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Lalo Ibeas se reinventa a ritmo de cumbia picaresca: “Sentí un llamado. Esto lo tengo que hacer yo”

Tras el fin de Chancho en Piedra y una etapa marcada por cambios personales, Lalo Ibeas encontró en la cumbia de doble sentido una nueva voz. Bajo el nombre de Pascual Arroyo, revive una tradición popular chilena que siente en riesgo de desaparecer. Ya tiene un primer single rotando en las radios y asegura que va por más. “Lo único que quiero es escuchar la música y cagarme de la risa”

Lalo Ibeas se reinventa a ritmo de cumbia picaresca: “Sentí un llamado. Esto lo tengo que hacer yo”

Una sensación amarga saboreó Lalo Ibeas cuando se enteró de la muerte de Tommy Rey, en marzo de 2025. No solo por la admiración y el vínculo que le unía desde que los días en que colaboró con Chancho en Piedra. También lo remeció la conciencia de que con él, se iba uno de los últimos que mantenía en el escenario parte de un repertorio muy particular de la música chilena; la obra de Jacinto Amoroso (el alias de Carlos González Montenegro, padre de Willy Sabor). Fue el autor de la canción Se murió Tite (la del estribillo “A Tite lo entierran hoy, a Tite lo entierran mañana), que salía tocar la Sonora de Tommy Rey. Una obra sumergida en el doble sentido que en su momento tuvo una resonancia popular.

A Ibeas siempre le llamó ese cruce entre la música y el humor picante. En su infancia resonó Los Hijos de Putre, el proyecto de cumbia picaresca que facturó clásicos como La vieja Julia, Conchita ingrata, Agüita de culén, entre muchos otros. “Mi papá tenía unos casetes y yo se los sacaba como si fuera algo prohibido -cuenta a Culto-. Me acuerdo de llegar a la casa de un amigo con los casetes de Los Hijos de Putre y de Metallica. Nos encerrábamos en el auto de su papá, escuchábamos rock duro y también casetes de chistes cochinos de Daniel Vilches, Jorge Franco y también de los Hijos de Putre”.

Esas tardes de risotadas destempladas en el auto familiar del padre de su amigo, se vinieron a la memoria de Ibeas al recordar Se murió Tite. Y sintió nostalgia. “Tuve esa sensación de decir: pucha, ya nadie está haciendo esta música. Porque hoy la cumbia o es romántica o es de hueveo, carrete y todo eso”. Fue entonces que tuvo una revelación. Una misión divina. “Sentí como un llamado. Esto lo tengo que hacer yo”.

Fue el momento en que comenzó a cuajar el regreso musical de Ibeas. A tres años de la disolución de Chancho en Piedra, el grupo que lo dio a conocer, pudo explorar otros intereses. “Chancho nos consumía todo el tiempo en nuestras vidas, desde los 15 años”, dice. Así, lanzó Antigravitacionales, un libro de cuentos que homenajea su gusto por la Ciencia Ficción. También le sacó lustre a su profesión de informático para incursionar en la industria de los videojuegos y además cruzó el Atlántico para iniciar una nueva vida en España, aunque tras un divorcio, se devolvió a Chile.

Pero el costado musical nunca dejó de palpitar. Siguió escribiendo canciones, pero sin prisa, sin pretensión. Ahí comenzó a experimentar con algunas letras picarescas inspiradas en la obra de Hijos de Putre o Hirohito. “Pero sentía que algunas me quedaban muy chulas, muy cumas”, cuenta.

Aunque buscaba a tientas el tono preciso para sus nuevas canciones, Ibeas tenía una cosa en claro. “Quería hacer algo distinto, no quería hacer algo igual a lo que había hecho Chancho”. Eso significaba, de entrada, no hacer rock ¿pero entonces qué? La misma vida en España comenzó a darle una respuesta. “Yo de repente iba a fiestas allá y tocaban de todo, menos cumbia. Echaba de menos Chico Trujillo, Tommy Rey y sentía que eso era parte de nuestra identidad”. En parte se sacó las ganas cantando en un grupo chileno de cumbia, afincado en España, los Xixamora. Pero una vez de regreso en el país, ocurrió el encuentro que acabó por definirlo todo.

Ibeas retomó el contacto con viejos amigos. En una fiesta se cruzó con el “Negro” Rodrigo Medel, de la banda Tomo como Rey. Le mostró algo de ese nuevo material que estaba amasando. “Y el negro, me dice ‘hueón, este disco lo tengo que hacer yo’. Y me insistió. A los días me llamó y me decía que él conocía bien la cumbia, que sabía lo que había que hacer. Me insistió harto, hasta que le dije, bueno, probemos”.

Se juntaron en los TCR Estudios de Medel. La primera canción que probaron se llamaba Pascual Arroyo. Un tema que aborda un viejo chiste popular, que Ibeas canta con una entonación más melódica, a diferencia de su estilo más gritado. Siguieron trabajando otras, pero a veces la fibra rockera le emergía de los poros. “Entonces el Negro me decía, ‘noo, pero cántala como Pascual, no tanto como Lalo’. Una onda más picarona. Ahí me di cuenta de que Pascual empezó a existir como personaje. Empezamos a aceptar el mito y después empezamos a decir que Pascual es mi primo del norte. Lo explico para los que les gusta los videojuegos: es como una temporada de Fortnite”. Así, su nueva era como solista había cuajado bajo una nueva identidad: Pascual Arroyo.

Casi a la manera de un superhéroe, la nueva identidad requería una extension visual. En principio lo pensó como un cantante de rancheras, pero su hermano le recordó su gusto por Devo. Se sumergió en la inmensidad de YouTube y encontró una presentación del grupo interpretando la célebre Whip it en televisión. Vestían de negro, con shorts, medias rojas y su clásico sombrero. “Y ahí dije ¡acá está!”, dice Ibeas. La imagen de Pascual Arroyo ya estaba lista.

El single con que se presenta al mundo es Lo comido y lo bailado (me van a echar), que ya tiene rotación radial y estará en plataformas desde el próximo 19 de junio. Un tema basado en una historia real que le sucedió a un amigo de Ibeas, en que se pone en la piel de un hablante que evoca una noche de exceso de copas en la fiesta de la empresa. “Lo abordé desde lo positivo, está feliz de lo comido y lo bailado, no está preocupado de que lo van a echar”.

Ibeas asegura que el proyecto está en rodaje, pero planea lanzar el primer disco de Pascual Arroyo en octubre próximo. “Estoy recién formando la banda con amigos, veamos cómo sale. Hasta el momento ha sido crear canciones, grabarlas, darle personalidad. No tengo ni una pretensión más que pasarlo bien. En este momento lo único que quiero que escuchar la música y cagarme de la risa, y que la gente se ría también”.

Además de recibir buenos comentarios, en las redes sociales, a Ibeas se le repite una pregunta ¿hay chance de una reunión de Chancho en Piedra? El año pasado participó en el colectivo de artistas que pone en escena la Cantata Santa María en versión rock, donde compartió con sus antiguos compañeros, Pablo y Felipe Ilabaca y Toño Corvalán. Pero al momento de comentar la idea, prefiere la cautela. “Nosotros nos llevamos muy bien, si hasta nos juntamos un par de veces a cenar, pero en realidad todavía no es tiempo. Si terminamos Chancho fue para hacer proyectos personales, para hacer otras cosas, sería ridículo volver sin hacer eso. Les conté a los chiquillos que tengo este proyecto, me dijeron ‘puta, la raja’. Los chiquillos tocan con varias bandas, ya sacaron un disco, entonces yo creo que debemos darnos un tiempo más de sacarnos todas las espinas y echarnos de menos. Y no es que no queramos, es que sentimos que todavía no es el tiempo”.

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