Minions y Monstruos: Un Pequeño Triunfo Amarillo
Las tres películas con los pequeños y simpáticos personajes salidos de Mi Villano Favorito han ido de menos a más y Minions y Monstruos es la mejor de la serie. Es un impecable y ocurrente filme familiar con referencias al cine clásico y hasta con un robot de antología.
Los minions, aquellos inquietos seres de color amarillo que empezaron como comparsas en Mi Villano Favorito (2010), tal vez hayan superado el radio de influencia del propio Gru, protagonista de la película y sus tres posteriores secuelas. No es un caso único si uno se acuerda de los populares pingüinos de Madagascar (2005), también con filme y hasta serie de televisión propias, pero lo de los cilíndricos personajes de jerga ininteligible es un real caso de estudio: ya van tres películas propias y la tercera de ellas, Minions y Monstruos (2026), es la mejor. Al revés de la norma, sus secuelas han superado a la idea original.
En esta oportunidad lo que se cuenta es una aventura ambientada en los años 20 y 30, cuando Hollywood vive su época dorada y el cine mudo está a un paso de dar a luz a las películas sonoras. La situación no puede ser más tragicómica: contratados para protagonizar filmes donde su hiperactividad los favorece, los minions son luego despedidos cuando deben hablar en pantalla y nadie entiende un carajo. Es ahí cuando su jerigonza incomprensible y su tendencia a decir burradas en escenas dramáticas los llevan a la cesantía.
Vagan a sol y sombra, con lluvia o con 40 grados por las calles de Los Ángeles, hasta que uno de los nuevos minions, James, decide darle cauce a su inagotable creatividad y filmar su propia película de monstruos, género que en los años 30 la Universal llevó a la gloria. Esta criatura de tres cabellos y un solo ojo (como se sabe, algunos minions son cíclopes) es asesorado en el inicio por Max, bienintencionado director de cine que alguna vez los tuvo bajo contrato.
Básicamente Minions y Monstruos se mueve en dos niveles. Uno es el que tributa a la artesanía de hacer el cine al viejo estilo y el otro es el que cuenta la habitual aventura con efectos desenfrenados. El primer campo, que es más o menos la primera parte de la película, es el mejor, con muchos guiños al cine clásico (desde Casablanca a El Ciudadano Kane) y a las figuras de los pioneros del cine americano venidos de Centroeuropa (Max puede ser una referencia a Max Ophüls).
Acá también aparece un personaje que parece sacado de otra historia y que bien podría dar para una película aparte. Es Dort, enclenque robot alienígena inspirado en el Gort del clásico El Día que Paralizaron la Tierra (1951). Intimidado por tres bravucones en un callejón perdido, Dort logra salir victorioso del reto, no sin ser ayudado por un grupo de minions, que alejados de su compañero cineasta, tienen sus propias peripecias en la capital del cine.
La película dirigida y escrita por el francés Pierre Coffin, que como siempre en estas series pone además las voces a los pequeñuelos amarillos, maneja con destreza las diversas alusiones y multiplicidad de personajes. Aquello es sorprendente, aunque es inevitable que desde un momento determinado todo confluya en estandarizadas escenas comandadas por sólo los monstruos (dos grandulones y un pequeñín travieso) y los minions, fórmula vista miles de veces en el cine de animación.
Lo mejor es que todas aquellas alusiones, homenajes y guiños al viejo cine de entretención parecen hechas con honestidad, apego al oficio y sin cinismo ni intelectualizaciones. Minions y Monstruos jamás trata de disfrazarse de lo que no es para ser mejor a la media. Por el contrario, gana en el propio terreno del cine familiar, apelando a la creatividad y los golpes nobles.
Lo último
Lo más leído
4.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE