasternak tuvo otro efecto colateral: lo distanció de la órbita soviética.
—Feltrinelli percibe que muchos de los ideales que defendía no estaban siendo respetados por la Unión Soviética ni por los partidos comunistas alineados con ella. Entonces comienza a buscar esos ideales en otros lugares, desde posiciones más personales e independientes.
Uno de esos lugares fue América Latina: Feltrinelli siguió con atención la Revolución Cubana, viajó a la isla, se reunió con Fidel Castro, publicó los diarios del Che Guevara y observó con entusiasmo las transformaciones políticas que recorrían la región.
—La Revolución Cubana le pareció muy atractiva en sus inicios. Como a muchas personas de su generación, le interesó enormemente la promesa de transformación social que representaba. Pero también fue capaz de tomar distancia cuando sintió que la revolución comenzaba a apartarse de los ideales que la habían inspirado originalmente.
Con los años, su compromiso político se volvió cada vez más radical. Pasó a la clandestinidad y se involucró activamente en movimientos revolucionarios de izquierda.
—Es una figura fascinante. Un personaje extraordinariamente complejo —resume Hamad.
En 1971 publicó Conversaciones con Salvador Allende, del filósofo francés Régis Debray. Un año más tarde murió mientras manipulaba una bomba en las afueras de Milán.
El proyecto hispanoamericano
Hoy, Feltrinelli es mucho más que una editorial. El grupo incluye una red de más de 100 librerías en Italia, así como una fundación cultural. Recientemente inauguró una librería en Montevideo, uno de los primeros pasos de su expansión regional.
—Queremos contribuir a que la literatura internacional siga circulando en lengua española. Queremos descubrir autores, traducirlos y ponerlos al alcance de los lectores.
El catálogo tendrá un marcado énfasis en la ficción. Entre las próximas publicaciones figuran En palabras sencillas, un ensayo de Richard Ford sobre cómo vivir con decencia en tiempos de degradación política; Breve historia herética de la música clásica, de Alessandro Baricco, y Últimos especímenes antes de la extinción, de la escritora ucraniana Maria Reva, una sátira ambientada durante la invasión rusa de Ucrania.
En un contexto muy distinto al que vio nacer a la editorial, Feltrinelli intenta mantener vivo el impulso intelectual que animó a su fundador.
—Hace unos años, en una conferencia en Barcelona, Carlo Feltrinelli dijo algo que me parece muy acertado: que en una época marcada por el consumo permanente y por una lógica de productividad constante, sentarse a leer sigue siendo un acto revolucionario. Ese gesto que tantos disfrutamos —leer, aprender, descubrir otras formas de pensar— tiene un potencial profundamente transformador -concluye José Hamad.
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