Robert Powell: “Jesús de Nazaret ha perdurado 50 años y espero que perdure mucho más allá de mí”
“Yo no hice nada. Simplemente existí para la cámara”, dice el actor inglés al recordar la icónica miniserie de Franco Zeffirelli, que comienza las celebraciones de su medio siglo de existencia. Reconocido con un premio a la trayectoria en Italia, en esta entrevista con Culto detalla su reticencia inicial a aceptar el rol principal de ese proyecto y detalla una desconocida visita a Chile en 2012.
Robert Powell (Salford, 1944) dice que ha buscado a lo largo de toda su carrera ser un actor de gestos mínimos. Es un artista convencido de que en su profesión a menor grandilocuencia, mayor efectividad y mayor calado en el público. Ha practicado esa técnica en los últimos 60 años en teatro, cine y televisión, y mal no le ha ido. Más bien, todo lo contrario.
“Para mí actuar se trata de definiciones muy pequeñas de la verdad. No se trata de agitar los brazos”, indica a Culto a través de videollamada. Desde Rimini, en la costa adriática de Italia, cuenta que trató de elaborar una broma cuando se enteró de que recibiría un premio a la trayectoria llamado Maximo Excellence Award.
“Para mí como actor sería más apropiado que fuera ‘Minimal’ (minimalista)”, asegura. “Me encanta la idea de un ‘Maximo’, pero estaba haciendo un chiste sobre que en mi vida y en mi carrera opero como un minimalista”.
Lo concreto es que los organizadores de la edición 2026 de Italian Global Series seleccionaron a Powell como uno de las personalidades destinatarias de un galardón que “reconoce la profesionalidad, el talento y la pasión que durante mucho tiempo han distinguido el trabajo de actores, guionistas, productores ejecutivos y directores”. Algunas de las otras figuras elegidas fueron el guionista Carlton Cuse (Lost), la actriz Natasha Lyonne (Muñeca rusa) y el actor Titus Welliver (Bosch).
Esa instancia fue el marco escogido para iniciar las celebraciones por el 50° aniversario de Jesús de Nazaret, la producción que provocó que el actor inglés se convirtiera en una figura de alcance global. Con la miniserie de Franco Zeffirelli le ocurrió lo que ocurre cuando el personaje es abrumadoramente más célebre que el intérprete: se transformó en un ícono, la clase de figura que ha logrado trascender generaciones, modas y formatos. En esta entrevista, de hecho, revela que lo siguen reconociendo en el extranjero (incluso en Chile, donde realizó una desconocida visita hace cerca de una década).
Pero curiosamente en un comienzo quiso huir del desafío propuesto por el cineasta italiano. “Para serte sincero, me parecía imposible que un actor interpretara a Cristo. Es algo que escapa al alcance humano”, sostiene.
¿Qué sucedió para que finalmente su disposición cambiara? Muchas cosas –la historia cuenta que en un comienzo audicionó para asumir el rol de Judas–; tantas, que describe el proceso como “fascinante” y “dice mucho sobre cómo funcionan el cine y la televisión, y cómo trabajan los productores, directores y cineastas”. En ese relato una figura emerge con mayor preponderancia que otras: el dramaturgo británico de origen checo Tom Stoppard, con quien en esa época estaba haciendo la obra Travesties.
“Después de varias semanas de idas y venidas y pruebas, finalmente dijeron: nos gustaría que lo hicieras. No respondí durante una semana, porque realmente no quería hacerlo (...) Yo estaba interpretando uno de los papeles principales (en Travesties). Nos mudamos de la Royal Shakespeare Company al West End, y estábamos a punto de ir a Estados Unidos, a Broadway. Así que fui a verlo cuando Franco (Zeffirelli) me preguntó si protagonizaría Jesús de Nazaret. Y le dije: lo siento mucho, pero los dos proyectos chocan, es obvio que no puedo hacer las dos. Tom (Stoppard) me dijo: ni lo pienses dos veces, mis textos y esos papeles siempre estarán, pero sólo tendrás la oportunidad de interpretar a Cristo una vez, así que tienes que hacerlo. Y me obligó a hacerlo. Así que lo hice”.
Con el empujón que le dio Stoppard, Powell terminó en Marruecos y Túnez bajo la dirección de Zeffirelli y a la cabeza de un elenco compuesto de estrellas como Anne Bancroft (como María Magdalena), James Earl Jones (Baltasar), Laurence Olivier (Nicodemo), Claudia Cardinale (la Adúltera) y Anthony Quinn (Caifás).
Una vez oficializado su fichaje, Powell se esmeró en completar una rigurosa preparación. Recuerda que leyó la Biblia, pero no encontró nada que le resultara particularmente útil. “Revisé con mucha atención los Evangelios, los cuatro, para ver si podía encontrar alguna pista sobre quién fue Cristo. Y no hay ninguna. Puedo ahorrarle mucho tiempo a mucha gente que esté pensando en acudir (a ese pasaje de la Biblia) a ver si Cristo realizó algún chiste o algo así. No, no lo hizo. No hay nada ahí que te diga algo sobre su carácter. Nada”, apunta. Sin embargo, comparte una certeza: “Él existe. Existió”.
-Su interpretación ha calado hondo en la iconografía de Jesús. ¿Hasta qué punto es consciente de que es la imagen que se tiene de Jesucristo en gran parte del mundo?
Es un papel imposible de interpretar. Para ser honesto contigo, nadie puede interpretarlo. Nadie. Cuando al inicio me preguntaron si me gustaría hacerlo, no quería hacerlo. Porque para un actor, cada vez que tienes un nuevo papel o un nuevo personaje para considerar, siempre existe la posibilidad de que puedas alcanzar la cima. Aspiras a lograr la mejor actuación. Me encantaría decir que siempre sucedió de ese modo, pero nunca sucede. El sentido de la ambición es que es algo que realmente nunca puedes alcanzar, esa es la esencia de la ambición. Que pongas tu meta tan alta para que te acerques a ella. Pero con Jesús lo máximo que podrías esperar sería a salirte con la tuya. Eso es todo lo que uno aspiraba a hacer: simplemente salirte con la suya. No sé si esa expresión existe en algún otro idioma que no sea el inglés, pero significa interpretarlo y que nadie se enoje por ello.
Luego concluye: “Bueno, nosotros, Franco (Zeffirelli) y yo trabajamos bastante duro. Trabajamos durante un año y nos salimos con la nuestra (se ríe)”.
-La televisión chilena retransmite Jesús de Nazaret cada año para Semana Santa y siempre es un fenómeno de audiencia. ¿Qué piensa de que siga teniendo éxito en lugares tan lejanos y después de tantos años?
Incluso ahora, 50 años después, cuando soy 50 años más viejo y obviamente no me parezco en nada al personaje original que interpreto –o quizá sí un poco–, me paran por la calle en lugares como Grecia y Rumania. De hecho, la gente se me acerca y me pregunta: ¿Interpretaste a Jesús? Es increíble. Ha perdurado por 50 años. Espero que perdure mucho más allá de mi muerte. Alguien creará otra versión y será igual de popular. Pero sea lo que sea, creo que la habilidad de Zeffirelli se lo pondrá difícil. Es una serie difícil de superar en cuanto a la representación de Cristo. Y eso no tiene nada que ver conmigo, porque yo no hice nada. Simplemente existí para la cámara.
-Ha mencionado a Franco Zeffirelli. ¿Recuerda la última vez que hablaron o se vieron?
Probablemente en su cumpleaños número 90. Nos mantuvimos en contacto, un contacto muy estrecho. Cuando Franco venía a Londres, siempre me las arreglaba para verlo. También junto a mi esposa, porque es el padrino de mis dos hijos. Y pasaba a visitarlo siempre que yo iba a Italia. Luego, en los últimos años, cuando él no se encontraba muy bien (de salud), hicimos un esfuerzo especial por estar a su lado. Franco es una persona muy importante en mi familia.
Fe y actuación
Mientras los padres de Robert Powell no eran particularmente religiosos, su abuelo era presbiteriano. De niño, rememora, se formó en la Escuela de Inglaterra y asistió a la escuela dominical. Reconoce que, ya adulto, durante un tiempo, “no pude conciliar la divinidad. Es simplemente incómodo”.
Hoy se considera una persona de “mente abierta” que cree que Jesús “fue un hombre extraordinario, fuera quien fuese. No es relevante si era o no el hijo de Dios, porque hay suficientes personas que creen que es el hijo de Dios como para que eso importe. Esa es la fe. La fe crea la realidad. Si crees en algo con suficiente fuerza, entonces existe”, subraya.
Mientras comparte esas reflexiones el actor recuerda que en 2017 se emitió la serie documental The real Jesus of Nazareth. Compuesta de cuatro episodios, siguió a Powell mientras recorría Tierra Santa para explorar la historia y los lugares vinculados a Cristo.
“Pasé un mes junto a un pequeño equipo de filmación, hablando con sacerdotes, biblistas, escritores y rabinos para averiguar si había pistas sobre quién fue el verdadero Jesús. Fuimos a todos los lugares en los que Jesús había estado y existido –Nazaret, Belén, Galilea–, para ver si podíamos descubrirlo hablando con la gente y viendo qué decían. Y llegamos a una respuesta sencilla: no importa quién fue, porque suficiente gente cree que estuvo allí y existió; por lo tanto, ipso facto, estuvo allí. Jesús es quien tú quieres que sea”.
Después realiza una conexión con la icónica producción de 1977: “Eso fue lo que descubrí, y es lo único que Franco (Zeffirelli) y yo utilizamos cuando lo estábamos preparando, cuando pensaba en cómo encontrar una manera de representar a Cristo. Llegamos a la conclusión definitiva de que la mejor manera de interpretarlo era no hacer nada. Absolutamente nada. No ofrecer ninguna peculiaridad, ningún gesto, nada, ninguna rareza, porque por cada persona que admirara la técnica actoral, habría otra que diría: ese no es mi Jesús. Así que lo dejamos como un lienzo en blanco, y la gente lo veía y veía a quien quería ver, porque de mi parte no había ninguna interferencia. No usaba mi personaje para nada. Así es cómo lo hicimos”.
En ese viaje por los recuerdos, entre lo profesional y lo espiritual, entre el campo actoral y la esfera más íntima, Powell anota una anécdota poco o nada conocida: a inicios de los 2010 estuvo en Sudamérica. “He estado en Chile, en el Desierto de Atacama”, asegura.
“Es una larga historia. Trabajé para (la línea de cruceros) Cunard. Les hice un favor y grabé la voz para muchos videos cuando lanzaron dos de sus barcos. A cambio, me dijeron: nos gustaría recompensarte por tu generosidad. Y yo pregunté de qué manera. Y me respondieron: nos gustaría regalarte un crucero. Y yo pregunté: ¿Dónde?. Y me dijeron: pues, donde quieras. En fin, así empezó todo. Increíblemente, fuimos al Mar Negro. Esto fue alrededor de 2012, dos años antes de que Putin invadiera Crimea. Y ahora el Mar Negro está cerrado. En realidad estuve en la Escalera Potemkin. Hice todo eso justo antes de que el mundo entero se paralizara. Pero Chile fue maravilloso. Hice un crucero por Sudamérica”.
-¿Cómo describiría su relación actual con la actuación?
¿Con la actuación? Es lo que soy. Es todo lo que soy, para serte totalmente sincero. Es lo que me define. Soy un artista. Actúo, interpreto, y sigo haciéndolo. Ya no trabajo en teatro, porque decidí dejar de hacerlo. Fue por la tensión que generan los estrenos. La noche en que presentas una obra en un teatro es algo que me ha atormentado durante toda mi vida. Tuve un amigo muy cercano, más joven que yo, que sufrió un infarto dos días antes de su estreno. Su hijo dijo que fue producto del estrés. Así que le comenté a mi esposa: creo que ha llegado el momento de reducir un poco el estrés en mi vida, puedo prescindir de él. Sigo trabajando, pero... El asunto es que llevo tanto tiempo en esto que hay muy poco que no haya hecho en cuanto a experimentar con el estilo o lo que sea.
El actor detalla que se dedica a las lecturas dramatizadas de Charles Dickens, Jane Austen, Rudyard Kipling y otros autores de renombre. El proyecto que lo mantiene ocupado –y entusiasmado– se titula It’s all Greek. Estrenada en 2025, es una lectura dramatizada que lo reúne con el director David Stuttard y la nonagenaria actriz Siân Phillips.
“Es sobre los griegos. Es sobre la poesía, es sobre el amor, es sobre la guerra. Ella y yo nos llevamos muy bien. Y al público parece encantarle. Así que eso significa que siempre tengo algo que hacer. Pero ya no tengo la misma energía que antes. Tengo artritis en las caderas. Eso no facilita mucho las cosas”.
Los organizadores del festival italiano al que asiste le recuerdan que debe volver a sus actividades, por lo que sólo resta tiempo para las despedidas de rigor. Y quizá para una última pregunta. ¿Alguien lo reconoció cuando estuvo en el Desierto de Atacama hace 14 años? “Sí”, responde, de manera escueta, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Lo último
Lo más leído
4.
5.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE