Culto

Mac DeMarco íntimo y caótico en el Teatro Caupolicán

Ante un Caupolicán repleto, el canadiense ofreció un show tan impredecible como emotivo: centrado en Guitar y This Old Dog, combinó humor, desparpajo escénico y una conexión profunda con una audiencia que creció junto a su música. Y se empeñó por demostrárselo.

Foto: Gary Go para @faunaprod

Los muchachos de gorra, bigote acotado y barba rala se aparecían por motones ante el portón del Teatro Caupolicán. La estética desgarbada, más cercana a lo naif, caló hondo en una generación que ve en Mac DeMarco una referencia. Desde aquel inolvidable debut en la ex Oz, en 2014, su música y su imagen ha ganado un creciente interés en el país.

Probablemente, el boca a boca sobre aquella memorable primera vez -donde incluso debutaron en vivo canciones de Salad Days- y los ocho años sin visitar Chile explican el sold out de sus noches en el Teatro Caupolicán de este fin de semana. Incluso a poco menos de una hora del arranque, el recinto ya lucía lleno, hasta las ubicaciones laterales de las plateas.

Acompañado de una acotada banda de 4 piezas (guitarra, bajo, teclado y batería), Mac DeMarco apareció en escena. Y a contrapelo de un show convencional, primero presentó a sus músicos y luego arrancó con Shining, uno de los cortes de Guitar, su reciente álbum de 2025 en que lo reencuentra con el formato canción y la guitarra como eje sonoro.

Mac DeMarco Foto: Gary Go para @faunaprod

En realidad, el show se acota al material de Guitar y This Old Dog, el que resultó conocido para su fanaticada local. Pese a los pocos instrumentos en escena, la banda hace mucho; la cualidad expansiva de su sonido, los delicados acordes de inspiración jazzera y las discretas capas de teclados aún le aportan frescura a su música. Por ello la mezcla del directo de Mac DeMarco prioriza la texturas por sobre la potencia (a lo The Cure). Pedro, su guitarrista brasileño le aporta el bagaje del bossa y tal como el canadiense contó a Culto, la aproximación a nombres capitales como Jobim, Veloso o Gal Costa, seguro le hizo alguna conexión.

En las primeras filas hay saltos y coreo al pasar temas de sus primeros discos, como Passing out pieces y alguno que otro saca un cigarro cuando sonó Ode to Viceroy -tal como pasó en aquel show de 2014-. Ese material caló en el verano indie del amor de 2014, cuando también sonaban nombres como The War on Drugs, Alvvays, Real Estate y otros tantos. Una época de sonido difuminado y melancólico.

Mientras la banda hacía lo suyo, en la pantalla pasan las animaciones de 8 bits, que emulan la estética de los videojuegos noventeros y riman con la música. La propuesta estética del canadiense propone un espíritu lúdico y juvenil, que conecta con las nuevas generaciones -aunque él ya tiene 35 años-.

Entre canción y canción, Mac DeMarco habla al público con una entonación deliberadamente grave, casi humorística. No es casual. El sentido del humor es parte de su personalidad; no parece tomarse nada en serio y aunque algo más contenido que en esa memorable primera vez, el canadiense es impredecible.

Ante el público enfervorizado, el músico se mueve como un obseso, por momentos se sube a cantar en los monitores de sonido y hasta prueba levantarse con las piernas en alto para caminar con las manos sobre el escenario. Sus músicos ríen. Pareciera que fuese la primera vez que lo ven hacer ese tipo de jugadas en escena.

Mac DeMarco en Chile Foto: Gary Go para @faunaprod

El respetable vibra cuando pasan temas como Freaking Out the Neighborhood y Chamber of reflection. La fiesta sigue en alto y el Caupolicán canta como en un karaoke de viernes por la noche. Y las lumbres de los móviles proporcionan un emotivo marco durante algunos momentos.

Algunos, más jugados, se aferran a las primeras filas aperados con copias del vinilo de Guitar -lo vendían en el merch esa noche- y un lápiz esperando que Mac les firme sus copias. Mientras, DeMarco en el escenario se lo está pasando fenomenal, lanza bromas a sus músicos y parece animarse a más proezas a medida que nota el entusiasmo de la gente.

En el bis pasa la romántica My Kind of Woman, probablemente la canción de amor por excelencia de la era indie, coreada a rabiar por el respetable. Un repasada rápida en plan repetición a Freaking Out the Neighborhood cerró una noche cargada de emoción y estética jizzy jazz. Pero ante todo, su honestidad y vulnerabilidad tan expuesta en la carne de la canción, generan una conexión muy emotiva. Por ello, el canadiense asegura una respuesta igualmente intensa del público. Por momento caótica, por momentos melancólica, pero lo de Mac DeMarco fue una noche redonda.

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