Francia pasa la aplanadora y se convierte en nuevo campeón del mundo

Foto: Reuters.

Los galos se impusieron 4-2 a Croacia y se quedaron con el trofeo por segunda vez en su historia. Didier Deschamps se convirtió en el tercer potagonista en levantar la Copa primero como jugador y ahora como entrenador.



La ficha: Fra-Cro (4-2)

Francia: Lloris; Pavard, Varane, Umtiti, Hernández; Pogba, Kanté (54’, N’Zonzi), Matuidi (73’, Tolisso); Mbappé, Giroud (81’, Fekir), Griezmann . DT: D. Deschamps.

Croacia: Subasic; Vrsaljco, Vida, Lovren, Strinic (81′, Pjaca); Brozovic , Rakitic; Modric; Rebic (71′, Kramaric), Mandzukic y Perisic. DT: Z. Dalic.

Goles: 1-0, 18’, Mandzukic cabecea en contra de su arco tras un tiro de esquina de Griezmann; 1-1, 29’, Perisic saca un zurdazo cruzado a la entrada del área, que roza levemente en Varane; 2-1, 38′, Griezmann convierte de penal tras una mano de Perisic sancionada a través del VAR; 3-1′, 59′, Pogba clava un zurdazo pegado al palo desde la medialuna; 4-1, 65′, Mbappé saca remate cruzado que supera a Subasic; 4-2, 69′, Mandzukic se aprovecha de un error grosero de Lloris y convierte con el arco descubierto .

Árbitro: N. Pitana (Arg). Amonestó a Kanté (Fra), Dembelé, Hazard, Alderweireld, Vertonghen (Bel).

Estadio Luzhniki de Moscú. Asistieron 64.286 espectadores.


Francia vuelve al olimpo del fútbol. Con justicia. Con la mezcla perfecta de juego y carácter. De la mano de una generación dorada que conoció de un sonoro fracaso, como perder la Eurocopa en casa hace dos años, para ponerse de pie y cobrarse revancha en el mayor escenario. Sin demasiado vuelo futbolístico por algunos pasajes del torneo, pero con individualidades que resuelven las situaciones más incómodas, como se las planteó Croacia en la final. Con jóvenes, liderados por el indescifrable Mbappé, dispuestos a comerse a cuanto rival se le plante enfrente. Y con un técnico que ya sabía como ganar una definición de este tipo como jugador. Un cóctel perfecto para acariciar por segunda vez en su historia la Copa del Mundo tras el 4-2 sobre el equipo balcánico. Si le faltaba una última prueba, volteó al cuadro de Modric y compañía. Ni más ni menos.

Fue el mejor equipo de todo el Mundial. Sin duda. Quizás sin el brillo excesivo que marcaba la presencia de tantas figuras en su plantel, pero con la capacidad para resolver todos los problemas que se le presentaron. Como lo hizo por largos momentos Croacia, que disimuló el evidente cansacio acarreado por tantos tiempos suplementarios con un coraje a prueba de todo. Y a partir de ese enorme amor propio quiso llevarse por delante la final. Presionando arriba con Modric como bandera y Perisic como su mejor alumno. Lo acorraló al seleccionado galo a pura intensidad y deseo de comerse la final.

Francia, que tiene como gran virtud acomodarse rápidamente a las circunstancias, asumió que no había que arriesgar demasiado, más allá de la cuenta. Posicionó a Pogba y Kanté bien cerca de los centrales para no permitir segundos balones en los innumerables centros que llegaban desde los costados en el arranque del partido. Y, por supuesto, aguardar alguna pelota parada que les diera respiro en campo rival y encontrar, como a lo largo de todos los últimos partidos, una solución goleadora.

Si algo tuvo de positivo el combinado de Deschamps, entre muchas otras facetas del juego, en las fases decisivas del Mundial fue la capacidad de encontrar oro en cada balón detenido. Lo padecieron Uruguay y Bélgica. Y por más advertencia que recibió Croacia, en la final otra vez Francia encontró su premio con este argumento. Un centro de Griezmann, tras una falta inexistente que cobró Pitana justamente en contra del extremo, encontró la cabeza de Mandzukic, quien para mala fortuna la metió en su propio arco. Sin todavía pisar el área de Subasic, el cuadro galo abría la cuenta y ponía contra las cuerdas a Croacia.

Para cualquier equipo, un golpe de estas características suponía una situación más que desalentadora. Sobre todo, tomando en cuenta el desgaste que arrastraba el equipo. Pero Croacia no conoce de límites. Ni de cansancio físico ni mental. Siguió de pie, al punto de encontrar la igualdad a pura guapeza, con esa bandera de la personalidad futbolística personificada en Perisic. El volante del Inter de Milán sacó un zurdazo cruzado en medio de muchos defensores galos para batir a Lloris.

La final volvía a fojas cero. Con Croacia dejando la vida. Y Francia agazapado, aguardando la aparición de alguna individualidad. O de la bendita pelota parada. Justamente, tras un tiro de esquina de Griezmann, Perisic desvió el balón con la mano. Pitana se hizo el desentendido en un comienzo, pero el VAR determinaría la sanción desde los 12 pasos. El propio jugador del Atlético Madrid transformaría la pena en gol. Otra vez en ventaja el cuadro de Deschamps. Eso sí, para nunca más mirar atrás.

Porque más allá de que Croacia siguió luchando, en el segundo tiempo sí apareció todo el poderío galo. Con Griezmann como líder y sus dos más fieles escuderos, como Pogba y Mbappé. Ambos, con una capacidad de resolución brillante, estiraron la ventaja de Francia. Y ahí sí que se terminó al final. Ni todo el amor propio de Croacia sería capaz de arrebatarles el trofeo a los franceses, más allá del horror de Lloris que aprovechó Mandzukic para acortar la distancia y de paso sacarle al ariete el mal sabor de boca por el autogol.

Si tenía alguna deuda Francia, la pagó con creces en esta Copa del Mundo. La herida de la Eurocopa perdida hace dos años cicatrizó de la mejor manera. Con un grupo de chicos que no solo conquistaron el Mundo en Rusia. Parecen apuntados a ser los dueños del mundo por mucho tiempo. El fútbol casi siempre es justo. Y esta vez lo fue. Premió al mejor. Sin duda.

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