Pedro Muñoz, el villano de La Misteriosa Mirada del Flamenco: “Muchas veces la gente me dice que odia mi personaje”
Dueño de una destacada carrera junto a la compañía de teatro La Resentida, el actor consiguió un rol preponderante en la película de Diego Céspedes que triunfó en el Festival de Cannes 2025. Aquí habla con Culto sobre el impacto de la cinta nacional –que hoy llega a la plataforma Mubi– y sus primeros pasos en el mundo audiovisual, que incluye un personaje en La Perra, de Dominga Sotomayor.
Pedro Muñoz (Viña del Mar, 1984) opta por un ejercicio propio de muchos actores: cada vez que participa en un casting –un proceso que de por sí no disfruta y trata de evitar–, se olvida por completo de la posibilidad de ser seleccionado. De ese modo, las ansias quedan a un lado y cualquier buena noticia es una total sorpresa.
A fines de 2023, el director de casting Roberto Matus lo contactó para informarle que había avanzado en el proceso de postulación del primer largometraje de Diego Céspedes y que el director estaba interesado en conocerlo antes de cerrar su incorporación. El realizador sólo tenía una pregunta: si estaría dispuesto a bajar considerablemente de peso.
“Le había gustado mucho mi casting, pero quería un cuerpo enfermo”, recuerda en entrevista con Culto. Matus le había hablado muy bien de esa cinta en preparación, una película ambientada a inicios de los 80 que aborda la crisis del Sida desde una perspectiva íntima y entrañable, por lo que aceptó la solicitud. Con el acompañamiento médico de rigor, Muñoz tuvo cuatro meses para bajar de 74 a 58 kilos.
Ahora, a un año del triunfal estreno de La misteriosa mirada del flamenco en el Festival de Cannes –y a las puertas de su llegada a la plataforma Mubi, este viernes 12–, concluye: “Valió la pena, absolutamente”.
Muñoz nunca había actuado en cine. Gran parte de su carrera la ha dedicado a la compañía teatral La Resentida, con la que ha girado por Chile y por cerca de 40 países. Según detalla, entre que aceptó hacer el filme y comenzó el rodaje, en mayo de 2024, despejó su agenda e hizo únicamente una función de teatro que tenía programada con anticipación.
“Yo estaba muy enfocado en este proyecto. No quería hacer nada más. Era mi primera película y quería hacerla bien”, sostiene, junto con subrayar: “Lo mejor de la película fue el proceso, donde todos estuvimos aprendiendo de todos”.
“Hay algo que nos frena y no nos permite buscar nuevos rostros en el audiovisual chileno. Hay mucho talento y muchos de ellos están haciendo teatro desde hace tiempo. A mí me sorprende que esta haya sido la primera película de Pedro, porque es sensible y deja el alma en el proyecto. Me parece increíble que no lo hayan llamado antes”, declara Céspedes desde Francia.
El director asegura que de inmediato pensó en que él era la persona idónea para encarnar a Yovani, el hombre enfermo que reaparece y cambia para siempre los destinos de Flamenco (Matías Catalán), Lidia (Tamara Cortés) y la familia queer de la cantina de la historia, emergiendo como el principal villano. “Tiene unos ojos que transmiten mucho, un corazón que quiere decir mucho, y un rostro y una energía fascinantes. Creo que eso lo distingue del resto”, destaca Céspedes.
Por su parte, Muñoz indica: “Yovani estaba muy bien definido en el guión. Creo que Diego lo tenía muy claro, y eso me hizo el trabajo más fácil. Como dice la Mamá Boa (interpretada por la actriz Paula Dinamarca), él es una bestia que no sabe amar”.
Y profundiza: “El Diego es un director que te da toda la confianza y la libertad para proponer lo que uno quiere como actor. Te hace sentir como en casa. Yo lo admiro mucho y lo respeto mucho. Encuentro que es un pequeño gran genio. Y además tuve la fortuna de estar con la (directora de actores) Claudia Cabezas en el set, en el proceso. Ella también fue fundamental para encontrar el tono cinematográfico que yo desconocía absolutamente. Siento que todo actor o actriz debiese tener una Claudia Cabezas al lado”.
-¿Cuán pronto identificó que Yovani era el villano de la historia? ¿Le resulta cómodo hablar de él de ese modo?
Sí, era el villano. Estaba posicionado de ese modo. Pero como actor, para poder encarnarlo, tengo que quererlo. Tengo que empatizar con él, por más que esté completamente en contra de las acciones que pueda hacer. Para mí era un animalito que estaba con miedo, que no reaccionaba, sino que pensaba desde la guata. Uno puede ir por la vida pensando desde la guata, pero estás a un paso de provocar un desastre, que es lo que ocurre en la película.
-¿Intentó ir más allá de lo que establecía el guión?
Claro, uno va echando cosas en el canasto como actor y que te van sirviendo, por más que no estén instaladas en la historia. Me sirvió mucho también adelgazar, porque implicaba habitar el personaje con otro cuerpo. Me sentía otra persona. Y se van descubriendo diferentes cosas que quizá no están en el texto, sino que las vas descrubiendo en la acción. También uno va construyendo junto a tus compañeros y lo que ellos te van entregando. En este caso con el Mati (Catalán), que era mi principal compañero. Ese fue un proceso lindo.
-¿Cuántas veces ha visto la película?
Unas ocho o diez veces. Casi siempre en salas.
-¿Qué le llama la atención del modo en que el público responde ante Yovani?
Como la he visto tantas veces, siempre se producen diferentes cosas. Creo que me costó entrar a evaluar la historia misma, porque al principio estaba un poco más preocupado de lo técnico, que es lógico. Era mi primera película y estaba pendiente de las cosas que me gustaron. Muchas veces la gente me dice que lo odia. A mí me cuesta odiarlo. Uno jamás va a avalar que mate a uno de los personajes principales. Pero yo lo veo tan cargado de dolor, con tanta ignorancia, tanto miedo, tanta soledad… Es un personaje muy solo. Me cuesta un poco distanciarme de eso. Para nada lo voy a justificar, pero siento que una persona así de solitaria lo que menos hace es llevar todo por el filtro de la razón. Actúa desde las pocas herramientas que tiene. Sí, es una bestia, pero por algún motivo yo siempre al final de la película termino empatizando con él.
De Cannes a La Perra
Pedro Muñoz fue parte del equipo de La misteriosa mirada del flamenco que viajó a Francia al estreno mundial de La misteriosa mirada del flamenco en el Festival de Cannes 2025, donde el filme se apoderó del principal premio de la sección Un Certain Regard.
Varios meses después, en marzo de 2026, asistió a la ceremonia de los Goya a la que la cinta llegó como nominada al galardón a Mejor película iberoamericana. El actor aún se asombra con el exitoso recorrido de la ópera prima de Diego Céspedes. “Hacer la película ya era una experiencia para atesorar. Todo lo otro ha sido inesperado”, apunta.
En el intertanto, mientras el largometraje seguía viajando por el mundo durante la segunda mitad de 2025, fue convocado a asumir un rol secundario en La perra, la película de Dominga Sotomayor basada en la novela de la autora colombiana Pilar Quintana. Allí se pone en la piel de uno de los amigos del personaje de David Gaete, el esposo de la protagonista, Silvia (Manuela Oyarzún).
Esta vez, celebra, no tuvo que pasar por ningún casting. “Para mí significó sumar más horas de vuelo y seguir aprendiendo”, expresa.
El lanzamiento de esa producción en el Festival de Cannes 2026 –en la Quincena de Cineastas– le permitió conseguir un hito al alcance de muy pocos: sus dos primeros largometrajes tuvieron su debut en la principal vitrina del cine mundial. Y, de acuerdo con lo que manifiesta, va por más en el audiovisual.
-¿Cuáles son los tipos de personajes que más le atraen y le gusta interpretar?
Con la compañía de teatro lo que más hacemos no son personajes tan definidos o que empiecen de una manera y terminen de otra. Es un teatro más desordenado, más desarticulado, más chasconeado. Pero este personaje en particular, un villano, siento que es muy atractivo. Son buenos los personajes que están chocando con el resto. Es un desafío. Generan una avalancha y uno debe empezar a entrar en la historia desde un lugar adverso. Me encantaría que fueran saliendo más cosas con esa textura.
-¿A qué atribuye que nunca haya hecho cine? ¿Fue algo natural o cree que hay un motivo más específico?
Yo creo que es un poco de las dos. Es natural, porque nunca había tenido la posibilidad. Pero también mi trabajo principal, desde hace casi 20 años, es con la compañía de teatro, donde he formado una familia teatral. Pero me encantó, quiero seguir haciendo más. Esta primera vez en el cine fue muy hermosa y muy vertiginosa.
Ese anhelo de a poco se empieza a materializar. Muñoz es parte de Cartas de amor a la Fábrica Millenium, el cortometraje que Diego Céspedes filmó en abril de este año y que se estrenará en 2027. En ese proyecto no sólo se reunió con el director de La misteriosa mirada del flamenco, sino que con parte del elenco –Paula Dinamarca, Serena González– y con Claudia Cabezas.
“Creo que uno tiene que agradecer las invitaciones, pero también aplicar una curatoría personal, un filtro –advierte–. Porque tengo un espacio de cobijo, y que amo, que es mi compañía de teatro”.
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