Toy Story 5: El Regreso de los Juguetes Renegados
Justo al inicio de las vacaciones de invierno se estrena Toy Story 5, la nueva secuela de una saga que tal como lo proclamara Buzz Lightyear hace 31 años no teme ir "al infinito y más allá". Los juguetes, ahora liderados por la vaquera Jessie, gozan de mejor salud que nunca y desde ya este episodio e ubica entre los mejores.
Vuelven los juguetes de antaño, con ya 31 años en sus cansadas espaldas desde la Toy Story original de 1995, con más abolladuras que nunca y las etiquetas de color menguante. El vaquero Woody carga una incipiente tonsura en la corona de su cabeza, Buzz Lightyear quiere ser un hombre de familia y tal vez la única que conserva algo de la impetuosidad inicial es Jessie, la muñeca cowboy que en rigor comenzó a galopar con el resto desde Toy Story 2 (1999).
Ella es la protagonista, junto a la niña Bonnie, de Toy Story 5, una secuela que es superior a la cuarta parte, recuperando en buena parte la calidez y emoción de los tres primeros episodios, con el tercero como el incuestionable rey. La única flaqueza en esta ocasión, si es que se puede considerar como tal, es la ausencia de un villano de proporciones, al estilo del diabólico Sid Phillips o de los sucesivos juguetes Stinky Pete, Lotso y Gabby Gabby.
Es probable que la calidad de esta quinta parte tenga que ver con el retorno como director de Andrew Stanton, responsable de Buscando a Nemo (2003) y Wall-E (2008), dos de las mejores películas de la era dorada de los estudios Pixar, la que abarcó la primera década del siglo y donde también se incluyen Ratatouille (2007) y Los Increíbles (2004), de Brad Bird, y Up (2009) y Monsters Inc. (2001), de Pete Docter. La guinda de aquella irrepetible torta sería la ya mencionada Toy Story 3 (2010), de Lee Unkrich.
Pero vamos el presente y el ahora: Toy Story 5 tiene ciertos puntos en común con El Diablo Viste a la Moda 2, en la medida que aborda la precarización de la vida, las costumbres y el trabajo ante la irrupción de la era digital. En la más que secuela de la cinta con Meryl Streep, el magullado periodismo de papel era engullido por el bombardeo de las redes sociales y de la desinformación.
En Toy Story 5, tratándose de una cinta familiar, el acento está puesto en la dificultad para hacer amigos en un universo mediatizado por las pantallas e internet. Si un muchacho ya no presta atención a los seres de carne y hueso en el colegio o en el barrio, que se puede esperar para los juguetes.
En este terreno de desolación conviven los cachivaches y chiches de Bonnie, una niña tímida que aún se divierte con Jessie, Tiro al Blanco y el dinosaurio verde Rex, pero que no tiene amigos en el colegio. Sus compañeros la ven como un bicho raro y es en esa instancia que sus padres deciden regalarle una tablet de juguete llamada Lilypad. Tal vez esta “normalización” le permita entrar en la misma esfera que el niño promedio nativo digital que la rodea.
Hay algo de prédica y pontificación en esta tesis narrativa, pero como la gente de Pixar sabe que lo mejor es practicar en vez de predicar, las aventuras pronto comienzan a desarrollarse. No hay mejor manera de ensalzar la superioridad de los amigos de verdad y de los juguetes de trapo y plástico ponerlos a protagonizar una buena historia.
Esa trama acá es sazonada por otros personajes como un muy simpático dispositivo para ir al baño, una cámara digital de juguete y un viejo GPS infantil, irónicos remanentes de una tecnología en desuso y que hoy también integran el baúl de los juguetes perdidos.
Además aparece una nueva niña protagonista llamada Blaze, su amigable cerdito mascota y otra serie de desvencijados aparatos, muñecos y figuras que buscan plantarle buena cara al olvido humano.
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